El perfil tranquilo y algo tímido de Alberto II de Mónaco esconde a un diplomático seguro, a un
estratega, que, desde que asumió el cargo de más alto rango en el principado hace casi tres años,
ha sorprendido a más de uno.
Habiendo cumplido 50, ell soberano del pequeño Estado de la Costa Azul, aún soltero, trabaja
duro en la nueva estampa del lujoso Mónaco. Su meta: convertir el principado, que hasta ahora se ha
destacado por ser un paraíso fiscal, en un ideal de política ecológica y de investigación
comprometida. Y por eso es que Mónaco cada vez ocupa menos titulares de la prensa amarilla. El
príncipe también ha logrado que se esfumen los incansables chismes en torno a su vida privada. Su
método consisitó en demandar regularmente a las revistas del corazón.
Actualmente, el único tema de especulación pendiente en Mónaco es el posible casamiento
con la sudafricana Charlene Wittstock. Ya hace meses que la nadadora vive en el pequeño Estado
mediterráneo. No es la primera vez que la prensa amarilla oye campanas de boda, pero hasta ahora
los augurios nunca se cumplieron. Lo último que se afrimó era que Alberto podría casarse en secreto
con la belleza rubia en su propio cumpleaños.
Durante décadas, Albert Alexandre Louis Pierre de Mónaco, Marquis des Baux, estuvo a la
sombra de su padre, Rainiero III, que falleció el 6 de abril de 2005. Por ese entonces, pocos
esperaban que este galán y amante del deporte, que participó en varios Juegos Olímpicos de invierno
en la categoría de bobsleigh, en competencias de 17 disciplinas deportivas y en un Rally
Paris-Dakar, sería un hábil mandatario. Hoy en día, el príncipe de la casa Grimaldi viaja por todo
el mundo por temas del medio ambiente: en 2006, partiendo desde Rusia, Alberto recorrió 100
kilómetros en un trineo tirado por perros en dirección al Polo Norte. Quería llamar la atención
sobre el derretimiento de los hielos.
Como primera medida tras asumir el cargo, el príncipe ratificó el Protocolo de Kyoto. "El
medio ambiente es nuestro bien común. Protegerlo es nuestro deber", así reza su credo. Más allá de
que la Fórmula 1 zumbe en mayo de todos los años a 280 kilómetros por hora en el Gran Premio de
Mónaco, el nuevo programa de Alberto propone utilizar vehículos eléctricos. El regente da el
ejemplo: en lugar de circular en limusina, muchas veces se traslada en su coche eléctrico. Mónaco
cuenta con cuatro casinos de fama mundial y con bancos internacionales de depósitos millonarios. Es
una ciudad de ricos con mucho tiempo y un oasis fiscal "poco dispuesto a cooperar", según declaró
la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico (OECD).
Ni bien asumió sus nuevas funciones, Alberto también cerró cuentas en su vida privada: en un
año reconoció a dos hijos. Por un lado, su hijo extramatrimonial Alexandre Coste, fruto de una
relación con una azafata togolesa, y a Jazmin Grace, una hija ilegítima que nació del romance con
una camarera norteamericana. En una entrevista en la emisora francesa TF1, Alberto no descartó
tener más hijos, y agregó que sabía de la existencia de más pedidos de reconocimiento de
paternidad: "Reaccionaremos cuando sea necesario..." En el principado su apodo es "príncipe con
corazón". Quien vio cómo se comportó Alberto al ser coronado en julio de 2005, bailando totalmente
relajado y, lejos de toda pompa y protocolo, saludando a los ciudadanos, sabe por qué.
La última de las noticias tiene que ver con la desmentida tajante de su boda. Si bien la
revista francesa 'Point de Vue' aseguraba esta semana que el hijo de Rainiero y Grace Kelly se
casará en septiembre con su actual novia, la nadadora olímpica Charlene Wittstock, el palacio
pronto salió a desmentirlo. Habrá que seguir esperando, y de hacerlo, sus sobrinos se casarán antes
que él.
Fuente: DPA
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