La Plata – Christian Von Wernich, el ex capellán de la temible Policía Bonaerense que comandó el general Ramón Camps, fue sentenciado esta noche a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura militar en la Argentina.
Así lo dictaminó el Tribunal Oral 1 de La Plata presidido por el juez Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Isaurralde, quienes encontraron al religioso culpable de todos los delitos por los cuales se lo juzgaba, incluyendo siete homicidios, 31 caso de torturas y 42 privaciones ilegales.
Von Wernich
es el primer sacerdote de la Iglesia Católica condenado en un juicio oral y
público por crímenes de lesa humanidad. La Iglesia Católica envió esta noche
un comunicado en el que
manifiesta su conmoción por la participación de un cura en delitos de lesa humanidad.
El ex capellán deberá cumplir su condena de 50 años en el
penal de Marcos Paz, ubicado en la provincia de Buenos Aires. Aunque debido a que
el año que viene cumple 70 años podría solicitar el pedido de
arresto domiciliario.
La sentencia fue emitida por los mismos jueces que condenaron a reclusión perpetua al ex Director de Investigaciones de la Policía Bonaerense, Miguel Etchecolatz. El principal testigo de aquel proceso judicial, Jorge Julio López, permanece desaparecido desde hace un año, cuando finalizó su declaración en el recinto donde hoy fue celebrado el fallo contra el cura.
Tras conocerse el veredicto, decenas de manifestantes de distintas organizaciones de Derechos Humanos que aguardaban fuera del recinto estallaron en gritos y aplausos de euforia con la que celebraron el fallo.
Durante la lectura,
Von Wernich mantuvo la calma y sólo intercambió algunas palabras con sus abogados
defensores. El cura,
fue ingresado al recinto esposado y antes de ubicarse en su silla le liberaron las
manos.
Apenas una hora antes de la lectura, todos los funcionarios y empleados del edificio del tribunal tuvieron que ser desalojados por una amenaza de bomba anónima recibida en la línea 911y que resultó falsa.
Von Wernich fue
juzgado durante más de tres meses y con la presencia de un centenar de testigos.
Al ex capellán se le imputó la coautoría en los homicidios calificados de
Domingo Moncalvillo, María del Carmen Morettini, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer,
Pablo Mainer, Liliana Galarza y Nilda Salomone, secuestrados y asesinados durante la
dictadura.
Durante el juicio, algunos testigos remarcaron que el ex capellán instaba a los detenidos a que dieran información a sus torturadores “en beneficio de dios y de la patria” y para mejorar su condición de alojamiento, como relataron Julio César y Carlos Enrique Miralles, quienes fueron secuestrados en 1977 por fuerzas represivas de la dictadura.
Las querellas y la fiscalía habían pedido, con distintos matices jurídicos, la prisión y reclusión perpetua del primer sacerdote de la iglesia católica juzgado oral y públicamente por delitos de lesa humanidad. En casi tres horas de alegato, la fiscalía general, que encabezan Carlos Dulau Dumm y Felix Crous, pidió ayer la pena de reclusión perpetua para Von Wernich.
Las últimas palabras del cura. El ex capellán y mano derecha del general
Camps intentó autoexculparse al asegurar que
“en 2000 años de historia, ningún sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana
violó los sacramentos”.
Al ejercer su derecho a pronunciar unas últimas palabras antes del veredicto, el sacerdote hizo una suerte de sermón litúrgico con citas bíblicas e instó a ganar “la paz con reconciliación en la verdad”.
El ex cura también cuestionó a los sobrevivientes que atestiguaron contra él durante el juicio, asegurando que “el testigo falso es el demonio porque en él está la malicia, no está la verdad, está preñado de malicia concibiendo la maldad”.
Cuando el religioso tomó la palabra, grupos de organismos de derechos humanos
intentaron abandonar la sala, pero vieron frustrada la intención cuando les fue advertido que si
hacían eso no iban a poder regresar para la lectura del veredicto.
Poco antes, la defensa del ex capellán leyó su alegato y pidió su “absolución” por considerar que no se había probado “las manifestaciones para arribar a un veredicto condenatorio”.
El abogado defensor
Juan Martín Cerolini al fundamentar este pedido: “Son más las dudas que han
quedado planteadas que las certezas a las que pueda arribar este tribunal”.
La defensa había afirmado que el juicio contra el sacerdote
“viola el principio de igualdad ante la ley, como los juicios de
Nüremberg” y que el cura fue acusado en base a "testimonios livianos”.
Cerolini entendió que este tipo de juicios "está orientado a preferir acusados
de relieve que puedan dar relavancia periodística a la investigación, independientemente del grado
de participación que hayan tenido o no en algún tipo de delito".
El defensor dedicó una parte de su alegato a sugerir que un fallo contra Von Wernich podía estar
condicionado o implicar prejuzgamiento por el hecho de que
"el Presidente (Néstor Kirchner) haya exigido una condena ejemplificadora".
Y agregó: “El señor Presidente mantuvo cercanía indisimulable con las
víctimas de la represión estatal pero nunca expresó cercanía o preocupación por aquellos deudos o
sobreviviventes de ataques terroristas”.
"Muchos testigos echaron a perder todo lo que sabían con todo lo que creían saber", aseguró
Cerloni en un tramo de su alegato, cuando rechazó las imputaciones contra Von Wernich por el caso
del secuestro y torturas sufridas por
Jacobo Timerman, y por la desaparición de los jóvenes conocidos como el "grupo de
los siete", detenidos en la
Brigada de Investigaciones de La Plata.
Cerolini aseguró que su defendido "prestaba servicios sacramentales como capellán de la policía" a las personas detenidas durante la dictadura y dijo que esa actividad le permitía al sacerdote "entrar libremente a los centros de detención y comisarías".
"La tarea de Von Wernich era ordenada por el capellán general y en consecuencia podía entrar y salir sin el contralor de nadie", explicó el abogado defensor Cerolini al tribunal en su alegato.
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