Hay preguntas que vuelven como un ritornello, como un agua que no desemboca: “¿En qué se
reconoce una política? Por supuesto, en sus efectos reales o imaginarios (previstos)”. En dos
años y un mes, Argentina celebrará con no se sabe para qué su Segundo Centenario.
Tal vez, sólo tal vez, el Teatro Colón esté reinaugurado para algarabía de embajadores,
ministros y princesas invitadas. El Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires, por su
parte, seguirá siendo la nada que es ahora. La obra de ampliación del Museo Nacional de Bellas
Artes no ha comenzado, como tampoco el reciclado del edificio de Correos. El Centro Cultural
Recoleta es una ruina y los miles de metros que el “nuevo” Centro Cultural San Martín
destinará a la tecnología de punta parecen un chiste de mal gusto en un país con problemas de
provisión energética (sin ninguna nueva central prevista, salvo las termoeléctricas compradas a los
apurones, que son como un plug and play de bajísimo rendimiento, y además contaminantes), con
trenes catatónicos y sin rutas adecuadas (la autopista Rosario-Córdoba no estará terminada este año
y es sólo un tramo de los miles de kilómetros que se necesitan). El Teatro Nacional Cervantes sigue
esperando el tiro final, el Riachuelo cada vez hiede más y la Reforma Educativa quedó en
declaraciones de principios bellos. Mientras tanto, las clases en la Universidad de Buenos Aires
comenzaron con edificios en situación crítica (algunos sin provisión eléctrica, otros sin gas, sin
ascensores, con déficit de aulas y de implementos básicos) y la lluvia y el frío nos dan miedo como
nunca antes.
No hay una sola obra de envergadura que permita pensar en efectos (reales o imaginarios) a
mediano plazo. El gran problema argentino pasa estos días por las retenciones: no las retenciones a
la renta agraria, ni la retención insensata de reservas en un país sin crédito, ni la retención
suicida de los índices inflacionarios, sino la retención de políticas de Estado. Es como si la
casta de gobernantes tuviera problemas para evacuar ideas y proyectos: cien días de estreñimiento.
Preguntas que no vuelven como un ritornello, me corrijo, sino como un cólico.
Comentarios a esta nota: 3
26-03-2008 18:47:51 hs | felipemaxim escribió:
A todo esto, hay que aclarar que desde -mínimo- el año 2004, el gobierno viene poniendo plata en publicidad en medios nacionales e internacionales (como The Economist) llamando a un concurso de ideas para el Bicentenario. Hasta ahora, se está solo se está terminando una fantasmal ¨Casa del bicentenario¨ en Riobamba y Marcelo T. de Alvear, a la vuelta del Nacional Pellegrini.
24-03-2008 08:44:39 hs | Dresde escribió:
Con todo respeto y porque me interesa lo que escribes, quiero hacerte una crítica constructiva a tu nota. Si bien comparto todo lo que dices, veo cierta desprolijidad y algo de incoherencia que probablemente se deba a que has volcado mucha pasión en la redacción. Tendrás que afinar más las ideas y luego con mas sosiego volcarlas para un mejor deleite del lector. Espero que mi comentario no te afecte sino por el contrario te ayude a crecer en tu difícil profesión.
Un amigo.
24-03-2008 02:13:07 hs | monedazo escribió:
gol
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