Uno de los momentos destacados del debate del martes entre Hillary Clinton y Barak Obama se dio
cuando el moderador Tim Russert quiso conocer las opiniones de ambos sobre Dmitri Medvedev, quien
será electo presidente de Rusia el domingo.
Clinton aseguró que Medvedev no
será más que un delfín de Vladimir Putin, el actual presidente y futuro primer ministro, y
habló de la necesidad de una Rusia más democrática. La candidata no agregó nada a lo que
puede leerse en el primer párrafo de los artículos sobre el tema publicados en la mayoría de los
grandes diarios estadounidenses y de hecho quedó muy mal cuando Russert le pidió que dijera cómo se
llama el próximo presidente. Clinton quedó en ridículo al hacer varios intentos fallidos por
pronunciar "Medvedev".
Barak Obama no pasó tanto papelones: simplemente reconoció no saber mucho sobre el futuro
presidente ruso.
La ignorancia de ambos llama la atención porque no hablaban de un país exótico e
insignificante para los intereses estadounidenses, como podría ser Argentina, sino de un país con
el que Estados Unidos comparte reuniones en enclaves tan exclusivos como el Consejo de Seguridad de
la ONU y el G-8. Hablaban de un país con uno de los arsenales nucleares más grandes del mundo y con
la capacidad de dejar sin gas a gran parte de Europa Occidental.
El aparente desinterés de Obama y Clinton por la política internacional no es excepcional
dentro de las internas demócratas y republicanas, pero dista mucho no ser culpa de los candidatos y
de nadie más. El electorado y los medios en Estados Unidos tampoco demuestran demasiado interés por
el tema.
El domingo pasado, Michael Signer, consejero de política internacional del ex candidato
demócrata John Edwards,
publicó un artículo en el que relataba las dificultades con las que se enfrentó para
que los medios de su país publicaran notas sobre los proyectos de política internacional de
Edwards. Signer contextualizó este desinterés enumerando diversos acontecimientos políticos
extranjeros en el último año que afectan a Estados Unidos, como ser el creciente interés de Putin
por convertir a Rusia en contrapeso de Estados Unidos en el terreno de la diplomacia internacional
o la muerte de Benazir Bhutto en Pakistán.
Según Signer, en casi todas las ocasiones que Edwards presentó sus propuestas
internacionales, la prensa le dio la espalda. Asegura que a Clinton y Obama les sucede otro tanto.
Su conclusión es que si todos los periodistas dedicados a política internacional hiciesen al menos
un artículo sobre las propuestas de los candidatos en los meses venideros, podrían conocerse bien
qué piensan sobre fuentes energéticas o Medio Oriente o a quién quieren nombrar al frente de las
Fuerzas Armadas más poderosas del mundo.
Signer se define a sí mismo como un idealista convencido de que las promesas de campaña de
los candidatos pueden llegar a tener un efecto sobre la actualidad. Para ello los medios deben
reproducir los proyectos, argumenta. Quizás tenga razón, pero el desconocimiento demostrado por
Clinton y Obama el martes parecería indicar que tampoco hay demasiado para reproducir.
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