día de la lealtad en españa  

Cómo vive hoy Isabelita en su retiro madrileño

Ya no sale ni para ir a misa, recluida en su casa de Villanueva de la Cañada. Qué piensan los vecinos de "La Perona". Galería de fotos.
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Isabel Martinez de Perón no figura en la guía telefónica de España. Tampoco Maria Estela Martinez Cartas, su verdadero nombre, a pesar de que hace 27 años que vive aquí. No es que la ex Presidenta Argentina no tenga teléfono en su chalet de dos pisos ubicado en Villanueva de la Cañada, 30 kilómetros al oeste de Madrid, sino que es una de las tantas estrategias que diseñó desde hace un tiempo para alejarse del acoso de extraños.

Y tanto empeño puso en jugar a las escondidas, que no resulta fácil llegar a su domicilio desde hace 8 años. Dentro de un pequeño barrio privado llamado Mocha Chica, ubicado en la urbanización Villafranca del Castillo, unas 80 casas se disponen en cinco manzanas. Techos bajos y sobriedad. 

Entre dos portones; el que da a la calle pública se mantiene siempre cerrado y el que linda con el interior de la urbanización está semiabierto, aparece la calle Valle de Ulzama. Está asfaltada y no supera los trescientos metros de largo. Muere cuando se topa con el portón que nunca se abre. A mitad de cuadra, en la numeración 16, una edificación de aberturas blancas y techos de teja tiene sus ventanas a medio abrir. La propiedad tiene dos pisos, tres dormitorios, dos baños, un garaje y un jardín de invierno. Cuenta con 250m2 cubiertos y unos 1200 m2 de terreno.

Allí vive, aunque muchos le sigan el juego de simular su ausencia, la mujer que durante 632 días de violencia y locura gobernó nuestro país.  Un portero eléctrico es el primer obstáculo. Llevo una carta manuscrita solicitándole una entrevista. Estimo que jamás la leyó.

Mucama: ¿Si?
Perfil.com: Buenas tardes, ¿la señora Isabel se encuentra?
M: No, señor, está de viaje.
P: ¿Y cuándo regresa?
M: No le sabría decir. Está fuera de Madrid.
P: ¿Le podría dejar una carta?
M: Si, claro.
(Con la puerta entreabierta se asoma y reciba la carta)
P: ¿Ella está bien de salud?
Mucama: Si, tiene sus cositas de persona mayor, pero está bien.
P: ¿Cuánto hace que trabaja con ella?
Mucama: Llevo cinco años trabajando con ella y todo bien
P:  ¿Ella sale o está mayormente en su casa?
M: No, eso ya no le puedo decir
P:  No puede hablar
M: No es que no pueda, son cuestiones personales y no le voy a contestar
P: ¿Me promete que le va a entregar la carta?
M: Si señor, quédese tranquilo
P:  ¿Su nombre cuál es?
Piensa unos segundos, titubea y dice: “Mery”.

“Aunque pongáis un pote con jalea de frambuesa en la rotonda de la entrada, no volará una mosca de todos modos”, cuenta Pedro quien atiende la panadería del centro comercial El Castillo. La zona es residencial, algunos tienen sus casas de descanso, pero la mayoría vive en el lugar y trabajan en los pueblos aledaños o en Madrid. Los fines de semana hay mayor movimiento.

“La señora vive en el barrio de los valles, pero los más adinerados están del otro lado, donde las calles tienen nombre de castillos. En ese sector el valor de mercado de hoy puede rondar los 4 o 5 millones de euros.”  Pide resguardar su identidad y también evita ser grabado. Es el responsable de una inmobiliaria que tiene sus oficinas en el Centro comercial, a unos 400 metros del domicilio de “Isabelita”.

La misma fuente nos revela que la casa que compró Isabel a principios del año 2000, según afirma, con una hipoteca, le costó unos 250.000 euros. En aquel tiempo eran pesetas. “Tengo entendido que la cuota se la descuentan directamente del dinero que recibe de Argentina. No hizo mal negocio, señala, si uno saca cuentas hoy ese chalet se puede vender fácil entre 400 y 450 mil euros. Que alguien te lo compre es otra cosa”, y apunta a la crisis del sector inmobiliario y financiero en general, como uno de los motivos.

Los vecinos que la llaman “La Perona” no tienen especial simpatía por la ex mandataria e indican con exactitud como dar en la dirección exacta para llegar a su casa. “Varios vienen a preguntar por ella, es en vano, no habla, pero uno no tiene más que decirles donde vive.”  La mayoría tiende a protegerla con su silencio. Dan coordenadas contradictorias y a veces hasta desalientan la búsqueda. “No está en su casa, no va a poder dar con ella.”

Un señor de unos 40 años juega al fútbol con su hijo en el playón municipal. Se sorprende ante la pregunta y asegura con el ceño fruncido: “Estoy convencido de que no vive más aquí. Me han dicho que se mudó a la Urbanización El Escorial (a unos pocos kilómetros). Hace mucho tiempo ya que no se la ve.”  A pesar de los diferentes testimonios, nadie la ve.  Sus esporádicas salidas, a bordo de un Volvo plateado que conduce su chofer, son para ir a misa o para algún chequeo de salud en una clínica privada de Madrid.  La última vez que fue vista fue el 27 de Julio, en conmemoración de San Pantaleón. Aquel caluroso domingo asistió a la pequeña iglesia de la urbanización (foto), llevada por su chofer, aunque algunos lo identificaron como su guardaespaldas.

Mientras espera la resolución definitiva sobre su situación judicial, la viuda del General Perón, pasa sus días encerrada y sin visitas.  Aunque últimamente el ritmo de vida sea similar al que llevaba cuando estuvo presa en la Residencia El Mesidor, en la provincia de Neuquén, la atención que recibe es diferente. En aquel entonces su habitación del segundo piso no tenía calefacción, y cuentan que “Rosarito” su mucama de toda la vida, le llevaba por las noches una estufa eléctrica. Nadie puede asegurar si “Rosarito” continúa siendo su persona de máxima confianza.

Cerca del mediodía una señora de pelo rojizo pasea un caniche color negro por un descampado que está justo al frente de la casa de Isabel. Me acerco y le pregunto si trabaja para ella.
- No, señor. No se quien es usted.
- Soy periodista de Argentina. Sólo necesito que me diga si usted es empleada de la señora. ¿Usted es Rosario?
Agachó la cabeza, tironeó la soga que ataba al perro y se fue. Caminó una cuadra, dio la vuelta a la manzana y finalmente entró por la puerta de la calle Valle de Ulzama 16. No sabremos si era Rosarito, la histórica ama de llaves de Isabel, nativa de Andalucía, quien la acompaña desde la época que vivía en Puerta de Hierro junto a Perón y su “Lopecito”, el siniestro José López Rega. Pero sí sabemos que todo el personal de Isabel tiene estrictas indicaciones de no hablar con nadie. Ni con los vecinos.

Se sabe que tiene a su disposición un chofer, una mucama y una cocinera. La mucama de la mañana, quien dijo llamarse Mery, trabaja cinco horas al día. Pero su ama de llaves está “interna” y es la persona de máxima confianza. Es la supuesta “Rosarito”, que huyó cuando quisimos abordarla.

Luego de abandonar definitivamente la casa de Puerta de Hierro, que vendió en 1989 a una empresa constructora que terminó demoliéndola, Isabel se instaló en un departamento céntrico de la calle Moreto. Después vivió en varios lugares a las afueras de Madrid hasta que en el año 2000, otras fuentes hablan de algunos años antes, compró la casa en la que reside actualmente.

Muchas de las familias que viven en la residencial urbanización Villafranca del Castillo se enteraron de la existencia de esta “nueva vecina” cuando la prensa alborotó la tranquilidad del barrio. Fue en enero del año pasado cuando la guardia civil española la detuvo en su domicilio. Tenía pedido de captura internacional. El juez federal de San Rafael, Raúl Héctor Acosta, pedía la extradición a nuestro país para juzgarla por el secuestro y la desaparición de dos personas por parte de las Fuerzas Armadas y de seguridad durante su presidencia.  La Audiencia Nacional decidió no hacer lugar a la extradición al considerar que los delitos que se le acusan no son de lesa humanidad, por lo tanto han prescripto .

“Cuando se armó la pelotera por la extradición y todo ese rollo, no se la vio más. Antes salía poco, pero se la podía ver. Pero desde entonces, que los periodistas estuvieron dos días parados allí, no se la ha visto de nuevo”, cuenta la vendedora de una de las tiendas de ropa más grande del centro comercial El Castillo. No quiere dar su nombre y habla por lo bajo. “Hace mucho que no la veo. He oído por ahí que está muy enferma y que ya no sale. Antes venía acá, pasaba por el bar, iba al supermercado, compraba el periódico, siempre con su chofer. Pero ya no.”

“Nunca se sabe si está o no. Pero no es algo que nos importe. Aquí cada uno hace su vida, con mucha tranquilidad A mí me importa un pito que esté Isabel o esté Pepita Jiménez”, dice un chileno de barba blanca que hace 11 años vive en el barrio.

El exilio dorado. Atrás quedaron los años en los que tenía una intensa actividad social. Realizaba acciones benéficas y hasta asistía, esto dejó de ocurrir con el fin de la presidencia de Carlos Menem, a cócteles que la embajada argentina ofrecía en Madrid.  Cuando estaba de buen ánimo y su estado de salud lo permitía, su rutina incluía un paseo por el barrio. Nunca salía sola. O era llevada por el chofer en auto, o iba acompañada de su mucama. Realizaba algunas compras en el centro comercial, a escasos metros de su domicilio, buscaba el periódico y regresaba.  Para las compras de mayor importancia iba hasta Madrid. Aquellos viajes incluían alguna visita a la peluquería y al templo de las Descalzas Reales, su iglesia preferida.

Pero desde hace un tiempo a esta parte, su salud empeoró. Y ya no sale. Cuando uno pregunta a los vecinos del lugar cuánto hace que no la ven, largan un “Uff… mucho, mucho tiempo.” Dicen que se levanta temprano a la mañana. Según anteriores empleados que trabajaron temporalmente en la casa, la “patrona” hacía crucigramas, jugaba a las cartas y tejía. Ya no recibe visitas y sólo baja del segundo piso donde tiene su habitación a la hora de comer.

Los más informados aseguran que aún tiene contactos con la familia del Generalísimo Francisco Franco. Trabó amistad con Carmen Polo, esposa de Franco y con Pilar, la hermana del dictador, ambas fallecidas. Pilar fue una de las encargadas de traerla a España en 1981, una vez que la dictadura la dejó en libertad. Estuvo cinco años presa acusada de malversación de fondos públicos.

Se acuesta temprano. Las luces del interior del chalet se apagan a eso de las 10. Aunque muy pocos lo sepan, allí duerme quien fuera la primera mujer en presidir los destinos de un país latinoamericano.  A los 77 años, con problemas de tiroides, agravamiento en sus enfermedades de origen nervioso y una amnesia creciente, lo más seguro es que no se preocupe si los peronistas conmemoran el Día de la Lealtad.

Ya no lee diarios y baja de su dormitorio pocas veces al día. Sólo tiene fuerzas para ver como el tiempo pasa; ella lo contempla desde la más profunda soledad. Hace 27 años que las dos palabras que identifican a esta mujer en decadencia son el silencio y el ostracismo. Es el principio del fin de su exilio dorado. La ex bailarina ya no tiene quien la atosigue.

* especial para Perfil.com

 

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