Sudáfrica vive la ola de violencia xenófoba más grande desde el fin del aparthaid, hace ya casi 14
años. La violencia está apuntado, sobre todo, contra los cientos de miles de ciudadanos oriundos de
Zimbabwe y Mozambique que viven en el país, y no contra está motorizada por el color de piel.
Enardecidos ciudadanos sudafricanos acusan a los extranjeros de sacarles trabajo (más del 40
por ciento de los sudafricanos son pobres) y de ser criminales, en uno de los países con mayor tasa
de crimen del mundo. La ola de odio xenófobo tuvo su punto máximo en la matanza de un hombre que
fue quemado vivo y cuya imagen fue reproducida por varios diarios, entre ellos el de mayor
prestigio del país, The Times (ver foto galería).
La violencia estalló en Johannesburgo y en una semana dejó al menos 22 muertos y cientos de
heridos, según el primer balance policial dado a conocer hoy. Diecinueve personas murieron sólo el
fin de semana.
Desde el comienzo de la persecución a extranjeros hace una semana, fueron detenidas 217
personas, pero la brutal violencia continuaba hoy. Unas cien viviendas fueron incendiadas.
La policía calificó la situación de muy tensa. En el barrio marginado de Jerusalem los
agentes fueron recibidos con munición pesada cuando quisieron impedir que unas 500 personas
saquearan tiendas de extranjeros.
La oposición al gobierno, en tanto, renovó su reclamo de que sean enviados militares a la
zona, dado que la policía ya no controla la situación.
Una iglesia metodista en el centro de la ciudad, en la que unos mil extranjeros asustados
buscaron refugio, fue atacada por hombres armados, según informó el obispo Paul Verryn. Sin
embargo, el ataque se frustró.
Las tiendas saqueadas, los coches incendiados y las barricadas determinan el paisaje en
muchos lugares de la ciudad. La organización Médicos sin Fronteras advirtió de que la ciudad corre
el riesgo de sumirse en una cat strofe humanitaria.
Testigos dieron cuenta de escenas horripilantes en el centro de Johannesburgo. Bandas armadas
rastrearon edificios de varias plantas en busca de extranjeros y tiraron a mujeres por las
ventanas. Un hombre se quemó vivo después de que una turba lo atara en medio de gritos a un colchón
que luego fue incendiado (ver foto galería).
Cientos de personas, presa del pánico, buscaron refugio en iglesias, centros sociales y
comisarías de policía. Los responsables de la ola de violencia acusan a los inmigrantes de
dedicarse al crimen y de arrebatarles puestos de trabajo a los sudafricanos.
Los disturbios comenzaron hace una semana en la barriada de Alexandra, donde unas 1.000
personas viven refugiadas en una comisaría de policía por temor a ser asesinadas.
La oleada de violencia xenófoba ha sido condenada por casi todos los sectores políticos y
sociales de Sudáfrica.
El presidente del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA), Jacob Zuma, destacó en
referencia al apoyo que su agrupación recibió del exterior en épocas del apartheid: "¡No podemos
permitir que Sudáfrica sea conocida como xenófoba!"
La Fundación Nelson Mandela lamentó los excesos. El primer presidente negro de Sudjfrica y
Premio Nobel de la Paz advirtió a la nación hace una semana de la "disociación destructiva". La
fundación infantil de Mandela apoyar a las víctimas de la violencia.
Fuente: AFP