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la libertad no es siempre linda

Acerca de los bloggers

Haré algunas observaciones personales sobre la cuestión abierta por Jorge Fontevecchia el sábado pasado en PERFIL, a raíz de unas declaraciones de Víctor Hugo Morales sobre la conducta de quienes comentan en los blogs.

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Por Tomas Abraham | 29.01.2010 | 23:11

Haré algunas observaciones personales sobre la cuestión abierta por Jorge Fontevecchia el sábado pasado en PERFIL, a raíz de unas declaraciones de Víctor Hugo Morales sobre la conducta de quienes comentan en los blogs.
Hace años que escribir libros, notas y artículos en blogs es una de mis formas de expresión. En mi propio blog he escrito trescientos setenta textos en veinticuatro meses. Acabo de terminar en mi página web reproducida en mi blog una historia de la filosofía de Platón a Nietzsche y, en este momento, escribo un libro sobre Richard Rorty y la filosofía contemporánea que publico en el blog por envíos parciales. Semanalmente llevo a cabo entregas periódicas de todo este material que incluyen ensayos sobre Sàndor Márai, Antonio Berni, Amélie Nothomb, Imre Kertesz y Federico Fellini, entre tantos otros que también abarcan temas relacionados con la política, el fútbol, la televisión y la vida cotidiana. Casi todo este material va luego al papel impreso de una editorial.
Además, entregué en formato digital tres libros de mi autoría ya agotados que pueden bajarse e imprimirse gratuitamente lo que hacen miles de lectores después de dejar sus datos.
Mi blog está abierto a los comentaristas o bloggers que envían sus opiniones sin ningún tipo de restricciones. Todos los puntos de vista se aceptan con la cuota de agresividad o de amabilidad de las que son portadores. Administro el sitio sin jamás haber expulsado a nadie y sólo una vez en mi recuerdo expresé mi deseo de que una persona no interviniera más en mi espacio por posiciones que me parecían antisemitas.
Me hago cargo de la recepción de todos los comentarios que en dos años suman doce mil y sólo elimino a quienes insultan o a los que usan la página para una especie de chateo doméstico que nada tiene que ver con el tema presentado y lo hago mediante la comunicación de reglas explícitas para que todo el mundo esté enterado.
Esta labor es continua, pero no me absorbe en demasía y vale la pena el cuidado que exige, por ahora.
Cuando digo insulto me refiero a lo que todos saben que es un insulto; es decir, las malas palabras que son una excusa no sólo para no pensar sino para saltearse la más mínima posición en un debate.
A los bloggers les puede resultar fácil la agresión porque usan pseudónimos –los nicks– y no les toca soportar la responsabilidad de la palabra pronunciada. Pero la comunicación blogera no se basa en la existencia o inexistencia de injurias.
En el mundo de la comunicación que se diagrama hoy en día, el hecho de que haya miles o millones de personas que escriban sus puntos de vista acerca de todos los temas, y en especial de las actualidades que los medios trasmiten diariamente, conforma el mundo de la contraopinión. Así es el ágora democrática. Tiene su costo y provoca sus malestares. Lo mismo aconteció cuando aparecieron los grafitis que no sólo ensuciaban las paredes.
Hoy los blogs son parte de una red alternativa al dispositivo de poder que selecciona la información e impone las agendas, el vocabulario, los valores y los personajes de la actualidad.

En el mundo del espectáculo mediático que aún se llama periodístico, se teje una red cordial de complicidades por la que los protagonistas no dejan de adularse y admirarse entre sí para asegurarse futuras amabilidades. Quienes escuchamos la radio, somos testigos de la selección de los productores y programadores de los enamoramientos casi obscenos que hacen los oyentes de sus comunicadores favoritos. Los aman, los adoran, los veneran. Hay radios que hacen de este tipo de amoríos el eje de sus programas. El despecho es segregado en una sola dirección: la clase política.
El lector virtual es mediante sus comentarios un lector actual. Para quien escribe libros es habitual estar años en la soledad de una mesa de trabajo sin tener un solo lector del proyecto en vías de constituirse, con la perspectiva además de no tenerlo ni siquiera una vez concretado el trabajo. Escribir libros mediante entregas en un blog o en una página nos remite a las épocas del folletín. Nos exige concisión, precisión y además, nos permite estar acompañados.
Escribir es comunicarse y la presencia de un prójimo nos es indispensable para siquiera comenzar a trazar las primeras sílabas. Aún cuando arrojamos una botella al mar el otro nos es esencial.

Sin duda que más de una vez he deseado cambiar el formato y anular la posibilidad de los comentarios. Pero prefiero esta vía que hace de los escritos de cualquier género –filosófico, político, crítico– una epístola, una carta. Hay alguien del otro lado y está vivo y no sólo porque insulta.
Los que escribimos y publicamos en blogs tenemos todo tipo de comentarios y toda la gama de comentaristas. Están los que nos degradan, los que no entienden nada, los monotemáticos que siempre hablan de lo mismo, los fanáticos. Pero también se expresan aquellos que tienen buena información que no circula, opiniones polémicas que vale la pena debatir, y aquellos que nos alientan y agradecen por nuestro trabajo.
El mundo de los bloggers es peligroso. Las psicopatías son habituales y las descargas emotivas frecuentes. Es la misma gente que escucha radio, ve televisión y lee los diarios. No es de otra especie. Sólo que en los blogs expresa todo lo que se le venga en ganas al no tener rostro ni voz y con la sola identidad de las palabras escritas. Pero además se relacionan, y entran en contacto personas de Marcos Paz con otras de Lyon, alguien de ochenta años con otro de diecinueve. No es un feliz domingo, pero tampoco un martes a la tarde.

El mundo de la comunicación de masas también es un espacio de sacralización. Con los bloggers nadie queda inmune de recibir un tomatazo de palabras. Ocurre en todo el mundo y en todo el mundo hay quienes se quejan. Pero los insultos no llueven por azar. Son extensiones de la atmósfera que se vive en el campo de la cultura y de la política cuando se tocan ciertos temas. La zona sagrada está custodiada por fundamentalistas de todo tipo que se levantan con ira cuando se les toca algún tótem de la cultura nacional o cuando ven amenazada una efigie de su panteón personal.
La solución es fácil. Aquel que tiene un portal comercial puede cerrar la posibilidad de los comentarios. Si no lo hace es por razones que tienen que ver con el negocio que cuidan ya que a los lectores-clientes puede gustarles escribir y ser leídos. Se puede dar el caso de que personas con poder decisorio sobre un sitio digital tengan quienes se hacen cargo de la selección de los comentaristas y conserven los laudatorios y borren los agresivos. No es la única ni la peor forma de censura existente ni la más original muestra de deshonestidad.
Creo que este fenómeno de la palabra digital circulante es irreversible. No es una cuestión de estar a la moda ni de modernidad. Es la inventiva tecnológica que no sólo acierta con los mecanismos de control sino que tambien abre espacios de libertad. Y la libertad no es siempre linda, ni siquiera inteligente. Tampoco lo es la mentada seriedad profesional.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar)

 
 

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