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Lucila Polak, la novia porteña de Al Pacino: "Junto a él crecí como persona"

Se conocieron en 2005 y llevan 2 años de romance. Ella quiere traerlo a Buenos Aires. Galería de imágenes.

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Acaba de llegar a la casa familiar en Palermo y aunque ella diga que sí, el cansancio de las 17 horas de vuelo no hacen que su belleza se opaque, aunque aparezca a cara lavada. Sencilla, Lucila Polak habla con mucha naturalidad –y un dejo de acento norteamericano– de su novio, aunque para el resto de los mortales se trate de uno de los mejores actores del mundo. Es que hace dos años está saliendo con Al Pacino. Pero ella está acostumbrada a la gente célebre: entre otros, en su casa siempre estaba su “abuelo postizo”, el ex presidente Raúl Alfonsín, ya que su padre, Federico Polak, fue uno de sus voceros.

A pesar de que hizo el intento de seguir la carrera de Derecho sólo para complacer a los suyos, “Luli” rumbeó para otro lado. Primero fue modelo de Pancho Dotto, “sólo porque a papá le molestaba”. Después, se mudó a Los Angeles por amor: conoció al modelo argentino Máximo Morrone –quien se consagró en el exterior y hoy se dedica la fotografía– y tras dos semanas de romance se instaló con él en los Estados Unidos. De ese matrimonio que duró nueve años le quedó un eterno amigo y Camila, una hija de 11 años fresca y simpática como su madre. Bajo su nombre artístico, Lucila Solá, hoy está dedicada a desarrollar su carrera como actriz y en julio empieza a rodar una película escrita por Enrique Torres y dirigida por Nicolás del Boca, cuñado y padre de Andrea, respectivamente.

—¿Cómo conociste a Al Pacino?

—A mi novio lo conocí a través de amigos en común, en una cena, hace cuatro años.

—¿No enloqueciste cuando lo viste ahí?

—Lo vi y nos pusimos a hablar, pero pensé: “Este me va a traer problemas, no es para mí, es un actor, no, no, no y no”; no quería saber nada, así que fuimos amigos durante dos años. El tiene hijos mellizos y yo una hija, nos pusimos a charlar de eso y como los dos estábamos solos los fines de semana con los chicos, me invitaba a ir al cine con ellos o me llamaba y me decía: “Vénganse a comer a casa con Cami”. Familieros, estabamos todos los domingos en la casa de Al.

—Todo con los chicos, cero romance.

—Es que no venía por ahí. Quizá en un principio sí, pero después nos hicimos amigos; los dos estábamos con alguien. Después, pasó que estábamos solos y tras dos años de amistad, se dio lo que se dio. Pero él es una persona tan privada en su vida, tan tímido, que yo tengo que cuidarlo.

Lea la nota completa en la edición de hoy del Diario Perfil.

 

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