SEMANA 35 de 2012  

No se gasten dibujando el 2015

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Que, de pronto, un jueves 13 más de medio millón de émulos del flautista de Hamelin soñaran al unísono ver la caterva rateril ahogarse en el río, es un sueño temprano. Que los imaginaran huyendo en helicópteros como los últimos diplomáticos de Estados Unidos en Seúl o descolgados de ventanas, grúas, y áticos de Puerto Madero, también. Lo sucedido el jueves 13 en la noche no es un milagro. Tal vez sí un milagrito. Y habrá que verlo crecer. No queda mucho tiempo. Y de no crecer (también hay que decirlo) apaga y vámonos.

La esperanza no es fáctica pero calienta el ambiente. La mano 2012 venía fulera y la caminata cívica del jueves despertó igual estímulo que los primeros jazmines llegados de Tucumán. Ambos reavivaron emociones de transición. Unos, hacia la primavera. La otra, hacia la ley. Hasta el miércoles, el escenario se reducía a las funciones televisivas diarias de Cristina con "El País de la Buena Pipa" y la dominguera de Lanata con "La Reina está Desnuda". Dos sonados éxitos en los que se jibariza la entera política local. Como se sabe, el Congreso por omisión y La Rosada por obsesión, no producen Política. Los 40 millones se reducen a Cristina y Lanata compitiendo en el Cuello de Botella de la impotencia nacional.

Llegado septiembre, algo previsible debía suceder. La primavera, y ya esta aquí. Y el hartazgo, que también. Lo acepten ciertos bocones a sueldo, el país ya no se parecerá más al del miércoles 12. "Todo lo que nos sucede es símbolo", decía Goethe. Y "Llamálo bicicleta", mi tía Catalina. La onda social zombi no daba para más. No se puede ser impune todo el tiempo. Y menos desde un gobierno que está fuera de la ley. La Primera Minoría Okupa se apropió de la totalidad cívica y dejó el país en veremos. República en coma. Constitución vaciada. Secta K. Impunidad al mango. Gobierno matón.

Que tres chirolitas fosforescentes (Artemio López, Juan Manuel Abal Medina y Jorge Coscia) se burlaran de la marcha prueba la relación hipócrita que mantienen con lo popular. Que la estimada abuela Carlotto confunda miles de vecinos en camisa y hasta torsos desnudos (y una muchacha en solo bragas) con chetos "bien vestidos", muestra que no mira su guardarropa. Un papelón. Y si así fue como ellos "vieron" la marcha, significa que no quisieron ver el más de medio millón de hamelines de todo el país que salieron a la calle "hartos ya de estar hartos", como canta Serrat. Si esta vez salieron, y tantos, es que sintieron que de seguir en casa los ratones se comerán hasta el agujero del queso. Y que ni siquiera se salvarán los 13.300.000 (sic) subsidiados/clientes/votantes" inventados" para dar sustento argumental al relato del bizarro País de la Buena Pipa.

Para el impresentable Artemio López, sólo se trató de una marcha "del zoológico de la oposición", como vomitó en Canal 5, en una frase gorila que lo emparda con el también despreciable "aluvión zoológico" de Ernesto Sanmartino. La prueba de que aquí se cría bien el gorila multicolor lo sufre el propio peronismo tradicional al que le metieron varios en el santuario fortaleza que les dejara Perón. Ni pensar que dirían de Artemio los épicos Urondo, Walsh, Oesterheld, Bustos, por nombrar a algunos que conocí y traté. Resulta penoso y grave que muchos de los que hoy se llenan la boca con sus nombres participen de esta ordalía conservadora de múltiple disfraz. Urnas al servicio del timo. Fábula del burro en la noria (pero sin zanahoria), picaresca al desnudo. Espejismos y espejitos. “Dejen de robar” gritaba un graffiti mientras el vicepresidente Boudou deambulaba por el Salón de los Pasos Perdidos de Sí Mismo.

Hay más de una prueba. La Historia es humana y un día dice basta. Se vuelve tan loca como la imaginación y cambia a un país en tres días. Está en su derecho. Aquí, tiene motivos. Presuntos moralistas quieren quedarse con la Caja, la Casa y la Cosa. Los indignados lo sospechan y sacaron sus flautas a la calle. Los caminantes se hastiaron del hechicero económico, del payador político, del modelo caníbal, de los jueces pringados, de los legisladores sin pelotas, de la venta clandestina de pronósticos truchos.

No se gasten dibujando el 2015. El tiempo siempre es hoy.
 

 

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