Los Kirchner siguen siendo los peores enemigos de sí mismos. Incluso en estos días, y ante los
reiterados papelones opositores, aparecen casi como los únicos capaces de frenar, limitar o
destruir su propia resurrección. Néstor Kirchner es una extraña máquina de construir poder político
y también de destruirlo. Por momentos se le puede atribuir todo lo bueno y todo lo malo que le
pasa. Nadie más parece capaz de generar un hecho político que conmueva o marque la agenda, con
excepción de la quijotada de Felipe Solá que hoy en Luján ocupará la vacante de candidato
presidencial no kirchnerista para 2011.
Otra vez la historia le da una nueva oportunidad al matrimonio presidencial. Hasta ahora
vienen aprovechando con astucia y audacia la recuperación de la iniciativa, aunque no dejan de
jugar con el fuego de la provocación a distintos sectores.
El misil futbolístico que dejó al Grupo Clarín sin uno de sus principales negocios es un
ejemplo. Lo utilizan para evitar mostrarse derrotados después de la paliza electoral, para
insuflarle nuevamente mística a la tropa, como ejemplo del poder de daño que todavía tienen y como
una amenaza para todo aquel que se atreva a enfrentarlos. Simultáneamente pagan altos costos por
meter al Estado en el mundo del fútbol, en el que sólo van a conseguir mancharse mutuamente. Esta
resolución es bienvenida por una franja electoral casi cautiva que de todas maneras ya los votó el
28 y aparecen merodeando despropósitos varios, como elevar a la categoría de héroe a un villano de
tiempo completo como Julio Grondona o agrediendo la memoria de los desaparecidos con comparaciones
incomparables. Es cierto que muchos medios empujados por sus históricos enfrentamientos con Clarín
y mientras se frotan las manos por los presuntos jugosos negocios que ahora van a poder hacer con
el fútbol se encolumnan detrás del Gobierno sin tener una mirada más estratégica. Casi nadie
discute que la torta del fútbol puede producir fortunas y que su comercialización debe ser licitada
en forma transparente y repartida en varias porciones. Pero sólo los fanáticos kirchneristas
compran que se trata de una epopeya que nos saca de la dependencia y nos lleva a la liberación
nacional y social. Si se sigue el comportamiento histórico de los Kirchner en su relación con los
medios, se descubre rápidamente que su único objetivo es controlarlos obsesivamente para evitar que
los controlen a ellos. Ni siquiera quieren ganar plata con los medios. Ya engordaron lo suficiente
sus patrimonios y se conforman apenas con liquidar un espacio crítico. Está comprobado que les
cuesta muchísimo construir un relato favorable entre el periodismo independiente.
Mientras más compran o alquilan medios y periodistas, más crece la imagen negativa de Néstor
Kirchner. David Ratto, ese genio de la publicidad, decía que un producto malo con buena propaganda
lo único que hace es que la gente conozca más rápido ese mal producto. A esta altura, Kirchner
puede engordar, pero no crecer en el respeto de los ciudadanos que ya le dieron la espalda. Amplios
sectores de las clases medias urbanas y rurales sintieron un maltrato gratuito que les abrió una
herida muy difícil de suturar.
El matrimonio Kirchner respira política y suele comprender bastante bien lo que ocurre en
cada etapa socioeconómica. Su problema irresuelto es la carga de veneno que acumulan y destilan
ante situaciones de disidencias cotidianas y eso los lleva a cometer torpezas de principiante. Los
politólogos internacionales que estudiaron el ciclo económico del año pasado concluyeron que había
un solo sector con el que Kirchner no podía enfrentarse a muerte: el campo. Hoy la macroeconomía no
es un problema grave y va a dejar de serlo todavía más. Tanto Brasil, el grandote del barrio, como
China, uno de nuestros principales compradores, se están recuperando más rápido y mejor de lo
previsto. La nación que Lula supo encarnar con su carisma y sagacidad está en el décimo puesto del
mundo y sus planes estratégicos de mediano plazo lo empujan hacia el quinto lugar. Uno de sus
caballitos de batalla es fortalecer el despegue de los agronegocios y para eso aporta fortunas. El
otro es el plan Beca de Familia, que ataca la pobreza profunda de 45 millones de personas y que,
según el Banco Mundial, es la mayor transferencia del mundo de recursos de los más ricos a los más
pobres. Los Kirchner están lejos de eso. Bombardean todo lo que huela a producción agropecuaria y
siguen anunciando planes truchos mientras la fábrica de pobres produce como nunca.
Mientras tengamos estos porcentajes de inflación real y tanto trabajo en negro, por más
recursos que se destinen, es muy difícil bajar los niveles de pobreza e indigencia. El presidente
de uno de los cinco bancos privados más poderosos se entrevistó con Julio Cobos esta semana y le
llevó un panorama de los próximos dos años con un dato clave: la deuda exigible en dólares para
2009 y 2010 supera apenas los 5 mil millones de dólares y es menos pesada que la de este año. El
vicepresidente tomó nota y se preguntó si la Presidenta y su jefe político sabrán aprovechar este
nuevo viento de cola. La economía tiene un horizonte más despejado. Pero, ya se sabe: “Es la
política, estúpido”, podría escribirse en el pizarrón del poder. ¿Cuál es la magnitud de la
irracionalidad que van a impulsar desde el Gobierno para seguir alimentando la brutal fuga que
ronda los 45 mil millones de dólares en dos años? ¿Cuántos indigentes y pobres podrían haber
abandonado ese estado de injusticia social con esos dineros que ya no están?
Kirchner aprovechó bien hasta ahora esta rara elección que lo tuvo como perdedor claro pero
que no alumbró un nuevo liderazgo en el peronismo. “¿Yo, señor? No, señor”, dijo
reculando Carlos Reutemann ante el acoso de Eduardo Duhalde para que se pusiera a la cabeza de la
vuelta del peronismo a sus orígenes y sepultar así la era de hielo kirchnerista. El ex gobernador
de Santa Fe no sólo le sacó el cuerpo al desafío. También quedó muy erosionado por la implosión
política de Roxana “La Torre Gemela”, como la chicanearon desde la radio. La
irreconocible senadora parecía otra persona en un mismo cuerpo. Su derrumbe de credibilidad y
borocotización lastimó con las esquirlas a su histórico jefe político, que la expulsó de su vista.
Ninguna de sus explicaciones convenció a nadie y por eso rápidamente se acercó al discurso oficial
que dice que hay ruralistas santafesinos que quieren que Cristina se vaya antes de terminar su
mandato. Puede ser que haya algunos golpistas como hay en muchos sectores sociales y otros a los
que la bronca los lleve a desear ese final antidemocrático que debe descartarse de plano. Pero la
senadora no aportó un solo nombre y ni una sola prueba. Eso encendió rápidamente la mecha de
versiones de todo tipo sobre los verdaderos motivos de su inesperado cambio de actitud. Los más
salvajes la amenazaron y tuvo que colocar una custodia en la puerta de su casa en Rosario. Los más
conspirativos alentaron rumores que hablaban de “Banelco” y favores a personas muy
allegadas a ella en el Estado nacional, cosa que tampoco se respaldó en ningún dato cierto. Por
eso, Eduardo Buzzi repudió las amenazas, pero le pidió a Latorre que no asuma la banca el 10 de
diciembre porque había malversado el contrato electoral que los santafesinos firmaron con ella.
Buzzi también tiene su calvario con Alfredo de Angeli, que le promete que se va a portar bien
y actuar orgánicamente pero, a la primera de cambio, se desborda y muestra una imagen agresiva que
lo enfrenta a los humores sociales, donde ya no hay espacio para más enfrentamientos ni empujones.
“Los dirigentes no pueden ser agitadores”, le asestó Buzzi. Esa muestra de debilidad y
falta de cohesión sindical también se expresa en el resto de la Mesa de Enlace, que no encuentra el
camino adecuado para volver al ruedo. Hugo Biolcati está con perfil bajo cero después de haber sido
muy criticado por varias de sus actitudes. El caso de Mario Llambías es más complejo. Está nervioso
y ausente del escenario público porque quiere forzar su reelección al frente de Confederaciones
Rurales Argentinas. Este año todas las entidades agrupadas en CRA llegaron a un acuerdo que ayudó a
fortalecer su frente interno: rechazaron la posibilidad de un tercer período para los presidentes y
bajaron la cantidad excesiva de representantes de Carbap, la poderosa organización bonaerense. Ese
compromiso logró el equilibrio tan buscado. Pero como todavía no cumplió con los plazos legales de
inscripción, Llambías sostiene que puede aspirar a ser presidente por tercera vez. Esa actitud
levantó mucha polvareda. El reclamo de calidad institucional para el país no se reflejaría en la
propia CRA. La caridad no empezaría por casa.
Desde la política partidaria también le han hecho el campo orégano al oficialismo. Y no es
solamente el papelón de los senadores Pimpinella de Santa Fe (“Me mentiste, me
engañaste”). La intransigencia de Elisa Carrió con Margarita Stolbizer y la decisión de hacer
un partido único de la Coalición Cívica empuja a la jefa del GEN a los brazos del radicalismo o del
cobismo. Dicen que a Cobos no le disgustaría tenerla como compañera de fórmula, aunque muchas veces
coquetea con la dinamita de dos peronistas: Felipe Solá como vice y Francisco de Narváez como
candidato a gobernador. Ese posible artefacto político no resiste el primer vientito radical ni
socialista.
Ya comentamos el juego de “tomala vos, dámela a mí” que hicieron Duhalde y
Reutemann. Se corrieron a dúo del centro del ring y dejaron un hueco por el que se metió con
entusiasmo Felipe Solá. Hoy sacará pecho delante de 1.500 militantes que parirán un documento
fundador del espacio que le dará para que tenga a Néstor. También trascendió que Solá va a
sorprender con una postura muy dura contra la despenalización del consumo de droga. La consultó con
su asesor en el tema, Claudio Mate, y es muy similar a la que expresa la Iglesia y a la que calla
Daniel Scioli. No hay democracia sin recuperar el espacio público de las plazas. Ese es el eje de
la propuesta que pretende ser realista frente a un tema en donde discursivamente suele imponerse el
dejar hacer.
Solá tiene ventajas y dificultades en esa carrera contra Néstor para defender los colores del
peronismo. A favor: fue gobernador y su gestión es valorada más de lo que mucha gente cree en las
encuestas. Nadie o muy pocos lo ven como un corrupto. Es uno de los pocos peronistas junto con Lole
que la clase media, aun la más gorila, podría votar. Finalmente, Felipe quiere ser. Arranca con una
imagen positiva superior a la que Kirchner tiene ahora y con una intención de votos más alta de la
que Kirchner tenía cuando Duhalde lo eligió por descarte. Clarín, Techint y el campo lo miran con
cariño.
En contra: no tiene una estructura poderosa, muchos intendentes le pasan facturas por falta
de lealtad y no quiere ser apadrinado por Eduardo Duhalde, pese a que, al parecer, no tiene otro
remedio. Duhalde al partido, Felipe al gobierno y Roberto Lavagna como posible jefe de gabinete es
actualmente la mejor oferta que pueden armar los anti K tal como dijo, no tan en broma, Reutemann.
Mauricio Macri le va a hacer la cruz porque pegó primero, es decir, dos veces en una carrera que él
también quiere correr. Francisco de Narváez lo va a apoyar a medias, como en general son sus
compromisos. Sorprendió la mudez de De Narváez en el recinto y el par de días en que desapareció de
los lugares que solía frecuentar. Dicen que se internó solo a meditar en una cabaña del sur y no le
avisó ni a sus colaboradores más cercanos. ¿Estrés?
¿Es posible un trabajo más cercano entre Lavagna y Duhalde? El ex ministro no se guardó
elogios y ubicó ideológicamente el tema: “Ese gobierno de Duhalde en el que yo participé fue
el más justicialista en muchos años y el que mayor unidad generó en el peronismo. Ultimamente
escuché mucho esa afirmación en varias reuniones partidarias, ahora que está en duda el carácter de
justicialista de esta derivación a la izquierda que hizo Kirchner así como hay serias dudas sobre
la identidad justicialista del menemismo de los 90. Me parece estupendo que Duhalde le dé mayor
intensidad a su actividad pública”.
Al replegarse sobre sí mismo y potenciar sus virtudes y defectos, Néstor Kirchner se obliga a
generar situaciones o apoyar personajes que son absolutamente piantavotos aun entre los más pobres.
El regreso de Luis D’Elía a su militancia mediática le resta por todos lados. Porque la
Justicia ya lo embocó; porque él, a su vez, embocó a un manifestante; porque la toma de la
comisaría está cada vez más cerca de provocarle más citaciones y dolores de cabeza; y porque cada
vez que aparece insulta a políticos o periodistas que nada tienen que ver con la derecha.
“Sicario de Irán”, fue el concepto con el que le salieron con los tapones de punta en
el acto por el atentado terrorista contra la AMIA. ¿Qué decir de Hebe de Bonafini, quien también
reparte a diestra y siniestra? “Rata”, le dijo a Graciela Fernández Meijide, y
“traidorazo” a Hugo Moyano, que prepara un poderoso aparato político que puede servirle
a sus ambiciones personales, a las de Néstor o a las de Duhalde. Depende del olfato que tengan los
tiburones para descubrir hacia dónde van los vientos del poder.
El mismo efecto contrario al buscado le produce al kirchnerismo la pelea permanente con la
Iglesia, que viene denunciando el escándalo de la pobreza desde hace mucho. O hablar de
fusilamientos mediáticos tal como se lo reprochó Magdalena Ruiz Guiñazú al recibir su Martín
Fierro. O comparar lo sagrado con lo profano cuando injertó los conceptos de desapariciones o
secuestros para hablar del fútbol por televisión con el solo objetivo de darle un contenido épico a
un negocio en estado impuro. Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz y preso político durante
la dictadura, puso las cosas en su lugar: “Es un absurdo y una barbaridad”. Es ofensivo
e irracional comparar aquel infierno dictatorial con don Julio, hincha del diablo de Avellaneda.
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