El martes pasado, en el auditorio del anexo del Congreso de la Nación, el prestigioso
comentarista y relator de fútbol Víctor Hugo Morales hizo algo que sorprendió a la mayoría de los
presentes y dejó atónito y triste a quien esto escribe. Morales descalificó a
El Dueño con un tono agresivo. Dijo, entre otras cosas: “Llamar investigación al
libro de Luis es faltarle el respeto al periodismo de investigación”.
Fue un golpe bajo y artero. No porque no tuviera derecho a criticar la
investigación, sino, entre otras cosas, porque el 3 de febrero pasado, en una nota que le hice para
La Red con motivo de su pedido de disculpas a Néstor Kirchner por haberlo criticado al
comprar dos millones de dólares en un día, y sin que nadie se lo pidiera, mencionó a
El Dueño como un ejemplo de texto que señala los “comportamientos éticos de quienes
gobiernan”. Es decir: no lo alabó. Pero tampoco lo despreció, como lo hizo ahora, en su
primera intervención.
Pero mi tristeza no es por eso. Todo el mundo tiene derecho a criticar lo que lo le gusta.
Pero, ahora que pasaron las horas me quedó muy claro que Víctor Hugo no había venido a debatir
sobre los riesgos del periodismo de investigación, el verdadero motivo de la convocatoria, sino a
atacar al libro al que Néstor Kirchner ya había ordenado descalificar. Y lo que es más triste
todavía: a poco de comenzar, quedó en evidencia que no lo había leído. O que por lo menos no lo
había hecho con el detenimiento necesario como para desautorizarlo con semejante certeza. Jorge
Fontevecchia, en el mismo encuentro, había sido igual de provocador, pero más educado, al plantear
que en el periodismo de investigación “nunca hubo tan poco riesgo como hoy, con un gobierno
debilitado y el 80 por ciento de la opinión pública en contra”. Esa hipótesis sí que me
resultó apasionante y digna de discutir más a fondo. El fundador de Noticias presentó su hipótesis
en la misma mesa en la que estaban sentados Nelson Castro, a quien hace poco más de un año casi
dejan sin su programa de radio, a Joaquín Morales Solá, a quien no hace mucho criticaron desde el
atril presidencial, a Daniel Santoro, a quien le pincharon el teléfono según comprobó la justicia,
y a él mismo, a quien, si no me equivoco, el gobierno sigue discriminando al no colocar en sus
medios publicidad oficial.
¿Por qué sospecho que Víctor Hugo Morales atacó a
El Dueño de manera premeditada? Porque empleó el mismo método que antes habían usado el
jefe de gabinete, Aníbal Fernández, el recaudador de impuestos, Ricardo Echegaray y el filósofo
obnubilado con “Cristina y con Néstor”, José Pablo Feinmann, quien tampoco se había
tomado el trabajo de leer el texto. Solo lo ningunearon, igual que hicieron con
Patria o Medios, el libro de Edi Zunino. Lo mismo que hizo el martes, en el auditorio, de
manera descomedida, el propio comentarista de
Radio Continental con
¿Qué les pasó?, el reciente libro de Ernesto Tenembaum, un trabajo excepcional que
constituye un fuerte cachetazo político para Kirchner y la Presidenta. No incluyo aquí la liviana
referencia que escribió Horacio Verbitsky el domingo 28 de febrero en
Página 12 sobre “un libro de verano, que se lee tan rápido como se olvida (y que)
sostiene que el de los Kirchner fue el gobierno más poderoso de la historia argentina”,
porque no especificó a que trabajo se refería. Si debo decir que lamento, de verdad, que Horacio no
siga investigando con la misma pasión con la que lo hacíamos en los malditos años noventa. Aunque
algunos de sus viejos libros, a veces, no tengan la sintaxis necesaria como para ser leídos sin
dificultad.
Tengo el mismo afecto por Víctor Hugo que él dice manifestar por mí. De hecho, creo ahora con
sinceridad que él mismo tomó conciencia de que había sido más papista que el Papa. Porque en su
segunda intervención, intentó equilibrar la embestida al afirmar que el libro tenía muy buenas
entrevistas y que se lo podía tomar como un texto de consulta. Como el ambiente, en el auditorio,
había quedado enrarecido, le escribí un mail que reproduzco acá solo porque me enteré que lo había
mencionado ayer en su programa de radio:
Querido Víctor Hugo:
Gracias por haber compartido tan interesante charla. Lamento la intensidad del cambio de
palabras. Me disculpo de antemano si el énfasis en la defensa de la investigación pudo haberte
enojado. La vida tiene muchas vueltas. Seguramente nos encontraremos en alguna de ellas.
Pero ahora que la tensión ya pasó hablemos en serio y con precisión. ¿Por qué Morales, un
especialista en el relato de partidos de fútbol, un hombre de sanas inquietudes culturales pero que
no parece conocer la técnica del periodismo de investigación se metió en semejante laberinto? Está
claro que no es lo mismo leer un libro para escribir su prólogo, como lo hizo con el de anécdotas
de El Bambino Veira, que analizarlo en detalle para ejercer el interesante oficio de la crítica. Se
supone que un buen libro de investigación, elaborado con honestidad intelectual, tiene que tener,
revelaciones periodísticas, buena información, contexto político y social, y el rigor necesario
como para ser defendido en los tribunales, si es preciso.
El martes, aunque ese no era el motivo del debate, me vi obligado a defender mi trabajo, como
si estuviera en un aula de la facultad. Entonces tuve que explicar que la principal materia prima
del periodismo de investigación eran los datos, y no la opinión. Le pregunté a Víctor Hugo si
recordaba con qué dato empezaba
El Dueño, porque quizá era uno de los más fuertes del libro. Pero no lo recordaba. Le
informé que era una denuncia inédita por el cobro de una coima del 20 por ciento de un crédito de
tres millones de dólares a una empresa naviera, decisión en la que habían participado Néstor
Kirchner y Lázaro Báez. Le hice notar que, enfrente suyo, en la primera fila, estaba quien la había
denunciado, Eduardo Ariel Arnold, el hombre que gobernó Santa Cruz con Kirchner durante ocho años.
Pero no lo conocía. Le comenté entonces, que un par de butacas más allá se encontraba Manuel
Garrido, el ex fiscal de Investigaciones Administrativas que tuvo que renunciar después de haber
denunciado que la declaración jurada del ex presidente estaba floja de papeles. Pero tampoco
parecía conocerlo.
Antes, Víctor Hugo había explicado por enésima vez porqué creía que era una canallada
sospechar de la compra de dos millones de dólares que hizo Kirchner. Lo vergüenza que sentía al
recordar que el ex jefe de Estado se había tomado el trabajo de explicarle, a través de un mail,
que habían sido adquiridos de buena fe, para comprar acciones de Hotesur, le empresa dueña del
Hotel Alto Calafate. Entonces le tuve que aclarar, ayudado por la memoria, que Kirchner
debería explicar porqué necesitó comprarlos si, según su declaración patrimonial, tenía a
disposición 4 millones de dólares líquidos en su cuenta. Y que también debería explicar si no
contaba con información privilegiada porque los documentos demuestran que los adquirió días antes
de anunciar la estatización de las AFJP, medida que bien pudo haber provocado una considerable suba
del tipo de cambio.
Para argumentar que
El Dueño es un libro marketinero , Morales dio dos ejemplos contenidos en dos
páginas distintas. En uno cuestionó, como si fuera un experto en la materia, el uso del
término “fuentes confiables”, pero no se detuvo en el contenido de la información. En
otro pareció molestarle los ejemplos que demuestran que la Presidenta Fernández tiene una
fuerte dependencia psicológica, además de política, de Néstor Kirchner. Cuando me tocó el turno, le
pregunté a qué páginas de se refería, pero tampoco me respondió. Uno de los organizadores del
encuentro tuvo la fortuna de recuperar el ejemplar que el colega había usado para desacreditar mi
trabajo. Se trata de las páginas 285 y 439. Para no aburrir a los lectores de
Perfil.com, solo diré que si Víctor Hugo se hubiera tomado el trabajo de leer la
advertencia que se encuentra antes del prólogo en la página 12, habría comprobado que las fuentes
de información de ambos episodios están identificadas de la manera correcta, según aconseja, por
ejemplo, el Manual de Estilo de el diario
El País de Madrid (a mi criterio, uno de los mejores periódicos de habla hispana).
No creo que Víctor Hugo haga las cosas por interés. Y reconozco que su atractiva manera de
hablar puede generar la falsa sensación de que está diciendo verdades absolutas e irrefutables. Me
atrevería a sugerirle, sin embargo, que no repita, como si fuera una hazaña o una virtud, que hace
diez años que no lee
Clarín. Para ejercer el periodismo con seriedad y comparar datos hay que leer todo lo que
se pueda. Incluso el diario que no comulga con sus ideas. El no hacerlo, por más bronca que uno
tenga, habla de cierto autoritarismo y una falta de profesionalismo que no se condice con el
discurso habitual de Víctor Hugo.
Algunas mañanas escucho a Morales. En serio: dice las cosas en un tono que a veces parecen
certezas incontrastables. Lo disfruto, por ejemplo, cuando sale desde Venecia y habla del
carnaval. Porque después me queda la sensación de que estuve allí, con un amigo de hace años.
Pero no me pasa lo mismo cuando habla de política. Porque no puedo entender, por ejemplo, como un
hombre tan inteligente, honesto, informado y con opinión, justifica la corrupción de este gobierno
con unas cuántas palabras huecas, al sentenciar “Todos poder es corrupto. Eso no es ninguna
novedad”.
Cuando pasa eso, y últimamente pasa bastante seguido, cambio de radio, pienso un poco y
concluyo que a Víctor Hugo Morales le pasa lo que a Kirchner, a Cristina y a gente que ha sido tan
prestigiosa como Feinmann: a veces se enamoran de su propia voz, de sus propios textos y de sus
viejas obsesiones. Y entonces el enorme ego no les permite ver que hay otro mundo, otras ideas y
otros textos, más allá de los de ellos.
(*) especial para
Perfil.com
hijo de puta luis majul nadie te cree nada sorete vende patria basura aca donde yo vivo estan sacando toda la mierda de gente que nunca se saco con ningun gobierno solo con el de cristina
hijo de puta luis majul nadie te cree nada sorete vende patria basura aca donde yo vivo estan sacando toda la mierda de gente que nunca se
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