Diario Perfil - El reportaje de Fontevecchia  

Habla la mayor especialista mundial en drogas

La doctora Nora Volkow contestó sobre todos los temas. La devastación causada por la metanfetamina, laboratorios que reemplazan al cultivo, marihuana más potente, alcohol, cocaína, vulnerabilidad, médicos en riesgo y hasta Freud, en una nota vital para saber que nos espera.

Foto: Juan Obregon

El director del diario Perfil, Jorge Fontevecchia,  realizó una larga entrevista a la  persona que más sabe de drogas en el mundo, la doctora Nora Volkow. Nacida en México, bisnieta de León Trotsky, dirige el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA) . Sus respuestas nos anticipan una realidad que demanda urgentes medidas de prevención, mucho más allá de los discursos políticos y los spots televisivos.Ofrecemos a continuación el reportaje:

Fontevecchia: Ud. obtuvo de universidades de todo el mundo decenas de doctorados honoris causa, premios y reconocimientos de todo tipo, por haber podido mostrar el daño que produce el consumo de drogas en el cerebro a través de neuroimágenes, y dirige el organismo que estudia la drogadicción con el mayor presupuesto del mundo; pero quienes no tienen su especialización precisan definiciones básicas, comenzando por la palabra “droga”: ¿hay buenas, como las medicinales, y malas? ¿Hay blandas y duras? ¿Son malas aquellas que producen efectos psicotóxicos? ¿O las que producen síndrome de abstinencia? ¿O de las que se puede abusar, como indicaría el nombre del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA)? Por ejemplo: ¿al no producir adicción, los alucinógenos quedan fuera del NIDA?

Volkow: La definición que se utiliza en el mundo científico es que aquellos compuestos que al usarlos pueden generar la compulsión en la toma es lo que se considera una droga de abuso. ¿Por qué la gente toma drogas? La idea es que esas drogas producen una sensación placentera, y es la razón número uno por la cual la mayor parte de la gente las toma. Pero hay drogas que no dan un estado placentero. Aquí es donde entran el LSD, el peyote o la mezcalina, que cambian la sensibilidad sensitiva de tal manera que los estímulos son percibidos de manera diferente, y eso da una experiencia diferente del mundo. Y hay gente que toma la droga por esa razón. Después, tiene drogas como el cigarrillo, que no necesariamente da un sentimiento de placer de manera inmediata. Pero lo que sí hace es permitir temporalmente concentrarse mejor, y puede pasar que alguien las consuma porque le ayuda a pensar o a concentrarse mejor. Pero estas drogas, las llamadas de abuso, con el uso repetido son las que pueden causar adicción. Porque hay otras que ayudan a concentrarse mejor, como el café, que no causan adicción. Lo que el instituto nuestro trabaja son todas esas drogas de abuso que pueden producir el uso compulsivo y la adicción. Y eso incluye drogas legales e ilegales. Y en cuanto a si hay drogas duras y suaves, es un concepto que a nuestra sociedad le gusta usar, porque tenemos necesidad de clasificar las cosas entre las que son malas y las no tan malas. Pero eso es muy arbitrario, porque depende de cómo responde cada persona. Tomemos una que se toma como suave: la marihuana. En los últimos años aumentó el número de gente adicta a la marihuana y aumentó significativamente el número que tiene reacciones psicóticas a la marihuana. No es que haya más gente tomando marihuana. Lo que pasa es que el contenido de tetrahidrocannabinoide, la sustancia psicoactiva que genera la sensación, aumentó considerablemente. En los 80 el contenido era del 2 por ciento, y ahora tiene entre el 6 y el 8. Por eso es relativo el concepto de las drogas duras y suaves. Cada uno puede tener una mejor o peor reacción frente a la droga. Tomemos otra: el alcohol. Es considerada suave y es legal. Pero si tiene los antecedentes genéticos que lo hacen vulnerable al alcoholismo, se vuelve una droga peligrosa.

—La revista “Newsweek” publicó en 1980 que la droga que se consumía era siete veces más potente que la que se encontraba disponible en Woodstock. ¿Cada generación consume una marihuana mucho más potente que la anterior?

—Hay marihuana que tiene un contenido altísimo, por ejemplo, del 15 o 16 por ciento. Pero a mí me gusta hablar del contenido promedio, y tener una perspectiva más conservadora. Entonces lo que puedo decir es que ha aumentado tres veces.

—¿Desde cuándo?

—Digamos que los últimos diez años.

—¿Y en las décadas anteriores, como ya se decía en 1980?

—Ha aumentado paulatinamente. Es como la agricultura: si tiene un producto que quiere mejorar, empieza a cultivar el que le da mejor.

—¿En la época de Woodstock la marihuana no producía efectos psicóticos, como sí la cocaína, pero la marihuana actual sí los produce?

—Siempre los ha producido. Depende de cuál es la concentración que le meten y cuál la sensibilidad del cerebro para las reacciones psicóticas. Puedo producir un cuadro psicótico o paranoico en cualquier persona si le doy dosis suficientemente altas.

—Las drogas de abuso aumentan sensiblemente la dopamina en el cuerpo, pero hay otros elementos altamente dopaminógenos que producen cambios importantes en el estado de ánimo, como el chocolate, con personas que se consideran adictas al chocolate, o el café. ¿Es una cuestión de dósis y aplicación? Leí una explicación suya en la que decía que si una persona se inyectara café en las venas tendría un efecto totalmente distinto al que produce su consumo bebido. Imagino que algo similar sucede con el té de marihuana. ¿Cuál es la frontera y cuál su relación con la dopamina?

—Nuestro cerebro no se desarrolló para consumir drogas. Está optimizado para asegurar la sobrevivencia del individuo y de la especie. La manera en que la naturaleza se asegura que nosotros actuemos como tenemos que actuar para sobrevivir es asociar las conductas adecuadas con la sensación de placer. Y esa sensación de placer crea una memoria que le va a hacer que quiera volver a repetir esa experiencia.


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