Murió Bernardo. Siento tristeza, quizá porque siento cierta cuota de ingratitud con quien me ha
formado y ayudado. Ni yo, ni muchos otros hubiésemos llegado a ser lo que somos sin Bernardo
Neustadt en el camino. El mismo tipo que hablaba del éxito y se amargaba con Racing. Que amaba el
sol, que se rascaba la oreja izquierda con la mano derecha por detrás de la cabeza en una extraña
pose. El mismo Bernardo Neustadt que manejaba sutilmente las palabras éxito y fracaso y daba
cátedras de cómo se un buen periodista si uno iba al cine. El Berni que le encantaba la polenta,
que se preguntaba por que acá no podemos hacer una buena mortadela, que se codeaba con el poder
hasta tal punto que un Presidente le condujo un programa de TV porque estaba internado. El mismo
Bernardo que recibía a los ministros en las oficinas de Defensa 570, segundo piso por
escalera, antes de asumir y antes de renunciar.
El Neustadt que te hacía trabajar la segunda semana de enero aunque no hubiese programa sólo
porque te pagaba el sueldo. El que te tachaba de fracasado porque se te había ido un invitado y el
que compulsaba listas con ideas de producción entre los colaboradores hasta hacernos matar entre
nosotros. El mismo Neustadt que se iba a jugar al tenis al Argentino, después de una maratónica
mañana de radio. El mismo Neustadt que usó el ministerio del Interior, con Manzano a la cabeza,
para buscar un perro dobernam perdido en un cumpleaños de su ex Claudia que festejó con fuegos de
antificio después de hacerle una campaña feroz al Tren de la Costa por sus molestos ruidos.
El Neustadt que iniciaba campañas cada mañana, el inquieto, que podía pedirle al poder la
apertura de un banco como el no cierre de una pista aérea, cerca de su casa en Uruguay. Un Neustadt
que le gustaban las chicas jóvenes y bellas. Un Neustadt que se confundía y cometía errores que
harían palidecer a cualquiera y que esos errores los capitalizaba como decirle a la esposa del
Gorbachov..."grande má!" en el éxito de Grande Pá. Un tipo que recibía a Yabrán en sus oficinas y
que nunca nos dijo quién era. El mismo que ante el atentado de Israel pedías a gritos en la radio
hablar con un judío importante como Norman Erlich, cuando tenías al segundo de la Mossad al aire,
que cortó. El Neustadt que entrevistó a Moshe Rabani antes de que se fuera del país, el de los
satélites con grandes figuras. El mismo Neustadt que supo bancarse la embestida de la periodista
progre que en su juventud había sido tu amante.
El Mismo. El contradictorio, el superficial, el efímero. El que le pedía que le inventaran un
programa para hablarle a la PC y que la máquina escribiera.El periodista que los ministros llamaban
y no los dejaba salir al aire, como a los Presidentes o los Miembros de la Corte. El Neustadt
que en el primer corte de Tiempo Nuevo llamaba a sus amigos para saber para qué lado iba. El
inseguro, el subjetivo, el apático, el inteligente y estratega. El Neustadt que daba una recompensa
para encontrar a una nena secuestrada, que hacía campañas para conseguir grandes y pequeñas cosas.
Un tipo rodeado muchas veces por mercaderes de mentiras. Un tipo que era mas fácil odiar que
querer, que tenía poder, en realidad era el poder en sí mismo.
Neustadt no saludaba por teléfono porque lo creía una perdida de tiempo, exigía información y
separaba a los productores en "de cama fría" y los de "cama caliente" y tenía de ambos porque creía
que le brindaríamos diferentes realidades. Se murió Bernardo, es una manera de decir, ya que estos
tipos no mueren así porque sí. Un Neustadt que sentía y no le importaba que el gremio al que
pertenecía lo rechazara, que tenía pequeños enconos y grandes amores, que armaba programas y
fabricaba realidades de las que estaba convencido, un Bernardo de la depresión por enamorarse de
alguien mas joven, un Neustadt que no era bondadoso en lo material, que contaba las mismas
historias y que el día que vio que en Caras se le veía un testículo llamó a Claudia al borde
de la carcajada. El mismo Neustadt que hizo cantar Lunita tucumana a un ministro de Defensa en el
piso de Tiempo Nuevo. Un Neustadt que se probaba ropa frente a los productores, que hacía radio
desde su casa con una bata, y que comía con la boca abierta... el mismo Neustadt que hacía radio y
mientras le respondían hablaba con otra persona por teléfono. El Bernardo que hacía una dieta a
base de banana, yogurt y galletitas y se lo ponía todo junto en la boca para no perder el tiempo.
El Neustadt amigo de gente que no pertenecía al medio. Recuerdo hoy esas listas interminables de
invitados para llamar a la mañana en la radio, listas con fibras gruesas color azul, en papel
blanco, casi inentendibles. Te rajaste Bernardo, con el golpe efectista de morirte el Día del
periodista. Te fuiste con tus frases cortas. Y te extrañará doña Rosa, seguro, porque aunque no
resistamos un poco, nos ayudaste a pensar.
* Ex productor...el de la "cama fria"