"Si no se puede sacar un hombre de encima, no me sirve", dijo el jueves Diego Maradona por TV en referencia a Juan Román Riquelme. Como se ve, nada grave. Aunque todo es posible en el fútbol argentino. Inclusive, que una respuesta franca e inofensiva como esa desate la renuncia de un jugador al Seleccionado y se convierta en eje de una terrible polémica. ¿Inexplicable? No, ni mucho menos.
Ya desde hace un buen tiempo, de hecho, el ambiente futbolístico local parece un reservorio de prácticas cuasimafiosas, tanto por parte de dirigentes como de técnicos y jugadores. Y una -sólo una- de las expresiones de esa "cultura" son los viejos y remanidos "códigos del fútbol" que, al estilo de la omertá italiana, los protagonistas de este deporte parecen tener que respetar so pena de sufrir la eterna condena de colegas, subordinados y hasta periodistas cómplices.
Si el enganche de Boca eligió el término "códigos" para justificar su autodesafectación, justamente, ello no fue casual ni mucho menos sino una decisión muy meditada, que remite claramente a un pasado que, a menudo, le hizo confundir esa palabra con "prebendas" o "poder plenipotenciario". Algo que explica, además, los constantes roces que el enganche ha tenido con compañeros en Boca y la Selección, así como su traumática salida del Villarreal de España.
Ocurre que una cosa es decir, y otra muy distinta hacer. Y son muy pocos realmente quienes cumplen en el fútbol argentino con esos “códigos” que tanto pregonan, lo que por supuesto no resulta fácil en un ámbito lleno de “estrellitas” y en el que todo parece justificarse con tal de ganar.
Así, los “códigos” se convierten en un arma de doble filo, ya que no puede pedir que se los respete a rajatabla quien, por ejemplo, no da todo en un entrenamiento por considerarse intocable, o cree que no puede pedírsele un modo de juego diferente por sus veleidades de crack.
En este sentido, tanto Maradona como Riquelme no habrían cumplido con los códigos en cuestión. El seleccionador, por haber dicho “puertas afuera” del vestuario lo que solamente puede decirse cara a cara según el “manual” de técnicos como Carlos Bianchi o Alfio Basile, con quienes no casualmente Riquelme rindió tanto. Y el futbolista, por haber mostrado un fastidio excesivo ante una exigencia que, en definitiva, el DT tiene todo el derecho del mundo a hacer.
Cabe recordar que, en su momento, fue algo similar lo que motivó el enfrentamiento de Riquelme con el técnico chileno Manuel Pellegrini en España, donde el jugador de Boca ya había fracasado en el Barcelona antes de llegar al Villarreal justamente por su poca tolerancia a las exigencias de técnicos muy respetuosos de las formas, pero conscientes de la necesidad de pedir un mínimo de esfuerzo necesario para el fútbol europeo a cualquier dirigido por figura que fuese.
Claro que en España, así como en la mayor parte del orbe futbolístico, el trato entre entrenadores y futbolistas es muy distinto, por lo que no existen los mismos márgenes que aquí para esos “códigos” tan cercanos a la idiosincrasia argentina. Ni tampoco, para que jugadores como Riquelme se consideren “estrellitas intocables” o tengan técnicos que los traten así, más allá de que necesiten ser “mimados” como evidentemente lo necesita el diez de Boca.
Antes de hablar de “códigos”, en definitiva, Riquelme debiera pensar qué hizo para que sus hasta hace poco compañeros del Seleccionado cantaran “estamos todos, no llamen más” luego de vencer recientemente a Francia en Marsella. Así, tal vez podría darse cuenta de que él fue quien primero quebrantó esas leyes no escritas de las que tanto habla. Y que, por ende, lejos de mostrarse como su guardián debería relajarse un poco, hablar menos... y jugar más.
(*) redactor de Perfil.com
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