Cuando era un estudiante pálido y desgarbado de una escuela católica en Inglaterra,
David Yallop fue informado por las autoridades escolares que una encíclica del
Vaticano había determinado un nuevo dogma de fe sobre la vida de la Virgen María que resolvía de un
plumazo viejos debates eclesiásticos.
El carácter indiscutible de la determinación violentó la curiosidad natural de Yallop y se
grabó para siempre en su memoria. Todavía la recuerda cuando medio siglo después busca una
respuesta para la pregunta acerca de
“por qué volvió a escribir sobre el Vaticano”. En 1984, el libro
Por voluntad de Dios del periodista inglés conmovió al mundo al argumentar que
Albino Luciani, coronado como Juan Pablo I, había sido asesinado para frenar su
decisión de terminar con la corrupción del sistema financiero del Vaticano y, en particular, la
caída del
Banco Ambrosiano.
Tras investigar asesinatos seriales, el terrorismo, el lado oscuro del negocio del fútbol y
los traficantes de drogas; Yallop regresó con su último libro del Vaticano, a través de
una biografía crítica de Juan Pablo II llamada
El Poder y la Gloria.
A lo largo de sus páginas, el autor denuncia cuentas secretas de dinero proveniente del
delito, vínculos con las dictaduras latinoamericanas, hostigamiento a los disidentes y describe a
un Papa convertido en un experto de la lógica de los medios masivos de comunicación.
Yallop asegura que el nuevo libro le valió más “ataques” que el anterior, pero
asegura que sus detractores muestran menos argumentos “fácticos” para defender sus
críticas.
—¿Por qué decidió volver a escribir sobre el Vaticano?
—Cuando Juan Pablo II se convirtió en Papa prometió seguir con la agenda
trazada por Juan Pablo I. Pero destruyó el programa de su antecesor y permitió que continuara la
corrupción que Juan Pablo I se había propuesto eliminar. En 1981, Mehmet Ali Agca intentó asesinar
a Juan Pablo II. El Papa dijo que había sido salvado por una intervención milagrosa. Más allá de
las creencias religiosas, si uno observa la distancia desde la cual disparó Agca y la diferencia
milimétrica que separó a la bala de los órganos vitales, se llega a la conclusión que realmente
salvó su vida por milagro. La situación lo enfrentó con su condición de mortal, fue un momento
crítico y me interesó saber si la experiencia podía cambiar el curso de sus decisiones. Pero no lo
hizo. Siguió adelante con la intolerancia, la homofobia, la aceptación de un sistema bancario
corrupto. Entonces me pareció, entrada la década del noventa, que era necesario desmitificar la
imagen que se había presentado al público. Existían muchísimas biografías y ninguna crítica o
equilibrada. El Papa era presentado como una persona perfecta, desde la niñez a la adultez. Y luego
como un Papa infalible. Y yo tenía las evidencias iniciales de que la realidad era diferente.
—¿El manejo financiero que salió a la luz dos décadas atrás con el escándalo del
Banco Ambrosiano cambió o se mantiene igual?
—Se mantiene. En el presente hay causas judiciales relacionadas con el dinero
del Vaticano. Una involucra, por ejemplo, a un empresario norteamericano, Martin Frankel, que
trabajaba con compañías de seguros en Wall Street. Tomaba de un lado y de otro, robaba. En cinco
diferentes estados de los Estados Unidos, en este momento, hay denuncias contra el Vaticano que lo
acusan de participar de la defraudación. Y el Vaticano responde “nosotros no tenemos nada que
ver”. Pero si tiene que ver. Ellos dicen que nunca se dan cuenta. Tampoco se daban cuenta del
Banco Ambrosiano. Otro caso es el dinero de las familias de la mafia, que todavía lavan dinero en
el Banco del Vaticano. Y tal vez es dinero que proviene del narcotráfico, la prostitución u otros
negocios del crimen organizado. En su estatuto, el Banco del Vaticano establece que su objetivo es
la asistencia para fundaciones religiosas. Pero la última vez que verifiqué, en el Banco del
Vaticano había 13 mil cuentas bancarias. Pero sólo dos mil era para fundaciones religiosas. El
resto eran de políticos italianos, periodistas y de otra clase de persona que busca lavar dinero u
ocultarlo.
—Usted fue cuestionado desde la Iglesia por criticar a una persona que
murió.
—En realidad, el libro lo comencé tiempo antes de la muerte de Juan Pablo II. De hecho,
si hubiera vivido unos pocos meses más lo hubiera visto publicado. Además, ya lo había criticado enPor voluntad de Dios, y todavía vivía. Pero esta mañana, cuando me bañaba, recordé una
frase de Voltaire: "A los vivos les debemos respeto; pero a los muertos sólo les debemos la
verdad".
Fuente:
DyN
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