Desde las
10.000 botellas de champaña vendidas en el hotel Carlton hasta las mansiones
alquiladas a
45.000 euros la quincena, pasando por las ventas en las boutiques de lujo, el maná
financiero del Festival de Cannes no cesa de aumentar pero
no todos los cannenses se benefician con él.
La facturación generada por el acontecimiento en 2007 alcanzó los
250 millones de euros, a comparar con un presupuesto de 20 millones, la mitad de
ellos de fondos públicos, indicó el Palacio de Festivales en vísperas de la 61 edición, que se
realizará del 14 al 25 de mayo.
Como la población de la ciudad se triplica durante el Festival, llegando a 200.000 personas,
los principales beneficiarios son los hoteleros, que proveen 7.500 habitaciones,
2.300 de ellas en establecimientos de lujo, y facturan en quince días el 15% de su cifra anual de
negocios.
El Festival "es el escaparate más bello posible", estima Michel Chevillon, director del Grand
Hotel Mercure Croisette Beach y presidente de la asociación local de hoteleros, que considera "muy
grandes" las repercusiones económicas de las dos anteriores ediciones. Pero la capacidad de
albergue de Cannes no basta y los hoteles de las otras localidades de la Costa Azul también reciben
a los participantes en el Festival, al igual que las agencias inmobiliarias que
alquilan residencias y apartamentos amueblados.
No obstante, las altas tarifas
impiden el lleno total, según Bruno Draillard, director de Cannes Accomodation,
agencia especializada en el alquiler de temporada. Cuando faltan sólo dos días para la apertura del
Festival "
todavía hay muchos departamentos disponibles. Cannes ha pasado a ser demasiado
caro", señala, ante el desfile de propietarios deseosos de alquilar sus viviendas a precio
de oro.
En esta agencia, un apartamento de
una sola pieza se
alquila entre 1.800 y 3.600 euros por la duración del Festival; por una casa con
jardín la tarifa puede alcanzar los 45.000 euros. Otros beneficiarios son los servicios de catering
y restauración que proveen a los hoteles y a las numerosas recepciones organizadas durante el
Festival. Con
4.000 cubiertos diarios, el hotel Carlton prevé servir cada día
800 kilos de langostas y bogavantes.
Durante todo el Festival se servirán asimismo
25 kilos de caviar, 10.000 botellas de champaña y
30 toneladas de frutas y verduras. El sector de las boutiques de lujo no se queda
atrás, dado que los festivaleros "
hacen sus compras entre proyección y proyección, sobre todo los productores, aunque mucho
menos las estrellas", explica Jean-Jacques Lottermoser, director comercial del Palacio de
Festivales.
Entre los que hacen su agosto en el Cannes de mayo, Lottermose cita al modista
Valentino y al joyero
Chopard (que fabrica la Palma de Oro). Las marcas que visten y enjoyan
gratuitamente a las estrellas para la subida de las célebres escalinatas de Cannes logran ganancias
sobre todo en términos de imagen: las fotos en las revistas del mundo bien valen algunos vestidos.
Pero no todos los actores de la economía local
están satisfechos con el festival y algunos de ellos lamentan que el
acontecimiento se haya transformado "
en un asunto de grandes sumas". "Nosotros perdemos entre 10% y 12% de la
facturación cada año ya que el festival es cada vez menos popular y festivo. Ha pasado a ser
demasiado elitista", afirma Noël Di Giovanni, presidente de la unión local de restauradores y
expendedores de bebidas.
"
Nuestros clientes lamentan la falta de contacto con las estrellas", explica. "Ese
mito de una edad de oro del festival ha existido siempre", responde David Lisnard, presidente del
Palacio de Festivales y vicealcalde de la ciudad a cargo del turismo. "Tenemos el primer festival
del mundo con un número de acreditados que aumenta cada año ¨Qué sería Cannes sin esa herramienta
de notoriedad?", argumenta.
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