La actual es la mayor crisis financiera internacional desde la Segunda Guerra Mundial. Pero no es
la primera crisis financiera desatada en el proceso de globalización surgido en las últimas tres
décadas (1973/79), ni será la última.
La novedad de la actual crisis financiera es que su epicentro está situado en la frontera del
sistema: Estados Unidos (32% del PBI mundial), y cuyo índice de aumento de la productividad
–indicador decisivo de las economías avanzadas en la actual fase de la globalización–
revela el grado de absorción y despliegue de la revolución tecnológica del procesamiento de la
información, que es allí dos y tres veces superior al resto del G-7 (Unión Europea y Japón).
La crisis financiera en EE.UU. no es más que la contracara –fase de contracción–
de la extraordinaria ola de liquidez que ha recibido la economía estadounidense en los últimos 15
años.
El año pasado, el superávit combinado de los 67 países que tienen superávit de cuenta
corriente alcanzó US$ 1,68 trillón (FMI). Sólo el superávit de los diez principales países
superavitarios representa 8% del PBI mundial. EE.UU. recibe 75% del ahorro mundial.
Entre 2003 y 2007, la economía norteamericana atrajo un flujo de capitales que ascendió a US$
7,8 trillones; y que se incrementó el año pasado en US$ 2,1 trillones. Los extranjeros han
invertido en EE.UU. un promedio de US$ 5 billones diarios en los últimos cinco años.
Esta gigantesca ola de inversiones no la decide la intencionalidad política de un país
determinado –p.e. China–, sino que son millones de individuos del mundo entero los que
deciden invertir en la economía norteamericana: 76% de las inversiones que ha recibido EE.UU. en
los últimos cinco años corresponde al sector privado, porcentaje que aumentó a 81% el año pasado
(Forbes, Kristin, J., “Why Do Foreigners Invest in the United States?”, Working Paper
Nº 13908, NBER, April 2008).
¿Por qué los inversores extranjeros invierten US$ 5 billones diarios en EE.UU., incluso, y
sobre todo, cuando la crisis financiera se agudiza, como sucede desde agosto 2007? Dice Alan
Greenspan (Greenspan, Alan, The Age of Turbulence, Penguin Press, 2007): “Es la tasa de
retorno relativa (ajustada por el riesgo de las inversiones) lo que constituye el factor crítico,
crucial, que empuja a elegir a EE.UU. como el país al que orientar el exceso de ahorro del resto
del mundo”.
¿Por qué el ahorro del “resto del mundo” –75% del total– se dirige a
EE.UU.? La respuesta de Greenspan es inequívoca: la superior productividad norteamericana
–2,7% anual promedio desde 1995 en adelante– es la que atrae la masa del ahorro mundial
(Bernanke, Ben S., “The Global Saving Glut and the U.S. Current Account Déficit”,
Speeches, Federal Reserve, 2005). Luego, la causa de la crisis financiera no está en EE.UU., sino
en Asia, y en primer lugar en China.
Entre 2000 y 2007, el stock de reservas mundiales aumentó US$ 5,2 trillones; más de 2/3 son
dólares estadounidenses o títulos del Tesoro norteamericano. La lección que los mercados
financieros internacionales parecen haber extraído de la crisis norteamericana es la necesidad de
aumentar la inversión en activos estadounidenses. Por eso el dólar se fortalece a medida que la
crisis se agrava, y la demanda por los títulos del Tesoro es la mayor de los últimos 20 años.
Si la causa de la crisis en EE.UU. es la ola de liquidez previa; y ésta, a su vez, es
resultado de la irrupción de los países emergentes en la economía mundial –Asia/Pacífico
(China) + exportadores de petróleo–, la cuestión decisiva, que permite establecer el marco de
lo posible y lo imposible de la actual crisis global son sólo dos indicadores y nada más que dos.
Uno es la productividad norteamericana; otro es la demanda asiática, sobre todo china. En los
primeros seis meses de este año la productividad en EE.UU. aumentó 3,3% anual, por encima del
producto; en tanto, el PBI chino creció 11,4% entre enero y junio de 2008. “Se proyecta que
el crecimiento en China se modere a 9,3% al concluir el año, previéndose que el aumento del consumo
y la sostenida fortaleza de la inversión (demanda interna) contrarresten la disminución de las
exportaciones” (World Economic Outlook 2008, IMF).
Si la productividad norteamericana y la demanda china son los indicadores decisivos de la
actual fase de la globalización del sistema capitalista, también fijan el marco de lo posible y de
lo imposible de la actual crisis financiera global. Si este análisis tiene algún vínculo con la
realidad de las cosas, habría que descartar que la actual crisis financiera internacional desate
una era de depresión global.