Para los que hablan el español de la Argentina, “feria” es un lugar del espacio público, donde, renunciando a los costos de instalación y a alguno que otro lujo, los vendedores entregan la misma calidad a menor precio.
La idea popular de “feria” promete un contacto directo entre el productor y el consumidor: nunca falta quien piensa que ese señor que exhibe sus huevitos estuvo ayer dándole de comer afectuosamente a las coquetas ponedoras. Por si alguno llegase a sospechar que la Feria del Libro no es una feria, estuvieron durante un cuarto de siglo promoviéndola con el slogan “Del autor al lector”.
La Feria del Libro es un lugar privado donde se paga para exhibir ante un público que paga para entrar. La Feria es un tradicional truco llamado by-pass en los manuales de marketing; “puenteo” en el español que se usa aquí. En la supuesta “feria”, la industria liquida stocks a precios de mercado. Esquivando comisiones de vendedores, márgenes de libreros y distribuidores y facturando al contado, el industrial recibe por un libro vendido en la Feria entre el doble y el cuádruple de lo que obtiene por su venta en librerías.
Una editorial tipo, que opera con un margen de ganancia del diez por ciento, un margen minorista del treinta y cinco, y un costo de distribución del quince y un plazo de cobranza de sesenta días, cuando cobra al contado su venta en la Feria encuentra cuadruplicadas sus ganancias o duplicadas, si se pondera que debe tributar rentas al dueño del espacio ferial y pagar por los refuerzos de personal que algunos expositores contratan para el evento.
Para justificar su truco comercial, la organización que pilotea la Feria cuenta con el apoyo de los medios masivos, siempre entusiastas para alentar cualquier patraña que huela a plata dulce. La organización también cuenta con el Estado, a cuyas autoridades convida y agasaja, y, cuando aún no han perdido su carisma como Cristina, Néstor y Mauricio, les habilita un espacio sociable donde simular proximidad con los ciudadanos y aparentar afinidad con la creación de cultura.
Los libreros se resignan y, en la escala de sus posibilidades, alquilan stands y tributan al predio ferial. El autor concede. Total, cobra lo mismo por cada libro vendido aquí o allí: del ocho al diez por ciento del precio. La Feria le recuerda lo que es: apenas uno entre muchísimos, pero concurre, posa, oye su nombre repetido por el altavoz mientras firma ejemplares, y de repente alguien lo reconoce, lo aplaude o la saluda. Algo es algo y siempre es más que la nada que uno en el fondo merece.
La Feria del Libro es todo eso, es cierto. Pero vean el lado bueno: están muy lindas las promotoras.
Qué buena nota, Fog. Mientras visitaba la Feria en Bs As, me desvalijaron la casa en la ¨tranquila¨ llanura pampeana. Robaron notebook y todos mis archivos-incluyendo las direcciones de mails de amigos y enemigos-, por eso te mando saludo desde acá. Ese mismo finde, llevaba en PD un librito para niños a una editorial. No te salvarás de eso, en junio estará en la calle ¨ Caramelos sueltos¨ que leerás a tus hijos exquisitos...Piquillin de la Orilla.
Soy mecánico, electricista y algunos 5 o 6 oficios ¨complementarios¨... alguna que otra vez tipógrafo o impresor. Lo que Rodolfo Fogwill dice del Estado es lo que hay, y lo que hay vale también para ciertos desiertos autores, libreros, productores e intermedierios anque promotoras/es.
Hace uno o dos años asomé medio cuerpo a la ¨Feria¨ Del libro de mi ciudad y mi pedazo hizo tal contraste con la pose bobbetta de todos y cada uno que inconsientemente reconocieron en mí a alguien que no se condecía con el ¨nivel Rial¨ pero menos sincero que se percibía. Entonces mi mitad aún fuera hizo lo necesario para sacar fuera mi parte ya ingresada y convencerme de no volver nunca más.
Ya lejos de allí respiré profundamente, aliviado y conciente de haber zafado de ser parte en algo que no existe. Los verdaderos autores que allí concurren, tiene de mí una admiración del calibre de la que tenemos por los goles del Diego o Messi.
Fogwill redefine nuevamente el idioma, lo ensancha y lo achica en un único movimiento. Fogwill parte de una aseveración difícil de admitir y hasta yo me vi sorprendido al leerla: La Feria no es una feria. Pero FOgwill -y sólo Fogwill debo añadir- bucea en las etimologías más profundas y retoma significaciones que asume como argentinas sin más bibliografía que su propio ingenio porque, ¿qué biblioteca más amplia hay en el mundo? ¿No es acaso Fogwill un defensor de que hay que leer poco? Si Fogwill hubiese leído el diccionario de la Real Academia, quizás no hubiese encontrado su definición. pero ¿es por eso menos cierta? por supuesto que no. La definición de Fogwill es, entonces, también una postura ante un imperialismo idiomático (la más importante desde la renuncia de Gutiérrez a formar parte de la Academia) además de un retomar de la medieval lucha de los universales. Sólo tenemos el nombre de la Feria. tal la verdad que oculta esta columna. Se sabe, si Fogwill lo dice...
responde al comentario de oibusev, del 02-05-2009 15:31:25: ===>>> Sin duda, mi estimado amigo, que su libro de cabecera sigue siendo desde siempre el inolvidable Upa. Así se explica porque Ud. minimiza el asesoriamiento que aún hoy prestan los pocos libreros que quedan. Solo a un analfabeto se le puede ocurrir que un hombre con el sano vicio de leer, entre a una librería y diga ¨necisito un libro¨; no mi estimado iletrado, quien entra a una librería sabe lo que quiere, o cree saber lo que quiere. Y es aquí donde deviene imprescindible la presencia del verdadero librero; el que te dice que comprés la 3ra. edición de determinado libro, porque es la que tiene la mejor traducción;o el que ante el pedido de determinada obra te pregunta si ya leiste tal otra, ya que resulta imprescindible para entender aquella. En fin, cosas que evidentemente le son tan extrañas a Ud., como las carreras de caballos para mí. Y envidio su condición de baboso, ya que después de todo es normal que quien no lee, pierda su tiempo mirando colas.
¡Qué espanto, Belgra, ¨libreros que atendían asesorando al público¨!
-Necesito un libro...
-Como para usted?
-Bueno..., no es para mí, pero para alguien parecido...
-Vale decir un retardado. Lleve éste, que es caro y choto; ayer se lo llevé a mi señora, que se cagó de gusto...
¨Es un asco ver a chicas muy lindas y atractivas...¨ ¡Trolín!
La primera Feria del Libro tuvo las caractarísticas que muy bien señala Fogwill como propias de un ¨feria¨ genuina: entrada gratuita, puestos hechos a pulmón, libreros que atendían asesorando al público.Con el tiempo se fue transformando para mal,hasta que cayó bajo las garras del Grupo Clarín,y hoy hasta tiene el patrocinio de Ñ, la revista ¨cooltural¨ de Clarín.Hoy la feria es una galería de vanidades, donde Andahazi calienta a viejas chotas con sus libros sexuales,en esta oportunidad contando como hacía el amor Saavedra y la cantidad de orgasmos que lograba el gran sanjuanino,o Stamateas nos enseña como ser felices a partir de nuestra congénita pelotudez.Es un asco ver a chicas muy lindas y atractivas en los stand diseñados en Francia,que solo atraen a los babosos que con la excusa de hojear un libro,en realidad disfrutan viéndole el traste.En todo caso,si algún gil paga la entrada y va a esta mega exposición,visite los puestos más chiquitos y ubicados en los márgenes de la feria.
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