Cayetano nació en Buenos Aires en 1896. Su padre era alcohólico y golpeaba a su madre con frecuencia. Desde niño, maltrataba y mataba animales, con frialdad, como si fuera un juego. A los siete años comenzó a sacar a luz sus instintos asesinos: mediante engaños, llevó a un niño de 21 meses a un sitio baldío, donde lo golpeó y lo tiró sobre un montón de espinas, cuando fue encontrado por un vigilante.
Esa fue la metodología que utilizó desde entonces con niños a los que asesinó:
seducirlos, engañarlos y llevarlos a un lugar oculto para matarlos del modo más frío y
tenebroso. De los once intentos, sólo llegó a matar a cuatro chicos, porque el resto de
las veces fue descubierto.
Robledo Puch, en cambio, llegó a matar a once personas en un año. Y en vez de buscar a sus
víctimas sólo para matarlas, salía a cometer decenas de asaltos en los que nunca dejaba a alguien
vivo.
Su encanto, más bien, estuvo reservado para sus cómplices: Jorge Ibáñez primero,
Héctor Somoza después, amigos fieles a los que terminó matando también.
Robledo Puch, o el “Angel de la Muerte”, nació en 1952. Era un joven rubio,
flaquito, con aspecto angelical. Tanto, que costó creer que podía haber sido capaz de cometer los
crímenes que lo convirtieron en el mayor asesino serial del país. Era un joven
inteligente y seductor, aunque se sabía que padecía fuertes "problemas
familiares".
En sus andanzas con Ibáñez, su amistad terminó en un confuso episodio que terminó con la vida
de su amigo. Un día de agosto de 1972, ambos recorrían la avenida Cabildo en un Di Tella que era de
su padre. Robledo Puch tuvo un descuido y se estrellaron contra otro coche. Ibañez, que viajaba en
el asiento del acompañante, murió en el acto. Con una frialdad absoluta, Robledo Puch le sacó la
cédula a su amigo, se bajó del coche y se retiró a pie. Algunos dudaron, luego, de que Ibáñez
hubiera muerto en un tonto accidente.
Entonces, se alió con Somoza, con quien también cometió varios asaltos. Hasta que un día
entraron en un ferretería, y luego de rematar al vigilador (como siempre lo hacía), empezaron a
violentar la caja de caudales con un soplete. De pronto, Somoza abrazó a su amigo, y éste se dio
vuelta y lo mató de un tiro y le quemó la cara con el soplete. Después terminó de abrir el cofre,
recogió el botín y se fue.
Tanto Cayetano como Robledo Puch terminaron tras las rejas. Cayetano murió recluido y solo en
la prisión de Ushuaia en 1944, a causa de una hemorragia interna provocada por un proceso ulceroso
gastroduodenal. Robledo Puch, en cambio, continúa purgando en la cárcel la pena de reclusión
perpetua a la que fue condenado en 1980. A principio de este mes, la Justicia de San Isidro rechazó
el
pedido de libertad condicional que
había solicitado.
(*) redactora de
Perfil.com
Estimada redactora Lorena: El ¨Petiso Orejudo¨ se llamaba GODINO, no Rodino como está escrito en la nota.

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