Vivimos la política como una fatalidad. En los 90 nadie pensaba que se podía sobrevivir sin la
Convertibilidad. Se soñaba salir de ella pero era un sueño con pesadillas. Hoy a nadie se le ocurre
que pueda haber gobernabilidad en la Argentina sin los Kirchner. Muchos gritan, otros tantos
declaman, pero todos saben que no hay oposición con la fuerza suficiente para hacerse cargo en el
corto o mediano plazo del timón presidencial.
Repasemos a los candidatos y las alternativas que ofrecen. Macri vive una época difícil de
poco o ningún glamour. Gobernar la Ciudad se parece a un trabajo digno de Sísifo que esta vez en
lugar de cargar una mole hasta la cima para verla caer eternamente, tapa baches que se destaparán
mañana. El mantenimiento de lo que hay se lleva los ingentes esfuerzos de la administración
porteña. La gloria sólo llega con obras faraónicas, es decir, con deuda impagable que hundirá al
próximo colega.
La Coalición Cívica, por las características de su líder, corre el riesgo de ser una colisión
no tan cívica. Carrió, que con sus denuncias contribuye a la salubridad nacional, es una
desorganizadora vocacional y lo que crea hoy lo desmorona mañana. El país ya fragmentado en
sectores que pujan entre sí no soportaría una política con oscilaciones bipolares.
Hermes Binner es el hombre cauto que tiene el lema que dice que quien se precipita va derecho
al precipicio. Prefiere dedicarse a administrar su provincia y sanear la política. Al acecho están
los candidatos vitalicios al poder como De la Sota, los Saá, el mismo Lavagna, que tejerán y
destejerán alianzas con paciencia eterna.
No nos olvidamos de Duhalde, responsable de dejar una provincia con la Bonaerense, los
secuestros, el paco y los negociados del Banco Provincia, más una presidencia con dos muertos antes
de la renuncia, y que hoy despunta como un sabio conciliador que espera una nueva operación clamor
como aquella que organizaba su subordinado Aníbal Fernández.
Por eso el sentido común de los argentinos los conduce a estar a la expectativa de lo que
ocurra con el matrimonio Kirchner, habituados que estamos a pensar la política como un avatar
conyugal.
Hablan de doble comando, pero no lo hay. Existe un único comando a cuatro manos; es usual en
las escuelas de conductores. Para que haya un doble comando la Presidenta deberá darse cuenta de
que los argentinos, aunque fuere nominalmente, la votaron a ella. Transmite la sensación de que aún
no gobierna por sí misma por una deuda de gratitud que tiene respecto de su marido, a quien
supuestamente le debe todo. El día que se independice y nombre a su propia gente a la vez que
inicie algo distinto de lo ya visto, entonces sí habrá doble comando. No será divertido, salvo para
los aficionados a marearse con kayaks en desfiladeros de montaña.
Pero no todo es política, también hay que considerar las determinaciones económicas. Es decir
la inflación, bendita variable que permite a los gobernantes ajustar los cinturones sin que alguien
los acuse de tomar medidas impopulares. El mercado se encarga de la tarea, el anonimato así lo
permite, y, además, este juego impersonal autoriza a los que mandan a señalar con el dedo a lobbies
empresariales, pools cerealeros, mercaderes del abuso y salir del dilema puros y beatos.
Pero tampoco hay que creer mucho en lo que dicen los economistas del otro lado de la
barricada que hablan de las maravillas nunca vistas desde tiempos inmemoriales, se rasgan las
vestiduras porque tiramos oro por la borda, se muestran desesperados al ver que este gobierno
desperdicia la gracia divina enviada por los pueblos del Lejano Oriente.
Todos exageran, total es barato.
Tampoco el mundo se reduce a la economía y a la política; hay cultura, y de la exótica. Esta
idea reciente de que los medios de comunicación discriminan y se portan mal con el Gobierno ha
estimulado a un decano y a un par de catedráticos de una facultad algo caótica y supernumeraria, a
erigir un Panóptico, un Observatorio de vigilancia con imparcialidad debida. Como aseguran ser
objetivos por diploma y credenciales que se distribuyen entre sí, consubstanciados que están además
con el lenguaje pedante de los expertos, se han ofrecido al personal gubernamental para protegerlo
de la pésima conducta de algunos periodistas.
El pensamiento crítico porteño ha canalizado su vocación de poder hasta ahora frustrada, para
sacarse la ansiada foto con el Príncipe, esta vez la Princesa, y posar para la posteridad. Por
ahora escriben solicitadas y juntan firmas.
Esperemos que el Gobierno y las partes en conflicto negocien. Que el proceso inflacionario se
detenga sin altos costos sociales. Es necesario que lo político se fortalezca. Cuando fracasa la
dirigencia política, los sectores sociales se enfrentan sin mediadores y en esta batalla la derrota
se distribuye con equidad. La política sin representación desata una violencia indefinida. Es lo
que sucedió –más allá del relato encubridor, frivolidades culturales y manipulaciones
demagógicas– en la década del 70.
Comentarios a esta nota: 6
07-05-2008 08:55:07 hs | victoriaelt escribió:
ME OLVIDABA, TAMBIEN ARMO LA FUNDACION ANA ARENT.
05-05-2008 20:02:38 hs | victoriaelt escribió:
Espero siempre la lectura de la realidad que usted hace, pues me parece siempre esclarecedora. Esta vez no me gusto. No concuerdo por otro lado con su lectura de Carrio, yo digo que es una formadora de fuerzas, el ARI ( que continua desde siempre en el mismo lugar) y la CC, con un perfil de políticos totalmente diferentes, que en poco tiempo hizo una eleccion muy buena. Acaso L.Murphy es destructor por haberse ido del partido que creó?
04-05-2008 17:18:19 hs | siemprelibre escribió:
Con todo respeto, pero me decepciono, tenia mucha expectativa de leerlo, porque se que es filosofo, pero de verdad todo tan tibio, tirando a frio, sin conviccion, fuerza o pasion.
No me gusto.
04-05-2008 16:06:58 hs | Marian escribió:
Floja la reflexión de Tomasito. La interpretación de la subordinación de la Cristina hacia el Nestor como parte del síndrome de agradecimiento de la esposa amante hacia su marido ¨bienintencionado pero con mala pata¨,puede integrarse en la categoría de ¨verdades de Perogrullo¨. Tomasito suele meter la pata en los análisis políticos. Recuerdo particularmente su intervención en un debate que mantuvo -creo- con Marcos Aguinis en la revista española de cultura Lateral, sobre el pensamiento político liberal. La intervención de Tomasito también allí ¨hacía agua¨. Y digo, ¿por qué habría que suponer que el hecho de que Tomasito haya alcanzado su título en filosofía lo habilita ¨per se¨, a hacer interpretaciones políticas ajustadas y valiosas? Es mucho pedirle a nuestro filósofo de la TV. Personalmente, me resulta más interesante cuando Tomasito se empeña en develarnos a Fucault y los pliegues del poder, que cuando cree poder interpre los pliegues del Kirschnerismo.
03-05-2008 22:27:43 hs | abrolosojos escribió:
ESPERABA UN PENSAMIENTO CRÍTICO MÁS SERIO Y MENOS VULGAR QUE EL QUE ACABO DE LEER. PARA CONTARME ABRAHAM LO QUE SE PERCIBE A OJOS VISTA SE HUBIESE QUEDADO CALLADO. LO QUE UN INTELECTUAL DEBE HACER, Y MÁS SI ES UN FILÓSOFO, ES MOSTRARNOS AQUELLO QUE NO SE VE, QUE ESTÁ OCULTO; LLEVAR A CABO UNA POIESIS DEL DESPERTAR, DEL DESVELAR, DEL DESENMASCARAR. DECIR LO QUE YA SABEMOS Y CON UN LENGUAJE POCO O NADA POÉTICO ES DESMERECER LA CRÍTICA, LA INTELIGENCIA Y NO DECIR NADA. LAMENTABLE LA DECADENCIA EN LA CUAL NOS MOVEMOS. Y EN TODOS LOS ORDENES. (granbillie@yahoo.com.ar)
03-05-2008 18:57:28 hs | guilleraffo escribió:
Estimado Tomas, hace bastante que no leia algo tuyo. Como siempre, tu pensamiento no decepciona. Entre tanta grandilocuencia, algo de buena y simple elocuencia airea las neuronas. Creo que tus observaciones sobre el pensamiento fatalista da una buena pista para encontrar el origen de algunos de los males nacionales. Por ejemplo, no te parece petulante llamar de ¨modelo¨ a todo y cualquier conjunto de medidas de coyuntura que den algun resultado positivo. Pero lo bautizan ¨modelo¨ como si hubieran descubierto la cura del cancer y después dividen a la sociedad entre los que están a favor y contra del supuesto ¨modelo¨. Y se niegan a reconocer los problemas porque en un modelo no hay problemas. Hasta que todo estalla, como en el ¨uno a uno¨.
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