EL ASESINATO DE RUCCI  

Firmenich, en el expediente judicial

El nombre de Mario Firmenich, el jefe máximo de Montoneros, entró de lleno en la investigación judicial por la muerte de José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT, el 25 de septiembre de 1973.

El nombre de Mario Firmenich, el jefe máximo de Montoneros, entró de lleno en la investigación judicial por la muerte de José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT, el 25 de septiembre de 1973. El martes, Ricardo Roa, editor general adjunto del diario Clarín, confirmó que Firmenich estuvo aquel día por la tarde en la redacción de la revista El Descamisado, donde hace más de 36 años Roa se desempeñaba como periodista, y les informó que Rucci acababa de ser ejecutado por Montoneros. “Fuimos nosotros”, les dijo Firmenich, con lo cual terminó una discusión en la redacción sobre quiénes habían sido los autores del asesinato que aquel mediodía había conmocionado a la Argentina y que todavía sigue impune.

“Yo estuve en una charla junto con otros periodistas de la revista en la que también estaba Firmenich. En esa charla, Firmenich asumió el asesinato de Rucci como parte de Montoneros. En ese momento, había una gran discusión interna de los periodistas que trabajábamos en el “Desca” acerca de quién lo había matado. La mayoría opinábamos que no había sido Montoneros. Lo que hizo Firmenich al venir a la revista fue terminar esa discusión y abrir otra sobre los motivos de la muerte”, afirmó Roa.

Con una extensa trayectoria, Roa es uno de los grandes nombres de la prensa gráfica. Fue citado como testigo por el juez Ariel Lijo en base a mi libro Operación Traviata, ¿quién mató a Rucci? y a un artículo publicado en Clarín el 26 de septiembre de 2008, firmado por Ricardo Grassi, subdirector de El Descamisado. Tanto en mi libro como en el artículo de Grassi figura la reunión en El Descamisado, que era una revista oficiosa de Montoneros, en los términos que han sido confirmados por Roa.

Al declarar en el Juzgado Federal Número 4, Roa sostuvo que en esa reunión con Firmenich estuvieron “Ricardo Grassi, Dardo Cabo, Enrique Walter, Juan José Azcone y yo”.

Los abogados de la familia Rucci ya han pedido que Grassi, quien vive en Italia, sea citado a declarar, también como testigo. Pero, todavía no pedirían la citación de Firmenich.

Sobre los motivos esgrimidos por Firmenich para matar a Rucci, Roa dijo que el líder de Montoneros les explicó que “la estructura sindical que Rucci encabezaba había pasado a ser el principal enemigo interno de la organización”.

Dos días antes del asesinato, Juan Perón había ganado las elecciones presidenciales por tercera vez, con más del 61 por ciento de los votos, y Rucci, desde la CGT, había sido uno de los artífices de esa campaña.

En aquel momento, Perón y la cúpula de Montoneros estaban cada vez más distanciados, en buena medida por el deseo de Firmenich y sus compañeros de disputarle al anciano general el liderazgo de su Movimiento y del país.

En esa pulseada, Perón ser había recostado en la estructura de la CGT, que para Montoneros era la “burocracia sindical”, es decir los traidores a las necesidades y aspiraciones de la clase obrera.

Precisamente, la hipótesis de mi libro es que el de Rucci fue un asesinato político, con el cual los montoneros quisieron advertir a Perón que le convenía tenerlos en cuenta en el reparto del poder. Pero Perón dobló la apuesta y el 1º de mayo de 1974 consumó la ruptura con sus ex jóvenes maravillosos.

Otros libros han incluido diversos momentos en los que Firmenich admite la autoría de Montoneros. Por ejemplo, en La voluntad, tomo 4, páginas 142 y 143, los periodistas Eduardo Anguita y Martín Caparrós escriben que al año siguiente del asesinato, Firmenich fue a un almuerzo con viejos compañeros organizado por Graciela Daleo, donde uno de los invitados “le dijo que no entendía lo de Rucci. ‘Bueno, evaluándolo ahora yo considero que fue un error.’ ‘¿Cómo?’, ‘Sí, fue un error. Nosotros creímos que tirándole al viejo un fiambre sobre la mesa íbamos a poder negociar en mejores condiciones, y la historia nos demostró que no era así. Fue una decisión política equivocada’”.


*Editor jefe de PERFIL.

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