Un grupo de estudiantes de los últimos años de la secundaria con dos profesores de historia y
filosofía vinieron a verme para hablar sobre el tema de la violencia. En la misma semana he
recorrido varias comisiones de mi cátedra del Ciclo Básico Común, lo que me ha permitido conversar
con estudiantes de veinte años.
Los estudiantes secundarios provenían de varios colegios públicos de la provincia de Buenos
Aires. El problema de la violencia no les preocupaba. En realidad, creo que la consigna de sus
profesores era que debían mostrarse preocupados. Hicieron lo posible para demostrármelo y no les
salió mal. Pero en lugar de seguir con sus temas de preocupación, que más parecían derivarse de la
agenda mediática instalada cada semana que de sus vivencias personales, decidí replicarles con lo
que me preocupaba a mí en relación con ellos.
Esta inquietud la transmití luego en mis charlas en la UBA. Con respecto a la violencia les
dije que nadie puede creer que hay un genoma argentino que determine conductas violentas. La
violencia social deriva de la situación de exclusión social y marginación en la que viven cientos
de miles de jóvenes. La cifra se publica cada tanto en la prensa argentina y da cuenta de la
situación fuera del sistema escolar y laboral en la que se encuentra una parte sustancial de
nuestra juventud.
Es posible que los juegos de video game y las imágenes bélicas que les llegan a los
adolescentes y jóvenes también los alimenten con una cuota de agresividad que pueda manifestarse en
conductas de violencia; sin embargo, la proyección de una serie de imágenes es débil cuando hay
otras estructuras de contención sólidas y activas.
Querían hablarme de las tribus urbanas y respondí que no me interesaban. No me parecían ni
mal ni bien, simplemente no aportaban nada a la vida. Ropas, idolatría musical, estados de ánimo
prefabricados no me parecían mejor indicador de identidades que ser de Nueva Chicago o de San
Lorenzo. De todos modos, ellos no pertenecían a ninguna de estas tribus. Les pregunté si recordaban
alguna vez en sus más de diez años de escolarización si habían llegado a la noche, antes de
acostarse, cansados de haber estudiado durante el día. Si tenían en mente haber estado cinco horas
en silencio delante de un libro de estudio.
No tenían esa experiencia.
Quisieron saber cómo los veía, a ellos, a los adolescentes, les dije que a la intemperie. Los
profesores me preguntaron si la escuela era generadora de violencia. Les pedí que no me hicieran
ese tipo de preguntas. La escuela es generadora de conocimientos y una usina de aprendizaje, en
todo sentido, para saber escribir, leer, y un lugar de encuentros y relaciones sociales.
Los profesores me preguntaron si existía una violencia legítima como respuesta a otra
violencia. Nuevamente les pedí que fueran claros y se dejaran de ambigüedades y excusas. Hay que
condenar a la violencia y no pensar con coartadas nacidas de un sentimiento de culpa de clase tan
extendido en nuestra burguesía progresista. Nadie debe dejarse atacar físicamente y cualquiera
intentará defenderse, no se trataba de eso, sino de terminar con la continua búsqueda de motivos
que justifiquen actos de los que después son los primeros en lamentarse.
Vivimos en una sociedad de engaño. Los adultos de mi generación han diagramado una estafa
educativa en nombre de la solidaridad, de la justicia, y de otras banderas civilizatorias que han
convertido en trapos.
No se prepara a los jóvenes aún insertos en el dispositivo educativo para el mundo en el que
han de vivir. Los adolescentes no tienen la menor idea de que en la escuela pública, en el colegio,
y en la facultad, trabajan. Es un lugar de trabajo. Y lo es a pesar de que no pagan ni cobran
dinero. Pero esa gratuidad no debe ser un ocultamiento de que la función de la institución en la
que están tiene por objetivo principal prepararlos para ofrecer un servicio a la sociedad que a su
vez les permitirá llevar adelante sus vidas y realizar sus deseos. Nada les garantizará que lo
logren, pero sin los recursos del conocimiento y la laboriosidad que exige obtenerlos, de un día
para otro estarán en la calle sin un techo asegurado y sin ingresos que les permitan autonomía, y
sin una cabeza que pueda soportar disciplina y rutina. No todo es creatividad, y menos la
espontánea. Hemos, los de mi generación, inculcado a los jóvenes que estudiar no sirve porque los
títulos ya no garantizan un buen nivel de vida. Nos regocijamos en anunciar la muerte del sueño de
la antigua clase media. Y estos anuncios lo hacen y repiten representantes ilustrados que tienen
bien exhibidos sus diplomas.
Se han bajado los niveles de exigencia por razones de solidaridad con los estudiantes de
menos recursos, lo que en realidad es una forma de humillarlos. Utopías de la mentira les ocultan
que vivimos en un mundo competitivo, muchas veces cruel, y que probablemente para un lugar
disponible se presenten diez candidatos.
Los hemos debilitado para no incomodarnos y estamos siempre dispuestos a declamar pseudo
principios que al menos nos reconfortan de nuestros fracasos. No tenemos otra política educativa
que la de la mezquindad.
Los pibes efectivamente están en la intemperie. Adultos resentidos les adosan violencia,
pacos, superficialidad, ignorancia, vagancia, para así sentirse superiores y eternos. De los pibes
hay que ocuparse, lo deben hacer las madres, padres, maestros, profesores. Ocuparse es darles
nuestro tiempo y lo mejor de nosotros mismos.
Padres demagogos creen que dedicarse a ellos es formar parte del griterío por sus derechos y
de lo que se les adeuda, en lugar de hablar con ellos sobre qué deben dar y de la responsabilidad
que tienen por recibir educación gratuita.
Vivimos en una sociedad resignada. Todos parecemos estar de acuerdo en que no hay solución
para ninguno de nuestros problemas. El ministro de transportes de la Ciudad de Buenos Aires dice
que no hay solución para el caos vehicular. Se repite que no hay solución para la deserción escolar
y los niveles de enseñanza. No hay solución para los millones de indigentes. Sí hay retórica,
proclamas, que los mismos que las anuncian lo hacen para defender sus propios intereses, para
figurar como biempensantes y trepar un peldaño más en la escalera del poder.
Nadie quiere ser tremendista. Mejor es mentir. O, lo que es lo mismo, poner cara de
periodista agrio e indignado y retar a Dios y María Santísima.
A nadie le importa que los estudiantes ocupen facultades, pueden hacerlo meses. Los docentes
de la escuela pública pueden hacer huelga tras huelga. Se ha diagramado un sistema educativo en el
que las instituciones privadas con el treinta por ciento del aparato educativo general ofrecen lo
suficiente para los requerimientos de nuestro desarrollo económico. No es un plan explícito, sí es
implícito, basta dejar de hacer y permitir que todo siga como está.
Soluciones, claro, todo el mundo quiere soluciones. Lamento decir que no creo en ese pedido,
no se quieren soluciones. Los cambios tienen un costo, no rinden beneficios por un tiempo, siempre
se pierde algo.
¿Si quien aquí escribe tiene soluciones? Tengo un mensaje, se los digo hace veinticinco años
de actividad docente a los jóvenes, y a mis colegas: trabajemos, estudiemos, aprendamos,
investiguemos, hagamos nuestra tarea.
*Filósofo.
Comentarios a esta nota: 22
26-09-2008 11:58:41 hs | victoriaelt escribió:
A Piralef, como dato para mi, si me puede mandar los nombres de esos educadores de cuño marxistas, que escribieron libros y publicaron sobre educacion (los que hicieron escuela aca), y que accedieron a cargos. Me interesaria ver eso.
26-09-2008 10:56:40 hs | lilaj escribió:
Excelente su columna. Felicitaciones, fue un gusto leerla.
26-09-2008 09:49:00 hs | Benjamin escribió:
Casi coincidente con la recuperación democrática, se instaló en la sociedad la idea de que los derechos se anteponen a las obligaciones. Esta sensación de derechos sin responsabilidad se arraigó en los estudiantes, los empleados, los empresarios, los delincuentes,... y llegó hasta los mas altos dirigentes.
25-09-2008 10:01:33 hs | MPerez escribió:
responde al comentario de pineral, del 23-09-2008 15:29:07: ===>>> No es este el ámbito para filosofar o para mostrarnos qué tanta filosofía sabemos. De todas maneras, te recuerdo, amigo pineral, que el idealismo de Platón condujo a severos oscurantismos. Prefiero el realismo desencantado de Tucídides, y el pragmatismo de ciertos maestros taoístas chinos, que parten de saber lo que el hombre ES. Por otro lado, UTOPIA significa no-lugar, viene del griego ou topos (no lugar), es decir, a mi modesto entender, cada generación construye su expresión de deseos en un no-lugar, que está destinado a no-ser. Vamos a lo que está destinado a ser: EL DIA QUE LOS ADULTOS (Y JÓVENES ADULTOS DE 30 A 35) TENGAMOS LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE HACERLE ENTENDER A LOS CHICOS QUE VIENEN QUE EL REVERSO DE LOS DERECHOS SON LOS DEBERES, Y QUE EL REVERSO DE LA AUTORIDAD ES LA RESPONSABILIDAD, VAMOS A EMPEZAR A CAMBIAR DESDE LO POSIBLE, NO DESDE LA UTOPIA FACILISTA Y NEGADORA DE NUESTRAS REALIDADES. ES SIMPLE. SE NECESITA FIRMEZA Y CLARIDAD DE PENSAMIENTO. NADA MÁS.
24-09-2008 10:47:31 hs | maximilien1 escribió:
Tomás, brillante como siempre
23-09-2008 21:34:18 hs | piralef escribió:
responde al comentario de pineral, del 23-09-2008 15:29:07: ===>>> Coincido con vos, amigo. Es más: coincido con vos a la hora de relativizar y encuadrar las ¨grandes ideas¨ y las disciplinas ¨serias¨, que suelen ser utilizadas por aprendices de brujo para denostar y sentirse ¨superiores¨ (ergo, para ningunear) el pensamiento de la gente de a pie, como se dice.
Pero creo que las utopías se defienden en varios planos (diría incluso que lo de Fukuyama es un atentado a la política); con vos, coincido que se defienden defendiendo lo mínimo indispensable, que es la dignidad humana de cada persona. Agrego, que el ¨pensamiento¨ (suena soberbio, pero lejos está de mí la soberbia) debe servir para que el ¨portero¨ comience a salir de la mediocridad a la que se lo sometió. Pero para ello es necesario que un ¨buen libro¨ sea deseable; de lo contrario, se proseguirá indefinidamente su cosificación. Deberemos, pues, quienes amamos los ¨libros¨, encontrar el modo de volverlos apetecibles, tanto como los culos que muestra Tinelli. Saludos.
23-09-2008 15:29:07 hs | pineral escribió:
responde al comentario de piralef, del 23-09-2008 13:16:28: ===>>> Estimado amigo: no desprecio ni el saber ni a los pensadores.Al contrario,como no admirar a Platón,que nos enseñó que lo que la gente cree que es real son solo sombras (el famoso ¨mito de la caverna¨) y que es función del filósofo ver la realidad, es decir, salir de la caverna.Te imaginarás que en 1000 caracteres es imposible siquiera resumir temas tan complejos.Solo permitime agregar que la mayoría de los argentinos fue arrumbado en la mediocridad y condenados,pues, a vivir en la caverna; y que el sistema se encarga de que esa argentina amontonada como masa informe no piense,no razone,no analice críticamente la realidad,no cuestione,no vea el sol y se contente con las sombras como realidad inasible e inalterable.El mismo sistema que te califica como ¨utopía¨ cualquier sistema socialmente justo -es decir algo tan perfecto que es imposible de alcanzar- y que por ende la desigualdad social y sus consecuencias sociales son inherentes a esta época que marca el ¨fin de la historia¨.Pero...
23-09-2008 13:16:28 hs | piralef escribió:
responde al comentario de pineral, del 23-09-2008 12:04:04: ===>>> No, compañero, para saber no: para cambiar. Las disciplinas que enumerás son sólo herramientas de pensamiento y análisis, y, llegado el caso, de trabajo psicoterapéutico o psicoanalítico para lo que no anda en cada sujeto.
Para cambiar las cosas hace falta política; para que haya política hacen falta políticos. Para que haya políticos, hace falta gente con el mínimo de instrucción necesaria en temas varios que hacen al ser humano. Y para ello hacen falta filósofos, antropólogo, psicólogos, psicoanalistas, sociólogos, historiadores, etc, etc, etc. Solés despreciar a los pensadores; no sé bien por qué -aunque intuyo. Es claro que la República de Platón no funciona por pertenecer al mundo de las ideas. Pero de ahí a sólo valorar la praxis autómata, me parece que hay un trecho enorme. Saludos
23-09-2008 12:04:04 hs | pineral escribió:
Pertenezco a una generación que en los 70 se mataba a un policía colocándole una bomba debajo de su cama,y así se hacía la revolución.Otros hacían la revolución creando un Vietnam en Tucuman.Inmediatamente después la respuesta fue masacrar a quien pensara un poco distinto a la media normal(conforme cánones de nuestra santa iglesia y sus sucursales,entre ellas,las patrióticas fuerzas armadas)Llegó la democracia para comer,educar y sanar;terminando a los pocos años desnutridos,maleducados y enfermos.Y en los 90 la estocada final:desempleo,destrucción de lo poco que quedaba de nuestra industria,destrucción del aparato productivo,la droga y el alcohol como medio para anestesiar y controlar a la juventud,escaso presupuesto para educación,ramal que para ramal que cierra y miles de pueblos se extinguieron...¿Necesitamos muchos filósofos,antropólogos,sociólogos y psicologos para saber por que estamos como estamos? Creo que basta con tener un poquito de sentido común;ahí están las respuestas.
22-09-2008 15:04:43 hs | piralef escribió:
responde al comentario de victoriaelt, del 22-09-2008 10:22:35: ===>>> Si, la había entendido que cuando se refería al psicoanálisis lo hacía condensando todo lo ¨psi¨. De allí mi respuesta, donde intenté trasmitirle algo del psicoanálisis.
Coincido con ud. en lo referente a los padres. Y por lo siguiente: los padres tampoco quieren pagar ¨la libra de carne¨. Si un chico comete alguna falta, hay algo de responsabilidad de los padres en ello (aunque mayormente del chico). Pero estos padres reniegan de su responsabilidad en lo que ese chico es o hace, por eso gritan con sus hijos, quizás más violentamente. Pero ese grito no es un reclamo, sino que es la mejor forma que encontraron para no hacer nada como padres. Hay una caída de la autoridad paterna desde hace unos 60-70 años, cada vez más evidente. Y se manifiesta claramente en el ¨apoyo incondicional¨ a estos chicos tomadores de escuela. A veces me pregunto si no será otro modo de trasmitirles a esos chicos sus propias frustraciones (que ellos logren lo que sus padres no). Saludos.
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