Entrevista Diario Perfil  

Luisana Lopilato y Rodrigo Guirao Díaz, la nueva pareja de las tablas

En su primer trabajo juntos, el dúo hace un musical de Cenicienta dirigido por Alicia Zanca. En charla con Perfil, contaron cómo es la obra, y cómo se llevan entre sí.

Foto: Norberto Gardella.

Los dos posan sin problema para los flashes. Juegan entre ellos todo el tiempo, se miran con cara de enamorados a pedido de las cámaras y sueltan una risa nerviosa. Eso sí, para la sesión de fotos no habrá besos en la mano, ni en la mejilla ni mucho menos piquito por exigencia de sus managers. “Si quieren beso, que paguen la entrada”, dispara uno de los representantes.

Luisana, que hoy cumple sus 21 años, interpretará a Cenicienta, y Rodrigo Guirao Díaz al príncipe azul. Son los protagonistas de Princesa Cenicienta, el musical que escribió y dirige Alicia Zanca, basado en el clásico cuento infantil de Charles Perrault, y que se estrenará el viernes próximo en el teatro Astral.

En diálogo con Perfil, los jóvenes actores hablaron de las dificultades para armar sus personajes, de proyectos laborales, de su vida sentimental y de la relación que ambos mantienen arriba y abajo del escenario.

—¿Cuál fue el mayor desafío para encarnar a sus personajes?

Lopilato: Reconozco que todavía me cuesta manejar las manos cuando actúo en el teatro y por ese motivo utilizo un pañuelito en varios fragmentos de la obra. Ahora tengo ese recurso, que me salva bastante. Cuando actué el año pasado en Arlequín, servidor de dos patrones (también bajo la dirección de Alicia Zanca) tenía mucho miedo porque nunca había hecho una comedia teatral. Todos me advertían sobre mi postura, porque era mala y no sabía qué hacer con las manos y los pies.

Guirao Díaz: Yo estoy muy ansioso y nervioso, porque es la primera vez que protagonizo un musical en el teatro, así que estoy en etapa de mucho aprendizaje. Estoy incorporando todo lo que puedo. En mi caso, lo que más me cuesta es poder combinar el canto, el baile, la actuación y tocar la guitarra eléctrica al mismo tiempo arriba del escenario. No es fácil coordinar todo y tenés que saber llevar bien el mensaje al público, pero lo que es cierto es que mi personaje me divierte mucho. Es un príncipe muy rebelde, que quiere ser músico y anda tocando la guitarra todo el día.

L: Sí, ¡anda tocando la guitarrita eléctrica toooodo el día! No sabés cómo nos tiene a todos con la guitarrita (suelta una carcajada).

G.D: Bueno, la guitarrita es lo que menos me cuesta de todo, porque como sabía tocar de antes, le dedico menos ensayo. Lo que sí cuesta es tocar la guitarra junto a otras cinco actividades simultáneas (risas).

—Es la primera vez que trabajan juntos y se ven muy cómodos ¿Cómo funciona la dupla?

L: Nos divertimos todo el día. Nos conocíamos pero no habíamos trabajado juntos. Apenas comenzamos a ensayar la obra, estábamos duros y contracturados. Por suerte, con el trajín de los ensayos, las acrobacias y la risa de caernos más de una vez (se ríe), la rutina, el cansancio y el estrés fueron aflojando y la verdad es que ahora nos entendemos mucho y hemos logramos una gran química en el escenario.

G.D: Lo que ocurre es que ensayamos durante ocho horas diarias por casi dos meses, y es lógico que fuimos logrando más confianza en el otro. Pero no es sólo entre nosotros. Todo el elenco tiene muy buena onda y ya nos conocemos los códigos. Además organizamos juntadas fuera del horario laboral con el elenco y eso desestructura.

Lea la nota completa en la edición impresa de Perfil.

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