El lunes pasado, mientras las cacerolas sonaban de a miles por todo el país, en la Residencia de
Olivos sonaron las alarmas. Se estaba ante una situación extremadamente peligrosa para el gobierno
de los Kirchner y, también, para el país. ¿Qué de nuevo había pasado ese día? Muy simple y, a la
vez, muy terrible: la nueva irrupción de Luis D’Elía, con sus denuncias de golpismo sobre
Eduardo Duhalde, el campo y el Grupo Clarín a las que se agregó, nuevamente, un discurso de tono
intimidatorio e intolerante hacia los que piensan distinto que el Gobierno. La ciudadanía reaccionó
rápidamente y expresó, cacerola en mano, su hartazgo hacia esta metodología de confrontación que
constituye el modo de acción de los Kirchner.
Veníamos ya de un fin de semana complicado que había elevado la temperatura política del
país. La reconstrucción de los hechos ha permitido conocer mejor cuál fue el rol del
vicepresidente, Julio César Cleto Cobos, en esas horas.
Cobos venía viviendo todo este largo conflicto con creciente angustia. En los últimos
días hasta le costaba conciliar el sueño. Antes de hablar con al Presidenta, en la noche del
“caliente” sábado previo al Día del Padre, había recibido algunas sugerencias de cómo
moverse. Quienes transitan su intimidad aseguran que, entre los consultados, estuvo el ex
legislador mendocino de la UCR Raúl Baglini.
Cobos le transmitió a la Dra. Kirchner su idea de cómo salir de una situación que se
encaminaba a un callejón sin salida peligrosísimo. Esta idea tenía, como eje central, la entrada en
acción del desdibujado Congreso. La Presidenta quedó en contestar. Las crónicas de Olivos hablan de
alguna discusión entre los integrantes del matrimonio presidencial acerca de esta actitud del
ingeniero Cobos.
Lo cierto es que la respuesta fue positiva. Apareció entonces la famosa carta que, en la
noche del domingo, el vicepresidente envió a algunos medios y que generó muchas especulaciones
producto, entre otras cosas, de la falta de conocimiento que, a esas horas, había de la trama que
aquí estamos relatando. La realidad es que el matrimonio presidencial había sido anoticiado de la
carta aun cuando no de su contenido exacto.
El lunes la decisión de los Kirchner ya estaba pensada. Enviarían al Congreso un proyecto de
ley con la famosa resolución 125. De todas maneras el cacerolazo masivo del lunes por la noche
terminó de precipitar todo.
Asimismo, ese dí se produjo un fuerte cimbronazo en el interior del Partido Justicialista.
Las explosivas denuncias de Luis D’Elía, cuyo poder está directamente atado al poder
que le otorga el matrimonio presidencial, activaron otras alarmas. Fue entonces que varios
gobernadores kirchneristas terminaron de bajarse del acto del miércoles. Muchos intendentes del
conurbano bonaerense, que profesan hacia D’Elía un sentimiento que no es precisamente el del
afecto, hicieron saber de su descontento por el protagonismo que le confieren los Kirchner. El ex
presidente Eduardo Duhalde entendió que había llegado la hora de actuar en pos de comenzar a
trabajar un proyecto alternativo dentro del peronismo. Su idea, aparentemente, sería reunir a los
dispersos. En esa lista figuran Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, Carlos Reutemann, José Manuel De la
Sota, Ramón Puerta y hasta el mismísimo Carlos Menem. Es una tarea ardua. Tal mixtura tiene
aires borgeanos; es decir que, más que el amor, lo que los une es el espanto.
Al respecto, es muy interesante la relectura del discurso que pronunció el Dr. Duhalde en Mar
del Plata, el jueves pasado. Produjo allí definiciones de tono autocrítico hacia conductas del
justicialismo que pegaron fuerte y que marcaron una diferenciación muy importante con la postura de
la actual conducción del Partido Justicialista de hoy
día.
En el medio de todo esto ocurrió un hecho significativo sobre el que vale la pena detenerse
un momento. Fue la conferencia de prensa que el ex presidente en funciones dio el martes. Fue la
primera que dio desde que posó sus reales sobre la presidencia. Como gesto fue bienvenido aun
cuando su contenido permitió comprobar, una vez más, su marcada molestia hacia el ejercicio del
periodismo por parte de quienes con sus preguntas o apreciaciones lo incomodan. La reacción que
tuvo ante la pregunta del colega de Radio Continental y su referencia a los “fierros
mediáticos” constituyen una clara muestra de su visión conspirativa de la
prensa.
Ahora el Congreso
Las crisis –y esta situación generada por el conflicto entre el Gobierno y el campo lo
es– generan verdaderas oportunidades cuando se encaran las soluciones de fondo. Esta es la
expectativa que ha aparecido en la Argentina en las últimas 24 a 48 horas.
Veamos.
Una de las consecuencias de este conflicto ha sido darse cuenta, casi de la mañana a la
noche, de la importancia de las instituciones de la democracia. En este aspecto, el funcionamiento
adecuado de los tres poderes –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– constituye un núcleo
esencial. Esto ha sido, en general, un asunto de poco interés para buena parte de la sociedad
argentina. No hubo una reacción social generalizada, fuerte y rotunda cuando ocurrió el episodio
del diputado “trucho”.
No hubo, asimismo, mucha preocupación cuando se aumentó el número de miembros de los
integrantes de la Corte Suprema de Justicia para crear aquella “Corte de los Milagros”
del apogeo menemista.
Tampoco hubo mucha reacción cuando el gobierno de los Kirchner decidió, durante
bastante tiempo, no completar el número de miembros de la Corte para así dificultar el trabajo de
un cuerpo que, finalmente, había decidido actuar con la independencia que le confiere la
Constitución.
Y lo mismo debe decirse con relación al tan meneado tema de los superpoderes con que los
Kirchner se apoderaron de facultades que competen al Parlamento. Fue un tema que interesó a sólo
una parte de la ciudadanía.
La crisis de esta hora, pues, ha puesto el acento en el hecho de que es el Congreso el ámbito
institucional que tiene competencia sobre el tema impositivo –hecho sobre el cual ha
habido acuerdo de la mayoría de los constitucionalistas de prestigio de la Argentina. Por lo tanto,
el respeto a este precepto constitucional puede abrir la puerta a la solución del conflicto.
Fue por eso que, tras una primera bajada de línea desde el Poder Ejecutivo, en el sentido de
que el proyecto de ley debía tratarse a libro cerrado, es decir por sí o por no y sin ninguna
posibilidad de introducirle alguna modificación, generó el rechazo no sólo de la oposición sino
también de legisladores oficialistas que saben que, para mucha de las poblaciones a las que
representan, esto sería sencillamente inaceptable.
Buena muestra de esto fue la delegación de intendentes del sur de la provincia de Santa Fe,
entre los que había pertenecientes al Frente para la Victoria y a la Unión Cívica Radical, que se
llegó hasta Buenos Aires para reunirse con el jefe del bloque oficialista de la Cámara de
Diputados, el santafesino Agustín Rossi, a fin de hacerle saber que todos ellos se oponen a la
aprobación de las retenciones móviles.
“Esta es una gran oportunidad para rejerarquizar al Congreso y lograr su
revalorización tan alicaída después del asunto de las ‘coimas’ en el Senado por la
aprobación de la Ley de Flexibilización Laboral, allá por abril de 2000”, era un comentario
en el que coincidían legisladores tanto del oficialismo como de la oposición.
El campo debe aceptar las reglas de juego de la democracia. De aquí en más la discusión debe
dejar de hacerse en las rutas y llevarse a cabo en los ámbitos que da la institucionalidad. Si,
como se promete, el debate es amplio, deberá acatar la ley que de allí surja. Y, si esto no lo
satisficiera, quedará la vía de la Justicia.
Hay voces dentro del oficialismo que señalan que la Presidenta dio la instrucción de que
hubiera un debate amplio y plural sin condicionamientos. Otras voces, también dentro del
oficialismo, le atribuyen al ex presidente en funciones una conducta más intransigente y
confrontativa según la cual hay que aprobar la ley tal cual está y poner al campo de rodillas.
¿Cuál de estas posiciones será la verdadera?
Misceláneas de la semana
Los escraches constituyen actos cuya metodología es de neto corte nazi.
El escrache del cual fue víctima el diputado Agustín Rossi es repudiable. Estuvo muy bien la
Presidenta en señalarlo. Qué lamentable es que, a su vez, no haya repudiado los escraches que
llevan adelante algunas organizaciones afines al gobierno.
¿Cuánto salió y cómo se pagó el acto del miércoles en Plaza de Mayo?
¿Por qué se utilizó la Cadena Nacional de Radio y Televisión para difundir el discurso de la
Dra. Fernández de Kirchner en el acto del miércoles pasado que, según rezaba la convocatoria,
era organizado por el Frente para la Victoria?
¿Cómo se pagó la impresionante y agresiva campaña publicitaria de convocatoria al acto que
saturó el aire de las estaciones de radio y televisión durante casi tres días?
Estuvo bien la Presidenta en enorgullecerse de venir gobernando sin apelar a los decretos de
necesidad y urgencia. Pero, a su vez, convalidó el abuso que hizo Néstor Kirchner de este recurso.
¿Cómo se entiende esto?
¿Por qué los gobernadores del kirchnerismo se niegan a aceptar la convocatoria al diálogo del
vicepresidente Cobos?
La Presidenta defendió la legalidad de su proceder en el dictado de la resolución 125
basándose en un Código Aduanero que data de la época de la dictadura. ¿Esto no es contradictorio
con las posturas adoptadas por los Kirchner?
El Gobierno nos debe aún una explicación: ¿Por qué no se tomó esta decisión de enviar las
retenciones móviles al Congreso –cosa que fue aplaudida por los partidarios del Gobierno que
estaban en el Salón Blanco de la Casa Rosada el martes por la tarde– desde el vamos y nos
ahorró 100 días de angustia, malhumor, zozobra y tensión política? Es de esperar que la nueva
convocatoria de la Presidenta al agro, no nos introduzca otra vez en esos días para el olvido.
Producción periodística: Guido Baistrocchi