Revelador testimonio en el nuevo número de la revista Noticias  

La verdad sobre Max Higgins, contada por su esposa

Tras denunciarlo por violencia doméstica, infidelidad y abandono de su hija recién nacida, la esposa argentina del jamaiquino que prometió un Disneyworld criollo cuenta todo y ataca: "Nos vendió a todos un buzón".

Foto: CeDOC

Dice que maneja miles de millones de dólares. Sin embargo, hace apenas un año, Emile Maxim St. Patrick Higgins, el jamaiquino que intentó montar un Disneyworld "trucho" en San Pedro, viajaba apretujado en el subte A y vivía de fiado en una pensión de San Telmo. Así lo reveló a la revista Noticias su esposa, Sandra Noemí Zapata, quien acaba de denunciarlo por violencia doméstica, infidelidad y abandono de su hija recién nacida.

"Max es un farsante. Nos vendió a todos un buzón", relata la despechada mujer de 37 años desde su departamento de Puerto Madero, a diez días de haber parido una beba cuyo nombre parece bien apropiado para la hija del hombre al que acusa de megalómano: Princesa.

"Cuando recién nos casamos, nos fuimos a vivir a una pensión de la calle Piedras donde se compartía la cocina y el baño. Yo llevaba la ropa a lavar a lo de mi familia y volvía el mismo día. Le hemos pedido plata a mis padres para pagar el alquiler", rememora Zapata, ante quien Higgins se presentó como un "hombre de negocios" la noche en que se conocieron en un boliche.

"Me dijo que no estaba pasando por un buen momento económico porque le habían hackeado una cuenta bancaria y sustraído una gran suma de dinero. Pero prometía que las cosas iban a cambiar. Hoy, no sé si es cierto. Me ha mentido tanto...", sigue lamentándose la mujer, quien dice que al principio ella "era la unica que traducía las cosas" -él sólo habla inglés- y que "ahora se cansa de cambiar secretarias y de tener affaires con ellas"

Lo cierto es que tres meses después de aquel contacto inicial Zapata comenzó a convivir con Higgins en una pieza de San Telmo. Pero, en poco tiempo, HIggins pegó el tan esperado estirón social y las cosas efectivamente cambiaron. Alquiló un departamento de 2.300 dólares y una oficina en Puerto Madero y comenzó a exhibirse como "El Rey del Entretenimiento".

Bajo ese título, el "empresario" organizó en el estadio mundialista de Mar del Plata el megaevento "World Football Idol", una suerte de casting para encontrar al mejor jugador del planeta que lo tuvo como presentador (con capa y corona incluídas) al lado de figuras como Diego Maradona, Sergio Goycochea, el conjunto de rock Duran Duran y la cantante Gloria Gaynor.

Jugando con el misterio de un acento extranjero y una billetera para la que nada resultaba caro o inalcanzable, Higgins también anunció una inversión de 1.000 millones de dólares en un parque de diversiones en San Pedro al que llamó "World Disney Mundo", lo que le valió una demanda judicial por parte de la Disney que terminó rápidamente con su sueño.

¿De dónde vino la plata para tanto circo? Sandra Zapata contesta: "Bueno, querer saber esas cosas me trajo muchos problemas con él. Yo tengo algunas sospechas, pero no las puedo decir ahora. Todo está asentado en la Justicia con una documentación importante".

Según la mujer, fueron las preguntas que le hizo al jamaiquino "sobre algunas personas que lo rodeaban, que no me gustaban" lo que provocó que él se volviera "más agresivo" y que finalmente ella tuviera que radicar la denuncia, por la que una jueza de familia prohibió a Higgins acercarse a 300 metros de su hogar y de la maternidad donde su esposa iba a dar a luz.

El último capítulo de la convivencia entre ambos fue una discusión que Zapata recuerda muy bien:"Él se descontroló. Me quiso pegar una patada en la panza. En el departamento, había un encargado de mantenimiento que estaba trabajando e intentó defenderme. Él lo agarró a las trompadas y a mí me agarró de los pelos, me arrastró y me pegó".

Desde entonces, Max cumple fielmente con la orden judicial. No apareció nunca más por la vivienda familiar y aún no conoce a su hija. Mientras tanto, su esposa asegura que en cualquier momento podrían desalojarla del edificio de Puerto Madero que habita: "No sé si mañana termino en la calle", desliza con cara desmejorada y lejos del glamour de cuando era la "señora de Higgins".

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