| DIVAS. Elisa Carrió y Cristina Kirchner hacen política fálicamente y llevan al país al precipicio. |
En la jerga tumbera, “ser poronga” es ser el cacique de la tribu. El palo más grueso
que sostiene la carpa. Curiosamente, en las cárceles de mujeres también la que manda es la más
poronga (Freud habló de envidia del falo y no de envidia del pene).
Las estructuras de poder más primitivas son más falocráticas. Manda quien
–simbólicamente– la tiene más larga. Una de las características de la psicosis es la
dificultad para diferenciar la metáfora de la realidad. Actúa el inconsciente, cuyo lenguaje está
construido de metáforas. También por ese desplazamiento de lo simbólico a lo real es que en las
cárceles la violación a otros hombres es tan habitual.
Pero no sólo los presidiarios suelen confundir lo simbólico con lo real, también sucede en la
política (como en todas las situaciones donde la agresividad se eleva por encima del umbral de la
reflexión).
Pero en la política argentina actual llama más la atención, al igual que en las cárceles
femeninas, que las dos personas más porongas sean dos mujeres: Cristina Kirchner y Elisa Carrió.
Poronga (el porongo es una calabaza) no sólo es una forma ordinaria de llamar al órgano
sexual masculino, sino que lo simboliza solamente en su estado de erección. O sea ese estado de
excitación es lo que define. Excitación que es tan representativa del ser nacional que hasta tiene
su popular canción La argentinidad al palo de Bersuit Vergarabat, donde se dice: “La calle
más larga, el río más ancho, las minas más lindas del mundo. El dulce de leche, el gran colectivo.
(...) El Che, Gardel y Maradona son los number one, como también lo soy yo, y argentinos, ¡gracias
a Dios! ¡Al palo! ¡Al palo! ¡Al palo!”.
Poronga sería, entonces, una actitud. En la cárcel es el que se la banca, el más vivo, el más
macho (o macha), el jefe del pabellón, el preso más pesado, el que está por robos grosos y maneja
los fierros.
O sea el que juega fuerte, como Carrió, quien dijo: “La Presidenta está al margen de la
ley. Este es un gobierno de facto” (sic) y la denunció ante la OEA por “incumplimiento
de la Carta Democrática Interamericana”.
Y quien redobla siempre la apuesta, como Cristina Kirchner, que contestó: “Estoy
dispuesta a enfrentar la condena de cualquier juez circunstancial de la Argentina”.
Recuerda La argentinidad al palo que nuestro país también tiene el Obelisco más grande y
agrega en una de sus estrofas finales: “¡Yo la tengo mucho más grande que vos! Cuando vos
fuiste, yo ya fui y vine... ¡Cuarenta veces!”.
La actitud poronga de conducción no sólo se extendió a la política. En la redacción del
diario Clarín –quizá también por sus décadas de contacto estrecho con la política–, a
un jefe con autoridad y respetado por sus subordinados se le decía poronga.
Creo que escribí este último párrafo con el solo fin de permitirme introducir aquí al Grupo
Clarín y tener la excusa para reconocer en esta contratapa otras veces crítica que viene
recuperando la cordura periodística y, en los últimos programas nocturnos de TN, tanto Blanck como
Van der Kooy y Bonelli repreguntan y son cada vez menos concesivos con los políticos de la
oposición y más ecuánimes en el tratamiento con los del oficialismo.
También hay que observar que hoy ser poronga comienza a ser mal visto por la sociedad. Néstor
Kirchner ha llevado tan al paroxismo la actitud poronga que terminó haciéndola impopular. Incluso
para una población como la de Argentina, a la cual la acumulación de crisis había asimilado a la
cultura tumbera de sobrevivir sin importar los métodos.
Además, tampoco esos métodos desesperados dan ya los mismos resultados que en épocas donde la
situación terminal podría haberlos justificado. Por ejemplo: Carrió propuso no concurrir a la
apertura de las sesiones ordinarias del Congreso el 1º de marzo con el argumento de que “no
hay que inaugurar lo que luego se va a impedir”. Felizmente, los legisladores no siguieron su
ejemplo porque si lo hubieran hecho Cristina Kirchner habría tenido la coartada perfecta para su
nuevo DNU justificando que, ante un Congreso que no sesiona, no le quedaba más alternativa que
volver a disponer de las reservas del Banco Central con otro decreto.
Y Cristina Kirchner, al enardecer su discurso frente a la Asamblea Legislativa sin siquiera
disimular un mínimo respeto por el Congreso ni la Justicia, enfureció hasta a los legisladores más
timoratos, uniéndolos a todos en su contra, y predispuso a los jueces a fallos cada vez más
adversos.
Extremistas. Pasado mañana es el Día Internacional de la Mujer. Ojalá nuestras dos más célebres políticas actuales, Cristina Kirchner y Elisa Carrió, no necesiten tener que demostrar el tamaño de su falo para sentirse seguras. No lo necesitan y se degradan ante la audiencia sensata. Además, el país se lo agradecería.
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