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Estos buenos vecinos

Pocas horas antes de ser asesinado, Matías Berardi logró escapar del lugar donde lo tenían cautivo y emprendió una alocada carrera semidesnudo por las calles pidiendo ayuda, pero los vecinos se atemorizaron y optaron por cerrarle las puertas. Esa actitud temerosa en momentos en que podrían haberle salvado la vida fue rápidamente aprovechada por los secuestradores, quienes convencieron a los vecinos haciéndoles creer que Matías era en realidad un ladrón que había intentado robar un auto en el barrio. Con el argumento de que estaban persiguiéndolo para entregarlo a la policía, lograron reducirlo e introducirlo por la fuerza en un auto y llevárselo con rumbo desconocido.

Al parecer, Matías Berardi en fuga intentó subirse a un remise y el conductor, asustado por la sorpresiva irrupción, se negó a llevarlo. De acuerdo con el relato de los propios vecinos de Benavídez, esa circunstancia se dio a unas tres horas del momento en que, según se supone, Matías fue asesinado y su cuerpo abandonado en un descampado de la localidad de Campana. “Yo vi cuando él (por Matías) saltó de la reja. Les preguntaba a los vecinos dónde estaba y les decía que estaba secuestrado”, reveló un testigo en declaraciones a la prensa. “Los dueños de la casa (en alusión a vecinos de una vivienda de Benavídez) nos dijeron que les habían robado y nosotros les creímos”, agregó.

Como historia, es una de las más tristes que oí en los últimos días. El chico secuestrado consigue huir y pide ayuda, pero nadie le cree. No es que la actitud de los vecinos me sorprenda, todo lo contrario, me resulta de lo más natural. De hecho, vivo en un edificio de departamentos en Palermo donde sus habitantes, si bien no tuvieron ocasión de poner a prueba semejante falta de credulidad, poder de deducción y sentido de la justicia (porque aun en el caso de que hubiera sido atrapado robando un auto, lo mejor hubiese sido llamar a la policía, no entregárselo a los perseguidores para que lo lincharan), suelen hacer cosas que entran en la misma tipología de aquel que pudiendo elegir entre lo correcto y lo incorrecto siempre opta por la segunda opción.

Cada vez que un legislador habla de “los vecinos”, de una decisión de “los vecinos”, de un reclamo de “los vecinos”, desconfío. “Los vecinos” suelen preferir la caza de brujas a cualquier otra caza, la limpieza étnica y el saneamiento urbano basado en el ejercicio de la mano dura, en el mejor de los casos.

Los vecinos suelen ser gente inculta y quejumbrosa, y creo que por su aumento incesante se han convertido en una carga insoportable para la sociedad, a la que, sin embargo, contribuyen puntualmente con el pago de los impuestos, porque eso les garantiza el empleo de un argumento infalible: pagan sus impuestos, y eso los habilita y los confirma como buenos vecinos, que deben ser oídos y cuyas necesidades deben ser satisfechas prestamente.

Debemos enseñarles a nuestros hijos que no deben cruzar la calle sin mirar ni aunque los persiga un perro rabioso. Y también que deben tener cuidado de los vecinos y mantenerse alejados de ellos hasta cuando los persigan sus captores.

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