“En una casa donde hay alguien con algún defecto físico y mucho orgullo,
todos juegan a ignorarlo, empezando por el enfermo, o más bien se hacen los que no
saben que el otro sabe”, escribió Julio Cortázar en su cuento
El final del Juego y esa frase condensa el espíritu de
“La única manera (de contar esta historia es con mandarinas)”, la obra
de teatro basada en la adaptación libre de ese mismo texto.
En un espacio austero que bien podría ser un cuarto o el patio de una casa,
tres hermanas juegan a ignorar la enfermedad. La historia se arma y desarma en un
permanente juego con la temporalidad (niñas del pasado - mujeres del presente), alrededor de un
secreto bien guardado que articula el relato y que será develado en el momento justo:
el tiempo se detuvo para una de ellas, que cree seguir siendo una nena.
Mientras
Holanda (Sabrina Gómez),
Alaska (Magdalena Grondona) y
Birmania (Ana Scannapieco) son pequeñas, el baile, la frescura, el lenguaje
inocente y colorido de la niñez se adueña de la escena y el espectador siente haber hablado y reído
así, de esa manera, con todo. Pero
cuando el presente aparece, el juego se oscurece; no obstante el buen manejo del
humor
no lo deja caer en el golpe bajo: el mejor logro del guión y la puesta en escena.
Encasillada en el rubro de comedia dramática, la obra dirigida por
Ana Lidejover y
Melisa Hermida, cuenta con buenas actuaciones, sobre todo la de Scannapieco que
interpreta a la niña enferma y logra trasmitir con plenitud el regalo y castigo de su vida.
En tanto las otras dos hermanas transitan entre el dolor, amor, encono y la culpa de sostener
con sus vidas esa historia, Birmania juega como lo hacen los personajes de los cuentos con los que
entretiene al público.
Como la fábula de la abejita a la que un hada le concede ser Cenicienta por un día y
convierte una mandarina en su carruaje. Cuando el reloj marca las 12 de la noche y el hechizo se
hace añicos, el príncipe azul no llega nunca y la abeja queda atrapada dentro de la fruta, sin
poder salir nunca más. En fin,
la única manera de contar esa historia fue con mandarinas.
Teatro “El camarín de las musas”: viernes a las 21.
Mario Bravo 960. Ciudad de Buenos Aires.
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