No hace falta ser fan de Bob Dylan para ver
I’m not There, pero
alguien que conoce en detalle la vida del músico seguro la disfrutará mucho más.
La nueva película de Todd Haynes es uno de los films más esperados y atrayentes de
la
10ª edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI)
con una estructura narrativa muy arriesgada y por momentos difícil de seguir, pero llena de logros
estéticos.
La película se arma con seis historias paralelas diferentes, que se cruzan y se corresponden
entre sí. El que conoce la obra de Dylan encontrará
en cada personaje una referencia directa y no tanto a su obra, y el que no sabe
tanto puede adivinar que se trata de distintas aristas del músico por la advertencia inicial del
film que reconoce su inspiración en las “muchas vidas de Bob Dylan”.
Haynes ya había mostrado su amor a la música contemporánea con la película
Velvet Goldmine, un film basado en la vida de David Bowie, que registra con perfección y
glamour el ascenso y la caída del héroe del rock. Una historia inolvidable para ver mil veces por
los actores, la historia, la estética y la banda sonora excepcional reunida especialmente.
En
I’m not there también hay una banda sonora reunida para la ocasión. Hubiera sido más
fácil que suenen los discos de Dylan, que aprobó el proyecto (no como Bowie), pero el director
asumió el
desafío de armar una re interpretación de los temas, y sin duda fue un acierto.
Entre los invitados para tocar las canciones de Dylan
están Eddie Vedder de Pearl Jam para interpretar
All Along The Watchtower. Además Sonic Youth, John Doe, Tom Verlaine y la banda Million
Dollar Bashers.
Adentrarse en este viaje por el mundo de Dylan tiene el riesgo de que se puede tomar el
camino equivocado, pero el destino al que se llega es el mismo. Los personajes son Dylan pero
tienen otro nombre, para dar cuenta de
aquella frase que solía decir y que lo caracteriza como músico: “Puedo ser muchas
personas al mismo tiempo”.
Una de las historias la interpreta Marcus Carl Franklin, un niño negro que vagabundea con su
guitarra dentro de un estuche que sentencia:
“Esta máquina mata fascistas”.
El Dylan joven, está encarnado por Christian Bale, un cantante Folk que termina sus días en
una búsqueda religiosa.
Arthur Rimbaud, encarnado por Ben Whishaw, es el Dyln poeta, ese que puede
cautivar sin límites con sus letras.
El Dylan que más se puede reconocer es el que interpreta Cate Blanchett. Su
personaje se llama Jude, pero es claramente un Dylan filoso que transita su etapa de mayor éxito y
a la vez de rechazos de algunos sectores.
El Dylan familiar está interpretado por un fantástico Heath Ledger, al que conmueve ver en
uno de sus últimos papeles antes de aparecer muerto en Nueva York. Y
el Dylan más incomprensible es el de Richard Gere, un anciano del lejano oeste,
más reflexivo y cansado.
I’m Not There es una película que se puede discutir y hasta cuestionar, pero de ninguna manera dejar de ver, porque retrata con originalidad y riesgo a uno de los músicos más brillantes de su época.
* redactora de Perfil.com

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