“¿Qué se creen, que en las cárceles los presos son santos?”, se lo escuchó quejarse a Víctor Hortel, el jefe del Servicio Penitenciario Federal (SPF).
En el Gobierno sostienen que tras la revelación de Clarín de las
salidas de internos para actos políticos y culturales triunfó “la visión fascista de la sociedad, que te corre poniendo a la víctima frente al victimario”.
Es que resultó verdaderamente
chocante ver a Eduardo Vásquez, condenado por matar a su esposa
Wanda Taddei, tocar los timbales en un local de Chacarita a poco tiempo de haber recibido sentencia. O al propio
Hortel, bailando junto a un condenado por violación y homicidio.
Pese a ello, en el Gobierno seguirán promoviendo las actividades extra e intra muros. “No son salidas transitorias, son traslados y con custodia, a veces de civil, otras de uniforme”, explicaron durante la semana las autoridades kirchneristas.
Los que participan de estas actividades de
“Vatayón Militante”, una ONG K, son
100 por mes. Desde la Casa Rosada aseguran que, de hecho,
nunca salen del Sistema Penitenciario porque están custodiados. Además del caso de Eduardo Vásquez hay otros internos que están adentro por distintos delitos y que van a esos actos.
El oficialismo admite que tuvo cierta “torpeza” en llevar, cinco veces, a un personaje famoso, como el baterista de callejeros. “Todos hablan de Vásquez porque es famoso, pero al lado de él había todo tipo de delincuentes”, indicaron. Uno de esos es Pablo Díaz, acusado por la violación y el homicidio de Soledad Bargna, quien aparece en un video bailando con una murga junto a Hortel.