La renuncia del ex gobernador Busti a la presidencia del PJ de Entre Ríos, en el contexto del mayor
conflicto rural de la historia que tiene a esa provincia como uno de los territorios más
combativos, fue algo inesperado, a pesar de las múltiples señales surgieron que desde el entorno
del ex mandatario.
La primera pauta del episodio lo dio su mujer, la diputada nacional Cristina Cremer de Busti,
quien el 21 de abril, en una reducida reunión con representantes del campo (monitoreada incluso
desde la Nación)
se disculpó por no haber participado de los cortes de ruta, asegurando que
“le hubiera gustado” hacerse presente.
El detonante que presagió todo fue cuando la esposa de Busti calificó como “confiscatorias” las retenciones defendidas a ultranza por
el gobierno de Cristina Kirchner, lo que
cayó muy mal en la Rosada. Lo que siguió es conocido: Busti rompió relaciones
con su delfín, el ahora gobernador Sergio Urribarri, y se acercó al campo, desoyendo la
orden nacional de no alinearse.
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