Los informados sabrán decir quién va a poner la plata y con qué razones profundas. Los enterados
averiguarán cuál es exactamente la puja de intereses en juego y el porqué de su resolución. Yo
personalmente me hago una pregunta distinta: quiénes son los que van a relatar los partidos. Porque
una cosa parece evidente, y es que se equivocan los que creen que el fútbol es un asunto de menor
importancia entre nosotros. El fútbol no es nada, porque es nada más que un juego; pero es capaz de
significarlo todo, porque es nada menos que un juego. Y además de un juego que se juega, es un
juego que se narra. Entendimos con Paul Ricoeur de qué manera el tiempo y la narración se sostienen
y se dan sentido recíprocamente. Con Georg Lukács entendimos hasta qué punto las combinaciones
singulares del narrar y el describir determinan las ideas que nos hacemos de lo que es la realidad
social. Y con Hayden White entendimos que en la sola narración de los hechos anida ya una manera
particular de interpretarlos.
Ya quisiera yo ocuparme de las últimas narraciones de la literatura argentina: del mosaico de
relatos complementarios en Glaxo de Hernán Ronsino, del acompasamiento de pensamiento y narración
en Mis dos mundos de Sergio Chejfec, de las derivas narrativas en Autobiografía médica de Damián
Tabarovsky, de la guerra de relatos en Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, del relato
reversible en Cero de Marcelo Eckhardt. Pero no; me ocupo de estos otros relatos, los del fútbol,
los que son seguidos por millones y atraviesan la sociedad entera con una influencia masiva.
En otra época, cuando los relatos de fútbol por radio los hegemonizaba José María Múñoz, nos
hacíamos una idea sencilla del mundo y asumíamos una percepción plana del tiempo: las cosas eran lo
que eran, pan al pan y vino al vino, y nada más; y el tiempo de las palabras trasuntaba los mismos
baches y la misma lentitud que el tiempo de los hechos. Tuvo que llegar Víctor Hugo Morales a la
radiofonía argentina en 1981 para que la narración de los partidos cambiara. La riqueza de
metáforas nos indujo a desdoblar a cada momento existencias y semejanzas, aquello que las cosas
eran y aquello que podían parecer; la aceleración y la desaceleración en el relato nos hacía notar
que había dos tiempos en juego por lo menos, que uno era el de los hechos y otro era el del
discurso.
En el relato televisivo primaba el criterio de la constatación nominal: relatar era decir los
nombres de los jugadores, como lo hacía Mauro Viale. Un latiguillo de Horacio Aiello (“A la
derecha de su pantalla, señora”) acercaba a la televisión al plano de la autoconciencia, pero
todavía bajo el prejuicio de que el fútbol televisado era cosa de mujeres. Se pensaba por entonces
que la televisación rivalizaba con la concurrencia a los estadios: que si se transmitían los
partidos en directo, las tribunas quedarían vacías.
Más adelante se supo que no: que se trataba de dos universos conectados pero esencialmente
distintos. Por ese entonces el relator pasó a ser Marcelo Araujo. Con Araujo el espectáculo cierto
de la transmisión televisiva se volvió más importante que el espectáculo presunto de los partidos
que se jugaban. El tiempo televisivo se impuso: los jugadores aparecían por ejemplo contando, desde
el futuro, ese gol que en el presente iban a hacer pero todavía no habían hecho. O podían
contestar, en una ficción de diálogo, a una pregunta que el relator les hacía desde la cabina
aunque fuera en pleno partido. Fue el momento McLuhan del relato deportivo en Argentina, cuando el
medio fue más que nunca el mensaje. La hipótesis que Jean Baudrillard proponía en ese mismo momento
en La guerra del Golfo no ha tenido lugar, de que la CNN se transmitía a sí misma antes que
transmitir la propia guerra, encontraba aquí su correspondencia, salvando las distancias de los
objetos en cuestión.
Dime cómo narras y te diré cómo ves el mundo. ¿Vale la regla también para el fútbol? Claro,
por qué no. Si hay pocos relatos sociales que cobren entre nosotros tanta intensidad y tanta
convocatoria como los relatos de los partidos. Otros sabrán explicar por ejemplo cómo es que se las
compone Julio Grondona para ocupar la presidencia de la AFA durante un lapso en el que el Vaticano
precisó emplear a prácticamente cuatro Papas. O cómo se las arregla para ser vicepresidente de la
FIFA, que es la mayor corporación global del mundo, sin saber hablar ni una palabra de inglés.
Mientras tanto yo por mi parte me pregunto por la narración. Quiénes van a relatar y cómo.
Con las actuaciones del mexicano y el argentino, y el recuerdo de Felipe Camiroaga, comenzó en Chile el tradicional festival.
La pesca cerca de la costa aportó lo suyo para una jornada de buen pique en aguas de Valeria del Mar.
La inseminación artificial es una herramienta fundamental para mejorar la productividad.
Hay dos viajes para dos personas cada uno, con transporte y alojamiento incluido. Participá.
Sofía Jiménez , más conocida como "Jujuy", y sus dos hermanas, Inés y Pilar, les disputan el cetro.
Una espectacular galería de las posesiones de la corona holandesa.
Es una decisión de la UIF para evitar maniobras de lavado en la compraventa de jugadores.
Bar Rafaeli, ex de Di Caprio, protagonizó una campaña junto a Nadal, Pelps y Chris Paul. Galería de imágenes.
La vida es Bello
Las Malvinas Pastorino
Te lo juro por Louis Vuitton
Copiando el look de tía Cristina
Ceferino Reato
Viaje a Angola y "semestre duro"
Momentos de té
Siempre se vuelve al primer amor
Conexión Continua
Mountain Lion: OSX se acerca más a iOS