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"Gang Bang": una mujer swinger para varios hombres

Los lugares de Buenos Aires donde se organizan veladas "multi gang bang". Los precios y las condiciones para participar. Drogas, alcohol y preservativos. El rol del marido. Una para todos y todos para una.

“¿A ver con quién está curtiendo mi mujer?”, pregunta Marcelo, 43 años, encargado de una fábrica, practicante swinger y de “gang bang”. Es jueves por la noche y en el pub Class, de Venezuela y Boedo, la movida está por comenzar. Rubén, propietario del lugar, enseguida les aclara a los participantes que el uso del preservativo es obligatorio.

En la barra, una morocha de curvas generosas coquetea sensualmente. Dos hombres de mediana edad la besan, abrazan y acarician. Verónica (40 años, esposa de Marcelo) se mete en un reservado. Detrás de unas cortinas blancas semiabiertas se la puede ver desnuda, con sus rodillas y brazos apoyados sobre unos amplios almohadones a cuadros mientras un hombre musculoso la sostiene de la cintura y la penetra por detrás. Ella, a su vez, juega con otro desconocido al que le practica sexo oral. “En el gang bang siempre participa una pareja swinger a la que se suma como mínimo un hombre solo. Pero puede haber tantos como la mujer decida”, explica Rubén, dueño de Class. “Mi mujer alcanzó un récord de 23 hombres en una misma noche. Se trata de cumplir las fantasías. Acá no hay vínculos ni cuestiones afectivas, es puro placer carnal”, cuenta entusiasmado.

Como en toda tribu, existen códigos de relación. No valen las drogas ni el exceso de alcohol. También hay lugares que nunca se invaden. El marido, por ejemplo, siempre se encarga de elegir hombres solos o en pareja que coincidan con el gusto de su mujer. Además de darles permiso y poner límites si alguno se quiere “sobrepasar” –esto significa que insista a pesar de una negativa.

“En las parejas convencionales la infidelidad es moneda corriente. Nosotros no somos hipócritas ni egoístas; por eso, cuánto más la veo gozar a mi mujer con otros hombres, más lo disfruto”, dice Hernán, de 36 años, empleado metalúrgico, rodeado por una mujer excedida de peso, bikini roja y cabello teñido de rubio. “Esta actividad es exclusiva para los matrimonios que funcionan bien. Si existe una crisis de pareja, acá adentro no se soluciona. Solamente se trata de abrir la mente y dejarse llevar”, retoma Marcelo.

Más información en la edición impresa.

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