Estaba cansado del ambiente. “Me vuelvo a casa, no quiero trabajar más en esto”, le dijo Leonardo Jesús Verhagen, en 2006, a su booker de la agencia de modelos de Pancho Dotto. Ni siquiera las promesas de un futuro próspero hicieron que “Leo”, como le decían sus amigos, cambiara de opinión.
Había protagonizado campañas gráficas para Kosiuko, Wanama y Coca-Cola, y luego de capacitarse como actor con Lito Cruz, hasta tuvo la posibilidad de participar, en 2004, de la novela de Pol-Ka, “Pensionados”, y del filme del grupo Bandana, “Vivir intentando”. Sin embargo, las luces de la fama intentaron seducirlo, pero nunca lo conquistaron. Como le confesó en su momento a sus íntimos, nunca se adaptó al ritmo de la gran ciudad. Fue así como el modelo interrumpió su fugaz historia en Buenos Aires, hizo el bolso y regresó a su ciudad natal, Rosario.
Hacerle caso a su deseo interior lo reconfortó, salvo por un detalle: es que en ese cambio de rumbo, se alejó de una de las personas con las que había afianzado relación, Liz Solari. La modelo había ingresado a Dotto unos meses antes que él, luego de quedar seleccionada en un scouting, en 2002. En esa época, uno le prestaba el oído al otro, para compartir la ansiedad de los primeros pasos. Pero en abril de 2004, Liz inició su relación con Diego Balut, y eso puso una respetuosa distancia entre los dos. Aquella complicidad inicial quedó en la historia, apenas como un guiño del destino que, años más tarde, les daría su verdadera oportunidad.
Entre agosto y septiembre de 2009, Liz y “Leo” se acercaron nuevamente a través de amigos en común, y decidieron comenzar una relación. Ella pagaba las consecuencias de las intensas grabaciones de “Champs 12”, y necesitaba tranquilidad, algo que sólo podía conseguir en Rosario, junto a sus afectos. Luego de un largo viaje por Europa junto a un grupo de amigas, que no sólo le sirvió para despejarse del estrés televisivo, sino para terminar de cerrar su relación con Balut, la modelo regresó a Buenos Aires con la intención de pasar la mayor cantidad de tiempo en Rosario. Fue en ese momento de introspección que Solari se reencontró con “Leo”, quien había logrado reinstalarse en la ciudad santafesina.
Aunque su relación no trascendió públicamente, ambos coincidieron en enero, en Punta del Este. Ella se hospedó junto a sus amigas y él junto a un grupo de amigos.Lo cierto es que
Solari y su novio guardaban para su intimidad el costado más atractivo del Este: playas alejadas y tardes de mate entre amigos, lejos, muy lejos de las luces.
Un acuerdo tácito entre ambos, que ninguno de los dos quería quebrar
El domingo 31, cerca de las 9:00, el mismo destino que los reencontró, puso un abrupto final a la vida de Leonardo. Al despertarse en su casa de la calle Rondeau al 1000, Verhagen sufrió un aneurisma que derivó en un paro cardíaco. No hubo tiempo de nada. En una crisis de nervios delante de semejante panorama, Liz llamó a una empresa de emergencia médica, que dio intervención al Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias. Desde las 10:00 hasta las 11:15, los paramédicos intentaron reanimarlo, sin éxito.
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