La educación secundaria desvela no solo a especialistas, funcionarios y estudiantes argentinos,
sino también a sus colegas de países de América Latina, en cuanto a su controvertido carácter
obligatorio en la mayoría de la región, y su aún inalcanzable meta de incluir a todos.
El ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, reiteró días pasados en un seminario
internacional de Educación Secundaria organizado por UNICEF de Argentina, ante especialistas
nacionales y extranjeros, que "la escuela secundaria argentina ya es obligatoria a partir de la
nueva ley de Educación Nacional".
Sin embargo, objetó nuevamente que el cumplimiento de la obligatoriedad dependerá de que en
el país estén dadas las condiciones de
"distribución equitativa de la riqueza y de justicia social, que garanticen a los padres
que sus hijos estarán 17 ó 18 años en la escuela y no serán enviados a trabajar
prematuramente".
Este aspecto que no está en manos de la educación, se replica en otros países como Brasil y
Chile, con algunos matices más específicos de acuerdo a sus realidades.
Se estima que en la región hay 35 millones de niños y adolescentes de entre 3 y 18 años
afuera del sistema escolar.
Si bien la escuela secundaria es obligatoria en la mayoría de los Estados, aún falta mucho
por hacer en cuanto a la inclusión de los grupos vulnerables como los estudiantes indígenas y
afrodescendientes, en materia de capacitación de los maestros y en inversión en infraestructura
escolar.
En general, directivos de UNICEF de los tres países, más los ministros de Educación presentes
y decenas de especialistas coincidieron que
la enseñanza es la garantía de "romper con la pobreza" de los jóvenes.
Sin embargo, el nudo de esta cuestión está centrado en qué educación se imparte; si el
aumento de los años de escolaridad obligatoria garantiza nuevas capacidades y manejo de nuevos
conocimientos o aprenden más de lo mismo; si incluyen a las nuevas tipologías adolescentes
(conocidas como tribus urbanas) y no menos importantes a las olvidadas etnias latinoamericanas.
En Argentina, las razones del abandono de la escuela media están distribuidas en partes
iguales: por razones socioeconómicas; por pérdida de la estima en los alumnos a quienes los hacen
repetir y por no aprender los nuevos conocimientos y tecnologías que hoy se requieren.
Esa fue una de las conclusiones a las que arribó la pedagoga Irene Kit, de la Asociación
"Educación para todos", quien presentó una experiencia en Formosa, una provincia que lidera la
deserción y el abandono en la escuela media.
"Los chicos dijeron mayormente que se desmoralizaban cuando repetían y terminaban
abandonando" dijo Kit y agregó que otros cuestionaron la deserción o repitencia "porque no nos
enseñaban lo importante".
En Chile, a pesar de que su ministra de Educación, Mónica Jiménez, destacó en el encuentro en
Buenos Aires que el "98 por ciento" de los jóvenes asiste a la escuela media, se mostró preocupada
por la falta de inclusión de las numerosas poblaciones indígenas que pueblan el país, entre ellos
un millón de mapuches.
Según el representante de UNICEF Brasil, Mario Volpi, la inclusión de los chicos en el
sistema educativo es más que ofertar una clase.
"No sólo hay que brindarles buenos contenidos en las aulas, también hay que asegurarles
medios de transporte para que puedan llegar al colegio, un ingreso mínimo para sus familias y
políticas complementarias que garanticen la inclusión con respeto a la diversidad", agregó.
Declaraciones más o menos, se acordó con preocupación en el Seminario Internacional que
completar la educación secundaria no garantiza la inclusión social, pero no terminarla es
un pase directo a la exclusión.
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