El conjuez federal de Rosario Jaime Belfer produjo esta semana, tan cargada de hechos complicados e
inquietantes, un fallo a cuyos fundamentos hay que prestarles atención. Este fallo se refiere a un
recurso de amparo presentado por los Dres. Fabio Cerrutti Saco y Sergio Bollatti a través del cual
un productor protestó contra la aplicación de las retenciones móviles. El juez concedió ese amparo,
por el cual el productor podrá exportar sin sufrir el descuento de esa imposición. En sus
fundamentos dijo, entre otras cosas, las siguientes:
“Las alícuotas variables al derecho de exportación de cereales, lo que se denomina
‘retenciones móviles’, establecidas por Resolución 125/08, son de naturaleza tributaria
en tanto, como derechos de exportación, se encuentran legisladas en el Código Aduanero bajo los
títulos de ‘Tributos regidos por la legislación aduanera’ y ‘Especie de
Tributos’ (sección IX, capítulo I respectivamente).”
“Confrontando la citada resolución con las disposiciones constitucionales pertinentes, se
advierte en principio, atento al carácter provisional de la cautelar (arts. 202 y 203 del Código de
Procedimientos en lo Civil y Comercial Nacional) que aquella viola estas últimas en cuanto al
funcionario competente para dictarlas.”
“La Constitución Nacional sancionada en 1994 ‘prohíbe la delegación legislativa en
el Poder Ejecutivo, salvo en materia determinada de administración o emergencia pública’
(art. 76), por lo cual lo referido a materia tributaria, al estar excluido de la salvedad, queda
prohibido al Poder Legislativo delegarlo en el Ejecutivo.”
“En armonía con esa disposición, el art. 99 inciso 3 de la misma Constitución expresa
que ‘el Poder Ejecutivo no podrá, en ningún caso, bajo pena de nulidad absoluta e insanable,
emitir disposiciones de carácter legislativo’ autorizándolo a dictar los denominados decretos
de necesidad y urgencia en circunstancias excepcionales, pero siempre que no se trate de normas que
regulen materia… tributaria.”
Los fundamentos de este fallo sirven para generar una reflexión que debería hacer no sólo el
campo sino también la sociedad toda. Tiene que ver con la calidad institucional. En efecto, cuando
hablamos de calidad institucional, la impresión que se percibe en la ciudadanía es que nos
referimos a algo abstracto que en nada modifica nuestra vida diaria. Recién nos damos cuenta de lo
que significa una buena o mala calidad institucional cuando sucede algo que altera nuestra realidad
cotidiana. Es lo que está pasando ahora. Cuando se discutieron los superpoderes por los que el
Congreso resignó su facultad de ser el poder que dictamina sobre la creación o modificación de
impuestos, hubo voces que llamaron la atención sobre los riesgos que ello significaba para la salud
de la República. Sin embargo, esas voces no fueron escuchadas. Ahora, muchos se están dando cuenta
de la importancia de esa advertencia ya que, si el Congreso hubiera retenido su potestad de
controlar el tema impositivo, el Poder Ejecutivo debería haber mandado un proyecto proponiendo las
retenciones móviles. Una vez entrado al Congreso, habría habido debate y análisis del tema en las
correspondientes comisiones, lo que hubiera permitido advertir los errores de esta resolución con
su consecuente modificación o anulación. Hasta el mismo Gobierno se habría beneficiado con esto.
Pero eso, lamentablemente, es lo que no ocurrió, y ahora la sociedad toda está pagando las
consecuencias.
Al Gobierno lo alteró profundamente el acto organizado por el sector agropecuario en Rosario.
La excusa para suspender la reunión, acordada para el lunes 26 con los representantes de las
entidades rurales, tuvo que ver con el tono de alguno de los discursos pronunciados al pie del
Monumento a la Bandera. En concreto, el que más molestó no fue tanto el de Alfredo De Angeli sino
el de Eduardo Buzzi, el presidente de la Federación Agraria Argentina. Es verdad que el suyo no fue
un buen discurso. Hubo allí algunas expresiones poco felices e imprudentes. El mismo Buzzi,
finalmente, lo reconoció. Ahora, de allí a que el Gobierno tomara eso como la razón por la que
canceló la reunión de ese lunes, es de una inconsistencia supina. Primero porque con ese criterio,
visto las cosas que se dicen en las tribunas y en las manifestaciones en el transcurso de cualquier
protesta, no habría posibilidad de negociación alguna en ningún conflicto. Segundo, porque cuando
se ejerce un cargo de alta responsabilidad en un gobierno, se debe pasar por sobre cualquiera de
esas circunstancias, ya que lo que se debe atender siempre primordialmente es la solución de las
disputas y el logro del bien común. Y, tercero, porque si la decisión de dialogar o no se basara
exclusivamente en los discursos dichos en una tribuna, muy pocos estarían dispuesto a sentarse,
siquiera, a tomar un café con el Gobierno debido a las ofensas y descalificaciones que son materia
común en los discursos del ex presidente en funciones cada vez que se para frente al atril o habla
en un acto público.
A partir de Rosario, el Gobierno, decididamente, ha buscado plantear esto como un problema de
gobernabilidad. El matrimonio presidencial cree que hay un plan de desestabilización.
Lo increíble de esto es que todo se hace a partir de un error. En efecto, confirmando lo que
había sido adelantado en esta columna el 27 de abril pasado, uno de los asistentes a aquella famosa
reunión con el Lic. Martín Lousteau confirmó lo dicho por el ex ministro de Economía quien, allí,
reconoció que las retenciones móviles habían sido una iniciativa suya para anteponerse a otra de
Guillermo Moreno. Este quería imponer retenciones fijas del 60% a las exportaciones de soja y
girasol. Además, Lousteau señaló que las retenciones móviles tenían errores matemáticos que las
hacían inaplicables.
La estrategia del Gobierno sigue los lineamientos de Néstor Kirchner. Con la suspensión del
diálogo, el lunes pasado, el objetivo fue el de empujar al campo al paro. Con las medidas
anunciadas el jueves, la idea fue la de avanzar con hechos consumados y buscar dividir el frente
interno del sector y ponerlo, de cara a la opinión pública, como el malo de la película.
“Ahora la idea es la de buscar el desgaste del campo. No habrá ninguna nueva
medida.” Estas son las expresiones que reflejan el pensamiento del matrimonio
presidencial.
Al día de hoy, se sabe que la dirigencia rural piensa en levantar el paro el próximo lunes.
Sin embargo, en muchos pueblos del interior hay bastante bronca y la gente quiere continuarlo hasta
el viernes.
El agrietamiento del frente interno del Gobierno, más allá de las demostraciones de poder que
viene haciendo el ex presidente en funciones desde la sede del Partido Justicialista, es fuerte. A
propósito, estos son días muy intensos para el Dr. Kirchner, y los que vienen lo serán aún más
debido al viaje de la Presidenta a Roma para participar de la reunión de la FAO. En esos días, el
ex presidente en funciones gobernará a pleno. De todas maneras su rutina diaria ya contempla eso.
Su jornada comienza temprano con llamados a distintos funcionarios de gobierno requiriendo
información y ordenando cursos de acción. Un detalle más. En principio, los gobernadores del
radicalismo K que aún persisten en la concertación tienen agendada una reunión con el Dr. Kirchner
para esta semana.
Los hechos de más repercusión que muestran el resquebrajamiento del frente interno del
Gobierno lo han representado las declaraciones del ex gobernador de Córdoba, José Manuel De la
Sota, quien habló de la metodología estalinista del justicialismo K, y la carta del senador
nacional por la provincia de Santa Fe, Carlos Reutemann. El, que es un productor sojero, es un
crítico de las retenciones móviles. Se le ocurrió ofrecerse como mediador entre el Gobierno y el
campo. Lo sacaron vendiendo almanaques. El ex piloto de Fórmula Uno ya tiene decidido que
presentará batalla en la interna del PJ de su provincia para enfrentar al alfil del Gobierno, el
jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi.
La situación dentro del bloque del oficialismo en la Cámara de Diputados de la provincia de
Buenos Aires es de máxima tensión. El grupo de legisladores que responde a Felipe Solá estuvo a
punto de no firmar una declaración del bloque del Frente para la Victoria de apoyo al Gobierno
nacional. Además, en el off-off, las paredes del Parlamento bonaerense son los testigos mudos de
las críticas crecientes a la Presidenta y al ex presidente en funciones por parte de la mayoría de
los legisladores oficialistas.
Sobre todo esto se ha montado la decisión del fiscal federal de San Nicolás, Juan Murray, de
detener y procesar a dirigentes políticos y rurales, y a chacareros que participaron de los cortes
en la ruta 9. Está claro que los cortes de ruta son ilegales. Esto es lo que dice la ley. Eso es
indiscutible. Ahora, la discrecionalidad con la que se aplica la ley es uno de los males de la
Argentina.
La medida ha generado sospechas en forma inmediata. El fiscal ha dicho que su accionar es
totalmente independiente del Gobierno. ¡Qué otra cosa podía decir! Tal vez sea así. Ahora, ¿cómo
creer esto cuando aquellos que responden al Gobierno y que cortan calles y rutas, toman comisarías
o hacen exhibición de armas nunca son molestados por la Justicia?
En estos conflictos se ven las bondades del estadista.
El estadista no busca vencer sino convencer.
El estadista busca la solución de los problemas y no su prolongación.
El estadista escucha y reconoce errores.
Evidentemente, ni Cristina Fernández de Kirchner ni Néstor Kirchner han sido dotados de estas
bondades. Penoso.
Producción periodística: Guido Baistrocchi