Los Kirchner, la pareja que viene ocupando el centro de la política argentina desde hace cinco
años, acaban de sufrir su peor derrota. El campo les había ganado la opinión pública, la calle y
ahora acaba de vencerlos en el Senado, a través del voto decisivo del vicepresidente Julio Cobos,
que sacó así chapa de político expectante y restituyó valor al cargo que ocupa.
El resultado de la votación en el Senado muestra el grado de deterioro del kirchnerismo como
estilo político, una forma elitista (pocos toman decisiones que afectan a muchos) y discrecional
(de arriba hacia abajo) que tuvo sus años buenos durante el gobierno de Néstor Kirchner pero que
ahora, con un país que ha salido de la crisis económica y social, está fuera de época.
Hasta anoche, todos los analistas pensaban que el gobierno tenía los votos seguros para
aprobar en el Senado el proyecto de ley sobre las retenciones móviles. Eso no iba a solucionar el
conflicto con el campo pero le daría al oficialismo un poco más de aire, en una suerte de victoria
pírrica.
Pero, la derrota parlamentaria revela que el kirchnerismo estaba peor de lo que se pensaba.
Este acontecimiento abre las puertas a una crisis política, que puede derivar en problemas
económicos, pero que también se presenta como una oportunidad de adecuar la política a la nueva
realidad económica y social.
Es un
momento decisivo para Cristina Kirchner, en el que puede, finalmente, relanzar su
gobierno y desprenderse un poco de la tutela asfixiante de su marido. Puede, por ejemplo, ofrecer
una lectura realista del resultado e incluir en sus próximas decisiones las novedades que presenta
la crisis.
En primer lugar, la emergencia de un nuevo actor económico y social, y por lo tanto político,
que es el campo. Ha sido el motor fundamental de la sorprendente recuperación de la economía
argentina, pero no era reconocido como tal por el gobierno al punto que una medida clave en la
determinación de su rentabilidad fue tomada entre gallos y medianoche, litaralmente.
Ese nuevo actor llegó para quedarse, más allá de la simpatía que le despierte al gobierno.
En segundo lugar, reapareció el Congreso, que estaba dormido y
terminó canalizando el conflicto entre el gobierno y el campo gracias a una
iniciativa de Cobos. Esto es un salto de calidad institucional, superador del estilo kirchnerista.
Como lo es también la recuperación del valor del cargo de vicepresidente.
Terminó el estilo kirchnerista; puede nacer algo mejor.
*Editor del diario Perfil.