Los Kirchner transformaron al Estado en una maquinaria de persecución, espionaje y vigilancia
stalinista sin antecedentes en la historia democrática argentina.
Jamás se utilizaron en forma tan sistemática y eficaz las tecnologías repugnantes de los
servicios de inteligencia para intimidar y desprestigiar a dirigentes opositores o periodistas
independientes. Han logrado instalar el temor de Estado. Nunca antes hubo tantas denuncias y
certezas de que se esté violando groseramente la intimidad de las personas, sus correos
electrónicos y sus comunicaciones privadas. Se han ignorado todas las prohibiciones de hacer
inteligencia doméstica que pone la Ley de Defensa Nacional y Seguridad Interior. Esto es lo mas
preocupante. Pero lo más sorprendente, en términos ideológicos, es que este plan se está
implementando con la colaboración y el aplauso fervoroso de gran parte de la intelectualidad y los
artistas populares argentinos, quienes en otras épocas supieron defender la libertad contra viento
y marea.
Semejante ataque a la convivencia civilizada de los argentinos no hace otra cosa que cargar a
las víctimas de una violencia contenida y de empujarlos a una peligrosa tarea revanchista cargada
de rencor. Ese ojo por ojo que nos va a dejar ciegos a todos implica que hay un grupejo de
opositores políticos, tan degradados como los Kirchner, que ya han montado una especie de central
de inteligencia privada para pagarle al Gobierno con la misma moneda. Han florecido especies que
pudren la democracia por dentro porque ofrecen operaciones sucias al mejor postor y llave en mano.
Mercenarios de la difamación que reciben encargos tercerizados del Gobierno nacional y de otros
grupos menores que alguna vez fueron gobierno.
Los Kirchner serán recordados, entre otras cosas, por haber sofisticado las herramientas
atemorizantes utilizando los últimos adelantos técnicos y demostrando carecer de todo tipo de
escrúpulo. Un autoengaño los sostiene apostando a que el fin justifica los medios. Están
convencidos de que llevan al pueblo argentino hacia la liberación nacional y social y eso les
permite fogonear, sin culpas, metodologías de combate al disidente que no tienen nada que
envidiarle al matrimonio feudal de los Juárez que se eternizó en el gobierno de Santiago del
Estero. La dinastía de Carlos y Nina Juárez tuvo en el comisario Musa Azar al jefe de inteligencia
ideal. Durante 30 años alimentó al juarismo de datos reservados de los opositores que le sirvieron
para tenerlos contra las cuerdas, bajo la amenaza permanente de la extorsión. El matrimonio de
caudillos de Santa Cruz, pese a su retórica sobre los derechos humanos, le hicieron cumplir
funciones similares a las de Musa Azar a Wilfredo Roque, ex jefe de la Policía y capo de la SIDE en
la provincia. Azar hoy está detenido con cadena perpetua y Roque, que fue formado en el centro de
entrenamiento antisubversivo de la Policía Federal, está siendo investigado en una causa por trata
de mujeres que ejercían la prostitución en Río Gallegos.
Líderes políticos tan enfrentados entre sí como Elisa Carrió, Eduardo Duhalde y Felipe Solá
han coincidido en las últimas horas en la caracterización del Gobierno como un “Estado
policial” y de Néstor Kirchner como alguien “con gran poder de daño”. Carrió fue
más a fondo y, al igual que Mauricio Macri en su momento, calificó al Gobierno de
“fascista”. Además, reflotó la comparación de Néstor y Cristina con el matrimonio de
Nicolae y Elena Ceaucescu, los dictadores comunistas rumanos que utilizaron la tristemente célebre
policía secreta llamada Securitate, que se especializó en el hostigamiento y cacería de periodistas
y opositores.
Carrió fue tan contundente porque ella considera “una violación de los derechos humanos
en nombre de la defensa de los Derechos Humanos” el impulso de la ley para la extracción
compulsiva de ADN, que es una venganza personal contra la directora de Clarín, Ernestina Herrera de
Noble. Ayer, tanto Estela Carlotto como los diputados e hijos recuperados, Juan Cabandíe y Victoria
Donda, salieron a fustigarla. En síntesis, le dijeron que “fascista es quien defiende
descaradamente la impunidad de los crímenes de lesa humanidad”. La presidenta de Abuela
agregó que “esta señora esta tan desprestigiada que nos ofende porque quiere agraviar al
Gobierno”.
Duhalde, en cambio, denunció la semana pasada que el Gobierno espiaba su correo electrónico y
que filmaban a sus visitantes en la quinta de San Vicente. El intendente de Tigre, Sergio Massa,
comentó algo similar en rueda de militantes y lo atribuyó a sus diferencias con Néstor Kirchner.
Está convencido de que el oficialismo, que hasta hace poco lo contó como jefe de Gabinete, se montó
en el crimen del joven Santiago Urbani para hacer una rápida campaña de desprestigio. En el
encuentro que Sergio Massa tuvo con Al Gore, el ex vicepresidente de los Estados Unidos y Premio
Nobel, no hubo ninguna presencia del verticalismo kirchnerista. Todo lo contrario, estuvieron
algunos dirigentes que en puntas de pie se alejan de Néstor como el intendente de La Plata, Pablo
Bruera y José “Pepe” Scioli, hermano del gobernador y hombre de su extrema confianza.
Massa toma sus recaudos antiespionaje porque sabe con los bueyes que aró. Manejó con mucha
discreción la designación de Jorge Casanovas, ex ministro de Carlos Ruckauf como asesor para la
investigación del asesinato de Santiago, después de que su madre fuera tan crítica con la
presidenta Cristina Fernández.
Massa es el segundo ex jefe de Gabinete que se siente espiado por el Gobierno al que
perteneció. El mismísimo Alberto Fernández reveló esta situación cuando tuvo un encuentro que
pretendió ser reservado con el vicepresidente Julio Cobos. Alberto ahora sintió algo parecido
durante su viaje por España, donde tuvo que tomar precauciones para que no se metieran con aspectos
de su estricta intimidad.
Con respecto a temas tan delicados vinculados a las relaciones personales afectivas, al sexo,
a la familia y a los consumos de sustancias prohibidas, en los pasillos del Congreso de la Nación
se asegura que esto recién comienza. Que el cobarde video anónimo editado con real malicia y
manifiesta torpeza, donde aparecen Carlos Pagni y Fabián Falco, es el primero de una serie que
intentará ensuciar por igual a otros conocidos periodistas y políticos.
Esta forma sofisticada del apriete mostró su marca en el origen cuando fue difundida por el
canal del Estado y casi en forma simultánea transformada en título por dos diarios de clara
propiedad intelectual K.
No hay muchos antecedentes de semejantes violaciones al más elemental de los manuales de
ética de esta profesión y confirma que los Kirchner no tienen límites a la hora de intentar
exterminar a sus críticos. Utilizan las mismas herramientas despreciables que ellos criticaron en
su momento. En el 2002, Cristina hizo una denuncia penal, que finalmente no prosperó, donde acusó a
los servicios de inteligencia por seguimiento, persecución ideológica y escuchas. En aquel momento,
hubo un agente arrepentido llamado Eduardo Clementi que hizo algunas revelaciones referidas a un
“dossier secreto” que contenía suficiente información comprometida como para destruir
al matrimonio presidencial. El jefe de inteligencia en ese entonces era Carlos Soria, actual
intendente de Río Negro, que hoy ha recompuesto su relación con Néstor y Cristina. Dicen que Sergio
Acevedo, cuando ocupó ese cargo, recibió el expediente completo de los Kirchner como una muestra de
subordinación a la nueva conducción. De todos modos, las copias de esos trabajos ultrasensibles
fueron prolijamente sacadas del organismo y siguen en manos de ex funcionarios que las guardan
celosamente como una forma de amenaza o de autodefensa por si se meten con ellos.
Esto es lo mas peligroso. Que cada operación sucia se conteste con otra y que eso aumente los
niveles de resentimiento, crispación y enfrentamiento social. Hay muchos ejemplos en estos años de
estas actividades ilegales y paraoficiales. Desde aquel carpetazo que sacó de las ligas mayores a
Juan José Alvarez, hasta el cambio de la valija del colega Hugo Alconada Mon por otra igual pero
vacía en la presentación de su libro sobre la maleta de Antonini. Mensajes mafiosos que muchas
veces logran su objetivo de paralizar incluso a los mas audaces opositores o periodistas. Piensan
dos veces cada cosa que tienen para revelar o criticar del Gobierno. Saben que puede venir la
“operación escarmiento” en cualquier momento.
No hay que olvidar que poco antes del cierre de las listas para las últimas elecciones, Luis
D’Elía calmó su furia porque lo habían dejado afuera después de visitar la sede central donde
mandan el Chango y Paco, Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher.
Uno de los sucesos mas descarados que produjeron tuvo como víctimas a Enrique Olivera y Elisa
Carrió cuando se falsificó el resumen de cuenta de un banco en el exterior para ensuciar la
candidatura de Olivera. Luego, Francisco de Narváez, que indirectamente tuvo algo que ver con eso
porque se difundió al lado suyo, tuvo que probar de la misma medicina con el tema de la AFIP, la
efedrina y el hoy suspendido Faggionatto Márquez que quiso salvarse haciendo buena letra con el
Gobierno que, al final, lo empujó al precipicio. Son muchísimos los episodios de espionaje con
micrófonos ocultos como el que padeció la jueza María Romilda Servini de Cubría y los hackeos
informáticos que tuvieron como damnificados a jueces o a varios periodistas como Daniel Santoro de
Clarín. Incluso, hay legisladores nacionales que aseguran que la inteligencia de las Fuerzas
Armadas sigue mirando por el ojo de la cerradura, fronteras adentro, a pedido de quienes conducen
el país.
Existe una Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de
Inteligencia que debería auditar con rigurosidad el manejo de esos millones de fondos secretos que
dispone el Gobierno para hacer todo tipo de actividades conspirativas.
Todo eso ocurre en las catacumbas nauseabundas de la política. Pero en la superficie, las
miradas están puestas en los actos de hoy por el Día de la Lealtad y en los reacomodamientos
partidarios que eso implica. El médico psiquiatra y psicoanalista Alfredo Grande escribió con mucho
humor un texto que me permití recrear :Viene Juan Domingo Perón y le dice a la multitud que tiene
dos noticias para darle, una buena y una mala. La buena es la siguiente: “Mi único heredero
es el pueblo”. Después de la ovación de la gente, dice: “Y la mala es que los trámites
sucesorios los hace el Partido Justicialista”.
Hoy, los tres principales actos estarán tratando de responder a la siguiente pregunta:
¿Lealtad a quién? ¿A Kirchner? ¿O a los que quieren desalojar a Kirchner de lo que él llamaba
peyorativamente “pejotismo”?
Felipe Solá anduvo hiperactivo al respecto. Ayer almorzó en secreto con Eduardo Duhalde en el
despacho del Movimiento Productivo que tiene en la calle Hipólito Yrigoyen. Desde mayo que no se
veían las caras. Hablaron de la reforma política que se viene y de las zancadillas que oculta, pese
a que va a ser presentada como la encarnación de la nueva política. Duhalde se excusó de ir al acto
de Obras Sanitarias porque desde que dejó la presidencia no concurre a concentraciones político
partidarias. Va solamente a actos sindicales o del movimiento productivo o ahora de las
agrupaciones de base que está organizando con la entrega de un carnet y todo. Duhalde les pidió a
Fernando Galmarini y el Momo Venegas que levantaran el acto que tenían previsto con su esposa
Chiche en Jose C. Paz para que no se interpretara como un intento de dividir el espacio del
peronismo disidente. Duhalde le confirmó a Solá que –por ahora– sólo va a trabajar en
la Provincia de Buenos Aires y en el partido, aunque va a inaugurar el campeonato de ajedrez con
Mario Das Neves quien tiene su propio acto masivo y patagónico bajo el lema de la tercera posición:
“Ni K ni anti K”.
Solá también estuvo con Jose Manuel de la Sota que le confirmó sus aspiraciones de volver a
gobernar Córdoba y en los próximos días se reunirá con Ricardo Alfonsín y Roberto Lavagna, a quien
admira por su capacidad intelectual aunque todavía no haya articulación política alguna. El ex
gobernador Jorge Busti será el encargado de cerrar el acto de Obras Sanitarias después de las
breves intervenciones de Alberto Rodríguez Saa, Felipe Solá y Ramón Puerta. Juan Carlos Romero,
Jorge Obeid y Carlos Reutemann estarán fuera del país pero habrá muchos diputados, concejales y
militantes de todos esos referentes, incluso del duhaldismo.
Todos quieren participar del trámite sucesorio y cada uno atiende su juego. Algo
absolutamente lícito dentro de las reglas del juego de la política. El resto, el temor de Estado es
ilícito y patea el tablero.
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