La crisis que afecta al sistema “K” de poder se manifiesta como crisis de confianza en
su capacidad de acción. Esta crisis se reveló en forma extrema en los últimos días en el campo
externo. La tasa riesgo país pasó a ser la más elevada de América latina. Las dos principales
calificadoras del riesgo del mundo (Standard & Poor’s y Moody’s) bajaron la
calificación de la deuda pública argentina, colocándola en el mismo nivel que Nicaragua y Belice,
sin que quede ya otro escalón por debajo, salvo el de los países en default, como Zimbawe.
La calificación negativa de ambas consultoras fue acompañada por el criterio unánimemente
crítico de los bancos de inversión de Wall Street (Lehman Brothers, Credit Suisse, Morgan Stanley,
Goldman Sachs), que subrayaron que la crisis es política y no económica. Según Goldman Sachs,
“tiene lugar en un país con superávits fiscales gemelos, que aún crece a tasas sólidas y
cuyas principales exportaciones han tenido un aumento significativo desde 2003”.
El aspecto político de la crisis fue enfatizado por Walter Molano, destacado analista
financiero de Wall Street: “Es muy difícil que un gobierno que pierde la confianza de la
sociedad pueda recuperarse… Desafortunadamente, los cambios bruscos de poder en la Argentina
tienden a ser caóticos. Esa es la razón por la cual los mercados anticipan un default aun cuando
los indicadores del país son consistentes”. Por eso, Molano estima que “ya no es una
cuestión de “si” los Kirchner serán derrocados, sino de “cuándo” lo
serán”.
La tasa riesgo-país de la Argentina mide con precisión la crisis de confianza en el actual
sistema de poder. El 7 de agosto, la tasa de referencia para los bonos argentinos (cotización de
los títulos del Tesoro norteamericano a diez años) era de 3,94%. Ese día, la Argentina pagó a
Venezuela una tasa del 15,5% anual (15,5% - 3,9% = 11,6%). Esta sobretasa del 11,6% se corresponde
con la tasa riesgo país en los días previos al “corralito” (diciembre de 2001), poco
antes de la declaración del default de la totalidad de la deuda pública.
En el plano interno, el cuestionamiento al sistema político se concentró en Guillermo Moreno
y en la credibilidad del INDEC. La novedad fue que esta vez las críticas provinieron de las propias
filas del oficialismo (Agustín Rossi, Patricia Vaca Narvaja, Carlos Kunkel, Guillermo Francos,
entre otros). Es notorio que el término “Guillermo Moreno” es sólo una metáfora para
referirse a Nestor Kirchner.
Esta generalización de las críticas al INDEC parece implicar una probable modificación de la
cultura cívica del país. Dicha cultura, forjada por una historia de sucesivas crisis de
legitimidad, reconoce escaso valor a las instituciones, sometidas a continuas cribas de
credibilidad. Es una nueva comprobación de que las categorías políticas tienen ante todo un
contenido polémico, surgido del conflicto político y como su consecuencia. (Carl Schmitt: El
concepto de lo político; Max Weber: La política como vocación).
Para Douglas North, las instituciones, formales e informales, son “las reglas de
juego” de la vida social. Su núcleo implica regularidad, previsibilidad y limitación de los
márgenes de la arbitrariedad estatal e individual. A su vez, la condición para esos requisitos en
una sociedad moderna –esto es, contractual–, como la Argentina, son las estadísticas
oficiales, en este caso el INDEC. La crisis desatada por la destrucción de la credibilidad del
INDEC ha derribado el último y más elemental sustento de la legitimidad institucional en la
Argentina.
Por eso, el conflicto entre la opinión pública y el sistema “K” de poder,
expresado ahora a través del cuestionamiento al INDEC, implica un renacer de la demanda de
institucionalidad en la Argentina.
No habría que descartar la posibilidad de que la sociedad argentina termine reconociendo a
Kirchner el enorme mérito de haber contribuido –contrario sensu– a una modificación
fundamental de su cultura cívica; gracias a él, y en el curso de este enfrentamiento, los
argentinos comienzan a redescubrir el valor de las instituciones.
Sería el mayor mérito histórico de Néstor Kirchner.
*Analista político.