Sólo en raras excepciones, la Presidenta repitió vestuario al dar un discurso. Su obsesión por la imagen.
Esta semana, en Ecuador, Cristina Fernández dio su discurso número cien en poco más de cuatro meses de gestión como Presidenta. En su centenar de discursos, llamaron la atención sus anuncios y sus palabras. Una mención aparte se llevaron sus críticas y enojos, pero, por sobre todo, lo que a primera vista impactó fueron sus refinados vestidos.
Siempre de estreno. Su obsesión por la imagen y su pasión por las telas la llevo a no repetir, jamás, los vestidos que usó durante los días que lleva como Presidenta. Y a todos los supo complementar con accesorios de lujo, como sus joyas importadas que valen como una 4x4, u otros más económicos, como la boina parisina que uso en su última gira europea, que se consigue por 50 pesos en nuestro país.
Más allá de eso, la mandataria llevó el glamour a la Casa Rosada y, en especial, al Sillón de Rivadavia, después de cuatro años de sacos cruzados y mocasines. Trasladó hasta Balcarce 50 el toque distintivo que ya lucía en el Congreso, donde tenía un guardarropas en el despacho.
Cada vez que se hace hincapié en su ropa, Cristina se enoja y tilda de machistas a quien osa meterse con su look. No obstante, la Presidenta ha logrado cristalizar un “estilo Cristina”, hoy imitado por muchas mujeres profesionales que rondan los 50 años. Sacos entallados de solapas amplias, con camisa y pollera al tono y un cinturón ancho de cuero para resaltar la cintura. Todo, acompañado con un collar llamativo, mucho maquillaje e igual cantidad de rimel. El look CFK.
De todos su guardarropas, sin embargo, tres atuendos son los más recordados. El primero, el que usó el 28 de octubre de 2007, cuando , para festejar el triunfo en las elecciones presidenciales, eligió un vestido de seda con estampado floral y un cinturón de cuero blanco, bien femenino para hablar del “cambio de relato” que se venía en el país.
Al tomar posesión del poder, el 10 de diciembre de 2007, también eligió diferenciarse y recibió la banda y el bastón presidencial con un impecable vestido blanco, que trajo polémica a nivel internacional. Un diario español descubrió que era una copia del que la princesa Letizia había usado en el bautismo de su hija.
Batió todo los records estéticos con su serie de cambios de ropa cuando hizo en su gira de 48 horas por Francia. Allí, se cambió cinco veces en dos días; el más llamativo de sus atuendos fue el que usó para asistir a la marcha blanca por Ingrid Betancourt: un diseño bien europeo, toda de negro y con una boina muy parisina.
Cien discursos, más de cien vestidos y una imagen presidencial que, a pesar de lucir los mejores y más refinados diseños, cae en picada. El cambio de relato sólo se quedó, por ahora, en un cambio de guardarropa.
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