Sería raro que el señor de la foto haya visto Kung-Fu Panda, el exitazo 2008 de la productora
Dreamworks. Es posible que me estén traicionando ciertos prejuicios porteños pero, tras las
violentas destrezas exhibidas por este caballero frente al Congreso el miércoles 5, no puedo
imaginarlo sentadito en una cómoda butaca, de boina, camisa holgada, faja tejida y alpargatas sin
medias masticando pochoclo y emocionándose con la historia de Po, el regordete y torpe osito panda
predestinado a salvar al Valle de la Paz del malísimo felino Tai Lung, antiguo y descarriado
discípulo del Maestro Shifu.
Desconozco cómo se llama el hombre de bigotones y nutridas patillas que aparece ahí arriba, a
las patadas contra el cerco policial montado para que las huestes del entrerriano Alfredo De Angeli
no entraran al Palacio mientras los senadores aprobaban el Presupuesto 2009 por paliza: 48 a 14.
Tampoco sé cómo se llaman los piqueteros de la Corriente Clasista y Combativa que, detrás de la
primera fila de manifestantes encabezada por nuestro habilidoso chacarero, apuntaban a las cabezas
de los vigilantes de la Federal con extemporáneas gomeras. Sólo se sabe que, frustrada su misión y
con tres detenidos, los muchachos se unieron a la movilización convocada en el mismo momento por
partidos de la oposición contra la reestatización de los fondos previsionales. Y que unos y otros
podrían aprender mucho de filosofía básica si se alquilaran aquel DVD de dibujitos animados.
Entrenar mucho. Escuchar más. Respetar al rival como a uno mismo. Nunca usar la violencia para
transgredir la ley sino, sólo llegado el caso y en última instancia, en defensa propia. Meditar.
Construir desde la paciencia...
Hay que decirlo: la oposición volvió a perder el eje. Dormida en los laureles de la rutilante
pero pírrica victoria parlamentaria sobre la Resolución 125, no pudieron soportar que el
kirchnerismo –ayudado en gran medida por los disciplinantes temores que genera la crisis
económica– rearmara la tropa, sumara nuevos aliados y, en la madrugada del viernes, le pasara
por encima otra vez en sólo 24 horas en la votación de Diputados por el adiós a las AFJP. Fueron
162 a favor contra 75 en contra, pese a que muchos de estos últimos creen que el Estado debe
controlar esos fondos.
La confesión de Eduardo Buzzi en cuanto a que su misión en la vida es “desgastar”
a un gobierno votado en las urnas y la pelea de peluquería entre María América González y Patricia
Bullrich en pleno recinto fueron apenas dos señales de que el rival más duro de los
antikirchneristas no reside en Balcarce 50, sino en su propio patetismo. Buzzi hipotecó en un
exceso de protagonismo buena parte de esa imagen de racionalidad e inteligencia expuesta durante
los cuatro largos meses del conflicto agropecuario. Después se arrepintió, pero el autodaño estaba
hecho. María América y Patricia –que fueron aliadas y ahora queda claro que ni ellas sabían
para qué– lograron a los gritos pelados un milagro: que hasta los insultos de un provocador
vocacional como Carlos Kunkel quedaran arrinconados en los recuadritos de color de las coberturas
periodísticas de la sesión.
Sonaba bastante lógico que, con casi un año de segundo mandato encima y las elecciones del
año que viene a la vista, las sucesivas movidas del matrimonio K generaran cada vez más masa
crítica opositora. Conversaciones. Propuestas. Estrategias. Ganas, en fin. Que, como en las artes
marciales, se aprovechara la fuerza del otro para convertirla en fuerza propia. Algo muy distinto a
combatir locura con locura o a rechazar las acusaciones de traición a masalva con la búsqueda de
traidores abajo de la cama. Suena ilógico que, en esa misma circunstancia, sean los opositores
quienes, con una suma de desaciertos, regeneren masa crítica oficialista. Es lo que sucedió en la
vida real, sin embargo.
Les anda faltando músculo y autoestima. Les sobra grasa. Están como Po, el dibujito de
Kung-Fu Panda, aunque enojados al extremo, ensimismados y presos de minúsculas mezquindades. El
miércoles, frente al Congreso, los representó Kung-Fu Pampa.