CULTURA

Amar, padecer y venerar la vocación

A través de un balance personal que nace de la comparación con otros artistas del mundo, la artista argentina Nora Iniesta describe algunos de los escollos a los que se enfrenta su profesión en un mundo globalizado.

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Foto:Cedoc Perfil

Siempre supe que la mejor manera de pasarla bien entre otros artistas es que el encuentro se lleve a cabo en un lugar neutral donde la cotidianeidad de cada uno quede suspendida, no exista, y podamos abocarnos a una convivencia todoterreno. Desde ya me refiero a un encuentro programado, con objetivos, y con oportunidad de aprender de los demás aquello que la mirada internacional y de intercambio mutuo puede brindar. Para ello nada mejor que mi experiencia repetida ya en cuatro encuentros; tres en Seúl, Corea, y uno en Harbin, China, donde tuve la posibilidad de convivir con un nutrido grupo de artistas plásticos o visuales de muy diversas latitudes. Aquí el común denominador reside en llevar a cabo una muestra conjunta, casi siempre temática; ser parte de un seminario, generalmente de jornada completa, un día, con un tema concreto.

Lux Lindner, en uno de sus collages, menciona: “¡Vosotros creadores, vosotros hombres superiores! Quien tiene que dar a luz está enfermo; y quien ha dado a luz está impuro. Preguntad a las mujeres: no se da a luz porque ello divierta. El dolor hace cacarear a las gallinas y a los poetas. Vosotros creadores, en vosotros hay muchas cosas impuras. Esto se debe a que tuvisteis que ser madres.”

Todo comienza cuando cada cual desensilla lo que lleva a exponer, busca un lugar apropiado e instala sus obras en el museo que nos acoge. Es como estar al desnudo, cuando surge ya la curiosidad mutua de ver qué es lo que trae el vecino, de reflexionar. Esta vez, en este último encuentro, me propuse indagar sobre cómo y de qué vivía cada uno de los participantes. Su relación con las galerías, con el mercado, con su cotidianeidad. Encontrarse en palabras y sitios comunes: la acumulación de obra, las pocas ventas, los oficios alternativos para la subsistencia y/o actividades paralelas. Los europeos, más que los asiáticos, cuentan con residencias en Bélgica, en Francia o en Alemania que les permiten períodos de uno o tres meses donde podrán dedicarse a desarrollar una obra nueva, abocarse a la tarea artística. A veces en grandes capitales, otras gracias a la descentralización en pequeñas ciudades o aldeas. Común denominador entre los artistas: la enseñanza en muy diversos niveles, el gusto por llevarla a cabo. Fotógrafos que aún desempeñan cargo en Viena en una multinacional, pero que pronto acabará. En un par de casos sus mujeres, médicas o ejecutivas, aportan lo que económicamente el arte todavía no da. Italia con un artista que como peluquero en la bella Cerdeña reparte su tiempo y sus tareas: la pintura y el corte de pelo. Una gran artista croata, joven, que trabaja y jura que este año será el último como baby sitter de un chiquito hijo de chileno-croata a jornada completa, pero el sueldo y la amabilidad del trabajo y de la pareja cuenta. Jura que éste será su último año, aunque reconoce que se lo propone desde hace varios años, aunque nunca lo logra: la economía es la que manda. Una destacada artista japonesa con más de veinte años en París, ahora en su pueblo natal a cargo de su madre, con una obra gráfica magnífica, quien hoy por hoy sólo acepta invitaciones de museos o encuentros como éste, en su retorno a Japón enseña en una academia de la región. Lo que no cesa en ninguno es el deseo y la necesidad de crear, de continuar en la brecha, esperanzados todos en algo mágico. El mercado es inmenso y en todas partes artistas y talentos sobran, sí, pero hay que seguir buscando nichos, oportunidades, premios, que se logre ingresar en algún momento al cuidado de una galería de arte que venda, que impulse, que se interese por la obra hecha.

Los logros de cada uno –dado que al menos el 50% de los que participamos somos los mismos años tras años– nos alegran, se comparten, se comparan a veces en silencio con las realidades y las crisis económicas ya globalizadas. Una sola certeza hay: las dificultades, siempre sortearlas como se pueda y no desestimar lo que cada cual sigue haciendo desde su trinchera.

De estos encuentros se vuelve más que menos acompañado en la tarea, fortalecido, sin dar paso a ese lugar común que reza “mal de muchos consuelo de tontos”. La creatividad también se pone al servicio de defender lo que no puede dejar de hacerse: crear. Algo que es inherente al ser artista.



Nora Iniesta