El Dock del Plata, en Alicia Moreau de Justo 350, parece ser un edificio de oficinas común y
silvestre, como otros tantos en Puerto Madero. Hasta que uno sube al segundo piso y ve los sillones
extravagantes, la pantalla de plasma proyectando Google Earth, y los números de colores. ¿Es esto
una oficina? Algo así: es la nueva sede de Google en Buenos Aires.
El gigante de internet
llegó a Argentina en abril de 2007, pero recién comenzó a instalarse en su actual
ubicación hace un mes. Con la sola excusa de presentar los tres mil metros cuadrados de sus nuevas
instalaciones, el jueves abrieron sus puertas a los invitados.
"Siempre nos piden los números de Google. Ahora les voy a mostrar los números de Google",
anunció Alberto Arébalos, Director de Comunicaciones Corporativas y asuntos públicos de Google para
América Latina, antes de señalar unos coloridos almohadones con forma de números que poblaban todo
el edificio.
Sin embargo, de números no hablaron: apenas mencionó que allí
trabajan unas cien personas, 70% argentinos y el resto de distintas nacionalidades, cuyas
edades promedian los 25 años. Consultado sobre Google Enterprises (servicios corporativos
destinados a empresas), Arébalos contó que sí, que lo estaban vendiendo pero se negó a precisar
cuántos y quiénes son sus clientes.
"Es la primera vez que el tercer mundo sirve al primer mundo y están muy shockeados cuando
ven que lo hacemos bien" afirmó el mexicano Gonzalo Alonso, director General de Google para
Latinoamérica, que tomó la palabra tras formar el 69, ("mi número favorito", dijo) con las
almohadas numéricas. Y agregó:
“Dado el nivel de talento que encontramos en la Argentina no se descarta el
desarrollo de nuevas aplicaciones en estas oficinas”
Paseo por el paraíso (laboral). Tras la breve presentación, nos invitaron a
recorrer las instalaciones. Lo primero que salta a la vista es... todo. Parece increíble que sea un
lugar de trabajo. Pero lo es, y se nota en los amplios escritorios, con monitores planos enormes y
tecnología por todas partes, aunque estén decorados con monos de peluche y otros objetos
personales.
Hay siete salas de reuniones, cinco de ellas con
videoconferencia, distribuídas por todo el edificio con nombres de personajes de
historieta (Mafalda, Miguelito, Susanita, Gaturro, Clemente, Hijitus y Condorito). Aún así, muchos
empleados prefieren la informalidad de uno de los tantos mini-livings, con cómodos sillones que
pueblan el edificio.
A la hora de descansar, los googlers pueden ir a cualquier hora a la sala de juegos, que
cuenta con ping-pong, metegol, playstation y ajedrez. Si necesitan más relajación, pueden sentarse
en el
sillón masajeador o pedir una sesión de masajes (en silla o camilla) en el cuarto
destinado a ello. Además hay ducha y servicio de lavandería de toallas.
Para paliar el hambre, hay de todo: heladera con todas las bebidas, fruta, yogures, una
moderna máquina de café y leche, y surtido de golosinas propio de un quiosco: barras de cereales,
galletitas... Todo gratis, repartido entre dos kitchinettes y el comedor, que también oficia de
salón de eventos para 80 personas.
El edificio entero está conectado a internet inalámbrica (wi-fi) y decorado con
los colores y motivos de la empresa. Todo con la intención de generar un ambiente cálido y
amigable, que refleje imágen corporativa de Google y su cultura del trabajo abierta. Y lo cierto es
que lo logra: uno deja las oficinas con el innegable deseo de trabajar ahí.
(*) Redactor de Perfil.com