Estabilidad y fraude. Dos palabras que caracterizaron la previa de las elecciones presidenciales
rusas de hoy, en las que el vice-primer ministro primero Dimitri Medvedev será electro presidente,
al menos que acontezca algo inesperado.
Lo de la estabilidad lo dijo Vladimir Putin, el presidente saliente que pasará a ser primer
ministro en mayo, cuando entregue de manera formal el poder a su delfín Medvedev. El viernes,
durante un discurso de despedida en la televisión estatal, el mandatario arengó a sus
compatriotas a votar a su candidato porque "de lo contrario corre peligro la estabilidad del país".
La arenga sobraba ya que Medvedev tiene asegurada la victoria hace bastante. Putin tiene un apoyo
que supera con creces el 70% y sus seguidores votarán en masa a Medvedev, quien probablemente
obtendrá esa misma cifra de apoyo en las urnas.
¿Por qué Putin, un anti-demócrata sospechado de corrupción y de favorecer a infinidad de
amigos con negocios turbios, tiene suficiente popularidad para elegir un candidato a dedo y
asegurar que ese candidato gane con tanta amplitud? En gran parte porque es el arquitecto de la
estabilidad actual, estabilidad que Rusia no tuvo, y extraño, en los años anteriores a su llegada
al poder, en diciembre de 1999.
Los 90 fueron duros para Rusia. Con la salida de la Unión Soviética la economía se
resquebrajó, la antigua URSS se fragmentó en 15 partes, el país dejó de ser una gran potencia
mundial y se encontró casi en bancarrota, al punto que caer default en 1998. Con Putin presidente,
Rusia recuperó gran parte del protagonismo perdido.
Aún así hay sospechas y denuncias de que el
putinismo prepara una especie de fraude electoral, obligando a personas a votar por el
candidato oficial. La estrategia no buscaría la victoria en sí, sino asegurar que se gane con
holgura. Tales artilugios parecen innecesarios dado el respeto que hay por Putin entre el
electorado, quien reconoce los méritos de sus ocho años de gestión.
El primer año de presidencia de Putin, en 2000, trajo un crecimiento del 10%. Desde entonces
la economía rusa ha crecido al menos seis por ciento anual, pasó a ser el tercer país con más
multimillonarios (detrás de Estados Unidos y el Reino Unido) y la clase media floreció. Además,
Rusia se ha re-instalado como un referente mundial (o por lo menos lo está haciendo), quien
casualmente cuenta con el poder de dejar a gran parte de Europa Occidental sin gas.
El propio Medvedev brindó una explicación para amplio apoyo que tiene Putin durante su
discurso de aceptación de la candidatura en diciembre al decir que "hemos superado la estanflación
de los 90". También resaltó que Rusia ya no vive en deuda, sino que depende de sus propias cuentas
financieras y que aumentó su capacidad de defensa armamentista y que a Rusia ya no se le habla
desde el exterior como se le habla a un estudiante de primaria, sino que se busca su opinión. En lo
económico no exageraba: el PBI per cápita aumento de 2.000 a 9.000 dólares en la última
década. En lo diplomático tampoco exageraba: ya nadie intenta aleccionar a Rusia como si se fuese
un niño rebelde.
Entre lo que falta hacer, Medvedev resaltó mejorar la educación, disminuir la pobreza y
mejorar la cobertura universal de salud. Son palabras bien sonantes. Queda por ver si son
acompañadas por hechos.
La sucesión Putin-Medvedev guarda cierto paralelismo con la sucesión cubana entre los
hermanos Fidel y Raúl Castro. Se dice que tanto Raúl Castro como Medvedev son títeres de sus
predecesores, pero también hay diferencias importantes entre las concepciones políticas de los dos
nuevos líderes y los dos viejos presidentes. Tanto el próximo presidente ruso como el actual
presidente cubano son considerados más liberales y más dispuestos a abrirse al mundo que sus
antecesores. Medvedev habla inglés y es más respetuoso de la ley, además de ser considerado menos
autoritario, que Putin, características que contribuyen a ofrecer una buena imagen ante el mundo.
Existen esperanzas de que una presidencia de Medvedev marcará el fin del dominio absoluto de
los
siloviki (ex y actuales miembros de las fuerzas de seguridad) en el gobierno. La presencia
de Putin como primer ministro indica que la ausencia de los ex KGB no terminará del todo pero
podría disminuir porque Medvedev nunca perteneció a los servicios de inteligencia.
El panorama de gobierno es más complicado para Medvedev de lo que era para Putin en 1999.
Entonces, la economía rusa estaba en crecimiento; hoy sigue creciendo pero cada vez menos y el
crecimiento depende mucho de la producción de gas y petróleo y cada vez se importan más productos
elaborados. En 1999 la producción de petróleo y gas representaba el 12,7 por ciento del PBI. En
2007 esa participación había subido al 31,6 por ciento.
* Editor de Perfil.com