Escribí que lamento estar en un mundo concertado para intervenir –con su prédica y con sus
misiles– sobre todo lo que se resista a su “progreso” y a la universalización de
su modo de vida.
Mi comentario apareció el 3 de mayo en PERFIL. El lunes 5, Granma publicó una alarmante
reflexión de Castro sobre el intervencionismo yanqui y el relanzamiento de la IV Flota de Estados
Unidos destinada a “defender la seguridad” de las costas desde el Golfo de México hasta
esas masas de hielo que aquí llamamos nuestra Antártida y los chilenos llaman su “provincia
Antártica”*.
¡Justo Castro quejándose de intervenciones! El y Cuba siguen debiendo a América latina su
autocrítica sobre lo que entre 1960 y 1980 llamaron “solidaridad con los pueblos” y fue
una política de intervención mediante infiltración de agentes, provisión de armas y entrenamiento,
y, en algunos casos, de provocación y conducción activa de acciones militares.
Es fácil reconocerlo retrospectivamente, pero el error de aquel intervencionismo ya había
sido denunciado por la izquierda en los años sesenta: me refiero a documentos de fuentes tan
dispares como el trotskista Moreno y del maoísta Semán, cuyas críticas al guevarismo anticipaban la
derrota que diez años después terminarían celebrando las dictaduras y los protectorados
neoliberales.
Es justo reconocer que Cuba ha desactivado su aparato de intervención y habrá que ver si,
junto con el agua sucia del guevarismo de la bañera, no está tirando a la zanja del progreso y el
consumo al bebé de su experimento socialista.
Guevara buscaba “uno, dos, tres Vietnams” y sólo dejó un ícono y una larga cuenta
de muertos y fracaso. Ahora su consigna reaparece en las bravatas del presidente Chávez cuando
anuncia su disposición a intervenir en Bolivia si el presidente Morales no consigue resolver por su
cuenta el cisma de Santa Cruz de la Sierra. De inmediato, su colega Lula corrió a afirmar que
Chávez es el mejor presidente que ha tenido Venezuela en cien años, lo que no es improbable.
Chávez, Lula, Evo y Cristina tienen en común su desprecio por la historia. Refresquémosles: al cabo
de su victoria, el estado mayor del Vietcong estimó las bajas causadas por los diez años de furia
criminal del imperio entre cuatro y ocho millones de muertos. La cifra es vaga, pero en cualquier
caso se acerca al diez por ciento de la sufrida pero heroica población que desde petrocaracas se
propone como modelo para nuestros pueblos, que son sufridos pero más propensos al consumo que a
cualquier otra forma de heroísmo.
*La Real Academia Española no reconoce la expresión “antártida”.
En cambio indica la “provincia antártica chilena” como un ejemplo del uso del
adjetivo “antártica”.