Para el mundo, el problema del secuestro en Colombia es equivalente al problema de las FARC. Sin
embargo, el drama de los secuestros es muchísimo más amplio:
se estima que desde 1996 hasta el 2006 los paramilitares secuestraron a 1.163
personas, según datos proporcionados por la ONG local Fondelibertad.
El paramilitarismo, y su vinculación con la política –fenómeno que en Colombia
denominan “parapolítica”- es, además de la guerrilla,
otro de los grandes problemas del gobierno del presidente Álvaro Uribe, quien en
el 2006 firmó una amnistía (conocida como el acuerdo de Ralito) a cambio de la desmovilización de
las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
El acuerdo dejó descontentos a amplios sectores de la sociedad, sobre todo
teniendo en cuenta que el escándalo de la parapolítica salpicó a varios funcionarios importantes
del gobierno de Uribe y provocó la renuncia de otros tantos.
Al igual que la guerrilla que dicen combatir, las fuerzas paramilitares son culpables de
masacres, asesinatos, reclutamiento de niños con fines militares y hasta sexuales,
secuestros extorsivos y secuestros políticos.
Entre estos últimos, que para las FARC significaron la posibilidad de sobrevivir, uno de los
más famosos fue el secuestro de
Víctor Ochoa Daza, dirigente del departamento de César.
En febrero del año pasado, Ochoa Daza aseguró ante la Corte Suprema de Justicia que fue
secuestrado por el reconocido líder paramilitar Jorge 40, en enero de 2002, como parte de una
estrategia para modificar el mapa electoral de la región. Según dijo, su secuestro fue instigado
por el entonces senador
Álvaro Araújo, hoy detenido en el proceso de la parapolítica.
El caso produjo también la renuncia de la ex canciller
María Consuelo Araújo, hermana de Álvaro, quien curiosamente fue reemplazada en el
cargo por Fernando Araújo, solamente días después de escapar de un campamento de las FARC, tras más
de nueve años de cautiverio.
Según una investigación de la revista
Cambio, otros secuestros con fines políticos fueron admitidos por varios líderes
desmovilizados: el de
Leonor Palmera, hermana del líder de las FARC Simón Trinidad; el de Hilda
Rodríguez, hermana de un jefe del ELN y los de los senadores Zulema Jattin y Juan Manuel López
Cabrales, en 2000.
La senadora
Piedad Córdoba, quien el año pasado participó de la mediación encabezada por el
presidente Hugo Chávez para lograr la liberación de los secuestrados por las FARC, fue otro de los
casos resonantes. La legisladora fue secuestrada en Medellín en 1999 y liberada varios meses
después en Necoclí.
Sin embargo, contar el cuento es un privilegio de pocos. El desmovilizado líder de las AUC,
Salvatore Mancuso, declaró ante un fiscal de Medellín que “los retenidos
fueron dados de baja en su mayoría”. Según datos de Fondelibertad, los restantes serían 254,
que no se sabe si están vivos o muertos. Por ahora, solamente desaparecidos.
Para las familias de los secuestrados por las AUC,
radicar una denuncia es doblemente difícil. No se exponen solamente al miedo a las
represalias (al igual que les ocurre a los familiares de los rehenes de las FARC), sino además a la
posibilidad de ser estigmatizados por la sociedad, por supuestos vínculos con la guerrilla.
"Lastimosamente nos ha tocado sentir el comentario silencioso de que si se lo llevaron es
porque debía algo, existe una cierta complicidad de la sociedad con los paramilitares", le dijo la
hermana de un secuestrado a la revista
Cambio.
El proceso de “dejación de armas” por parte de las AUC recibió críticas de todos
los sectores. Para el ex presidente Andrés Pastrana,
le sirvió a varios capos narcotraficantes para hacerse pasar por “paras” y así
legalizar su situación.
Por otro lado, se presentaron varias denuncias en los medios que hablan de que líderes
paramilitares siguen delinquiendo desde la cárcel, vinculados al narcotráfico y a la organización
de quienes quedaron en libertad. En Bogotá y otras grandes ciudades,
hay denuncias de
una reorganización de desmovilizados.
La nota es muy cierta y objetiva, pero el comentario de Vicenzo es desubicado, si bien Uribe no es una joya (que politico lo es) los presuntos vinculos con el narcotrafico, la muerte de su padre y demas esta ampliamente investigado y todo ha sido desvirtuado, mas alla de la mencion en un libro de dudoso criterio. El papel lo soporta todo y si eso fuera cierto su posicion seria insostenible como le paso a Samper por acusaciones mucho menos graves. (Samper gano las elecciones financiado por el cartel de cali, paso sus 4 annos de mandato sosteniendo su cargo).
No soy Uribista, soy consciente que la sevicia de los paras fue mucho peor que la de la guerrilla y que la culpa es de la oligarquia, la dirigencia, los politicos y la sociedad que miraba para otro lado mientras ocurria este proceso, pero no hay que caer en las posiciones extremas de Uribe=para, oposicion=guerrilla, asi como las de Campo=oligarcas de videla.
Una joyita Uribe eh!!
Habria que investigar (periodistas de perfil) que hizo este personaje cuando fue director de la aviación civil colombiana, y los vinculos que tenia. Sabiendo como fue su labor como funcionario publico de aquel entonces (Responsable de todos los aeropuertos Civiles = transporte de mercancias), sabremos quien es verdaderamente Uribe y a quienes representa.

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