“¡Regístrate! Es gratis y cualquiera puede unirse.” Con esa invitación, Facebook logró
convertirse en un fenómeno y superar los 130 millones de usuarios en lo que va de 2008. Pero no
todo son festejos en la red social más importante de Internet: cada vez con mayor frecuencia es
utilizada como escenario de delitos en todo el mundo. Justamente porque “cualquiera puede
unirse”, la plataforma virtual ha dado lugar a casos de extorsiones, falsificaciones,
pornografía y violaciones de la privacidad.
En Facebook cualquiera puede ver quiénes son nuestros conocidos y familiares, hay gente que
incluye sus preferencias políticas, el lugar donde trabaja, la universidad en la que estudió, y
hasta las películas que le gustan. “Sin ser alarmista, es fundamental tener en cuenta que
cada dato que una persona brinde en Internet puede ser utilizado con fines maliciosos. Por eso hay
que elegir el nivel máximo de privacidad”, recomienda Cristian Borghello, especialista en
seguridad informática.
“Para los chicos los riesgos son mayores, sobre todo si aceptan como contacto a
cualquiera. Existe gente que crea perfiles para distribuir pornografía, incluso infantil. Y a
diferencia de los sitios pornográficos ‘legales’, aquí no hay ninguna advertencia de
que se va a acceder a material prohibido para menores”, explica el jurista Raymond Orta,
especialista en nuevas tecnologías y director del portal Informática Forense. “En países como
Argentina, donde han sido frecuentes los secuestros virtuales, cuanta más información uno da sobre
sí mismo, más expuesto queda a este riesgo”, añade.
La Fundación Vía Libre se dedica, entre otras cosas, a concientizar sobre la importancia de
proteger los propios datos en Internet. La semana pasada organizaron una jornada “para
alertar contra la vigilancia y el avance en retención de datos que se están dando a veces
silenciosamente”, comenta a PERFIL Beatriz Busaniche, una de los miembros. Sobre Facebook,
Busaniche advierte: “Este tipo de modas, pensar que si no estás en Facebook no existís, es
muy dañino para los derechos como la intimidad y la protección de datos. Porque naturalizan que
entreguemos datos sensibles, que pueden ser usados con muchísimos fines que no conocemos. Por otro
lado, al ser servicios privados, en servidores que no controlamos y regidos por las leyes de otro
país, perdemos todo control sobre lo que allí publicamos”.
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