Al redactarse estas líneas la jornada electoral ha concluido, pero el veredicto de las urnas
sigue despertando incertidumbres mayores. Si algo está claro es que la ciudadanía votó repartiendo
el voto, evitando la formación de mayorías claras. Todas las tendencias conocidas ratifican lo que
se venía previendo, y sobre todo la paridad sustancial entre muchas fuerzas en varias provincias.
Se preveía un final cabeza a cabeza en Buenos Aires y así ocurre; lo mismo en Santa Fe; también en
Córdoba, incluyendo allí el segundo lugar; y una reñida carrera por el segundo lugar en la Ciudad
de Buenos Aires.
Se preveía un triunfo de la alianza radical-cobista en Mendoza, y se dio. Se preveía un
retroceso del oficialismo en la Cámara de Diputados, una derrota mayúscula del Gobierno en cuatro
de los cinco distritos más grandes del país y un emergente cuadro político más fragmentado.
En algunas provincias el resultado definitivo se conocerá el lunes, tal vez el martes. La
prudencia dominó el ambiente en casi todos los “búnkers” de las campañas en casi todo
el país. Hasta horas después del cierre de las mesas de votación, nadie arriesgaba mayormente nada;
hasta las populares encuestas en boca de urna se cubrían notoriamente. Lo que queda es un
electorado que expresa preferencias en un abanico plural, un sistema electoral en el que no resulta
fácil ganar por amplias diferencias, una sociedad que está pidiendo a gritos consensos en la
diversidad.
Con independencia de los resultados finales que definan marginalmente ganadores y perdedores,
hay ganadores y hay perdedores este 28 de junio. El primer perdedor es el Gobierno nacional. En
términos de apoyo en la sociedad, le queda poco más que el voto de la pobreza urbana, el cual a su
vez depende de las ofertas y los liderazgos políticos locales. Nada impide gobernar con eso, pero
parece claro que la condición para poder hacerlo es una actitud negociadora capaz de ampliar el
alcance de la coalición gobernante –ya sea en forma estable o en forma ocasional–.
Tiene, además, votos algo más diversificados en algunas provincias
La Coalición Cívica puede hacer todas las cuentas que quiera, pero ha sufrido un golpe duro;
si no lo procesa internamente, le será difícil recuperarse. Su futuro parece estar en el espacio
expresado por el radicalismo, en convergencia con la corriente orientada por Julio Cobos, el
socialismo santafesino y otras expresiones locales. Es un espacio plural y diverso, poco propicio
para liderazgos personalistas que toleran poco la noción de pluralidad.
El peronismo no kirchnerista demostró con la emergente coalición Unión-PRO en Buenos Aires,
así como con en el fenómeno de Reutemann en Santa Fe, su vigencia en la Argentina central. Tiene ya
vigencia de larga data en provincias más periféricas, pero no alcanza a conformar ni siquiera
incipientemente una organización política sólida. Ahora puede estar ante la gran oportunidad de
plantear una reorganización formal del justicialismo, volviendo a la tradición de las prácticas
democráticas internas que ese partido respetó entre 1982 y 2001. Si eso ocurriese, ésta podría
constituir la vía más segura para ofrecer al país una salida ordenada del período del liderazgo de
Kirchner.
La izquierda ha dado, una vez más, una sorpresa en la Ciudad de Buenos Aires. Una vez más
porque eso ocurre, de tanto en tanto, desde comienzos del siglo XX. Nunca antes esa izquierda supo
darse a sí misma una organicidad formal capaz de hacer posible su perdurabilidad más allá de las
coyunturas fugaces. Es una izquierda más traviesa que sustancial, más expresiva que representativa.
Pero existe y no es un fenómeno menor.
Esta es la Argentina políticamente poco estructurada que se reveló a sí misma el domingo 28
de junio. Ansía un sistema político que conviva con la pluralidad. Demanda gobernabilidad y
esfuerzos para buscar consensos básicos. Está despolitizada pero vota y deposita alguna expectativa
en el voto, aunque después niega a sus representantes en el Congreso. Esta es la Argentina que
ofrece, una vez más, una oportunidad a su dirigencia política y que, a tientas y casi a oscuras,
busca un camino para que esa dirigencia acierte en darle una orientación cierta a su país.
*Sociólogo.
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