La provincia Serbia de
Kosovo acaba de declarar su
"independencia". Desde el final de la guerra de Yugoslavia de 1999, los Estados
Unidos han apoyado abiertamente la independencia de Kosovo. Los estados más grandes de la Unión
Europea
-Reino Unido, Alemania y Francia- han sumado su apoyo a esa iniciativa.
Sin embargo, la decisión unilateral, vista desde una perspectiva jurídica, constituye una
clara violación del derecho internacional.
La provincia de Kosovo abarca una superficie de
10.000 kilómetros cuadrados, es decir que equivale
a la vigésima parte de la provincia de Río Negro. En ese reducido trozo de
territorio viven
2 millones de habitantes, de los cuales el 90% son albanokosovares, de religión
musulmana. En el Norte de Kosovo,
en la región de Mitrovica, viven unos 140.000 serbios, cristiano-ortodoxos, opuestos a la
independencia.
Kosovo es inviable desde la perspectiva económica y no puede subsistir sin la ayuda
internacional. Carece de recursos naturales, salvo algunos minerales en el subsuelo y la
principal actividad económica consiste en una
agricultura rudimentaria.
La desocupación alcanza a 63% de los albanokosovares y a 93% de los serbios. Por
su territorio
pasa 80% del tráfico de heroína de Europa y es el lugar de instalación de
importantes
clanes mafiosos que extienden sus redes por varios países europeos.
Allí, está situada también Camp Bondsteel, la mayor base militar norteamericana en Europa.
La Resolución 1244 (de 1999) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -que puso
fin al conflicto que motivó la intervención armada de la OTAN en Yugoslavia- fijaba una
administración provisional para
"crear las condiciones de un proceso político encaminado al establecimiento de un gobierno
autónomo sustancial para Kosovo, respetando los principios de soberanía e integridad territorial de
la República de Yugoslavia y demás países de la región". Por consiguiente, la decisión de
declarar unilateralmente la independencia
vulnera claramente esa resolución.
También se viola la letra y el espíritu del
Acta de Helsinki, firmada por todos los países europeos y los Estados Unidos en
1975. En virtud de este acuerdo, todos los firmantes declaran su determinación de
respetar y poner en práctica en sus relaciones con los demás Estados, independientemente de sus
sistemas políticos, los principios, entre otros, de
"inviolabilidad de las fronteras" e
"integridad territorial de los Estados".
La aceptación y la complacencia con que los Estados Unidos y los países europeos
más grandes han recibido la decisión unilateral de secesión de Kosovo, constituye, desde la
perspectiva política,
un peligroso precedente. Con el mismo derecho, las minorías serbias del Norte de
Kosovo podrían ahora reclamar la adhesión a Serbia; o similar reclamo podría provenir de los
serbios de la República Srpska de Bosnia-Herzegovina que desean desde hace tiempo unirse a Serbia.
Existe una natural predisposición a pensar que si las poblaciones no quieren vivir juntas,
la mejor fórmula es que se separen. De esta manera, las fronteras políticas se trazarían de modo
que pudieran coincidir con la distribución étnica de las poblaciones.
Esta fórmula aparentemente sencilla, aplicada a Europa central, podría dar lugar a un
sinfín de conflictos y operaciones de "limpieza étnica".
Existen minorías étnicas en casi todos los países:
griegos en el sur de Albania; minorías eslovenas en la actual Carintia austríaca;
musulmanes turcos en la Tracia griega; albaneses en Macedonia;
magiares en la Voivodina Serbia; entre tres y cuatro millones de
gitanos que viven en los Balcanes y carecen de Estado, etc. En el resto de Europa,
varios países afrontan demandas
regionales de mayor autonomía que podrían desembocar en eventuales conflictos
dirigidos a provocar la secesión.
En España, el caso de vascos y catalanes y en Bélgica las crecientes diferencias entre
flamencos y valones.
En el perímetro de lo que fue la
Unión Soviética existen territorios no reconocidos que se declararon
independientes a principio de los noventa, como
Osetia del Sur y
Abjazia en Georgia;
el Transdniéster en Moldavia y el Alto Karabaj en Azerbaiján. Como señala el
analista Jean Arnault Derens, "la idea de que la modificación de las fronteras podría resolver
todas las cuestiones nacionales se basa en una ilusión fundamental, la de que existirían fronteras
"justas" por ser étnicas.
En realidad todas las fronteras, y no sólo en los Balcanes, son creaciones históricas, el
resultado de relaciones de fuerza políticas y militares. No existen fronteras
"justas" como tampoco existen fronteras
"naturales".
La "independencia" de Kosovo responde más al juego de poder entre las grandes potencias que
al deseo de respetar la voluntad de los pueblos. Frente a esas jugadas interesadas que socavan el
derecho internacional hay que oponer estrategias que permitan resolver los conflictos étnicos y
fronterizos
por medios pacíficos, estableciendo fórmulas novedosas de
soberanía compartida. La imposición violenta de una fórmula unilateral,
equivale a sembrar la semilla de un nuevo conflicto que germinará en el futuro.
Ingrese su usuario y contraseña para dejar un comentario. Si no está registrado haga clic aquí para crear un usuario.