CULTURA ENTREVISTA A CHRIS KRAUS

Amargo despertar americano

Conocida en el mundo “trendy” y esnob anglosajón como una de sus principales exponentes, Chris Kraus pasó por Buenos Aires para participar del FILBA, y habló con PERFIL sobre su novela “Verano del odio”.

PERFIL COMPLETO

La novela de Chris Kraus narra la sinuosa historia de amor de una intelectual exquisita y un ex presidiario que se las arregla para rearmar su existencia. Catt y Paul provienen de universos distintos y tienen un presente aparentemente irreconciliable. A pesar de las diferencias sustanciales, ambos luchan por escapar de una cárcel invisible: los fantasmas interiores. Paul García ha cometido una serie de errores menores. Pero la ley lo condena como si hubiera cometido un delito grave. Al salir del infierno, trata de arreglar su vida y se juega en una difícil relación amorosa con su jefa, Catt, mientras trabaja con ella en un emprendimiento inmobiliario en el pueblo de Albuquerque. A lo largo de la novela, ambos desarrollan pliegues insospechados de sus vidas y esos desplazamientos le añaden una dosis de intriga a la novela.

Chris Kraus entiende que una parte del encanto de la novela consiste en la construcción de un recorrido en zigzag de los personajes. En este marco, Kraus cuenta por qué Catt huye de la esplendorosa Los Angeles: “Cuando Catt deja Los Angeles por Albuquerque lo que le urge es escapar del tedio de su vida en el mundo del arte. Al comienzo, ella trata de conocer a extraños en internet, y cuando eso se vuelve demasiado peligroso se mete de lleno en el proyecto de construir y arreglar edificios. Como si ella hubiera hecho eso justamente para conocer a alguien como Paul. Por otro lado, Paul sale de la cárcel aturdido y algo desesperanzado. El también está buscando escapar –y la vida de Catt le parece muy glamorosa y atractiva–. Es una situación clásica, y una que sucede cada vez con menor frecuencia, por lo menos en Estados Unidos, donde alguien se siente compelido a aferrarse dentro de los límites de su pequeño mundo”.

Catt está interesada en las ideas de Eleanor Marx, una de las activistas del grupo de Bloomsbury. En este sentido, es una mujer independiente. Sin embargo, al irse de Los Angeles quiere escapar tanto de sí misma como de la política de George Bush: “Ella quiere estar en un lugar diferente, definitivamente no quiere estar en Estados Unidos durante los años de Bush. Para ella, estudiar Historia es otro modo de escapar. Ella percibe a sus colegas y amigos absorbidos en pequeños dramas cotidianos, ignorando la atmósfera paramilitar que está creciendo afuera de la burbuja en la que ellos viven. No es tanto desprecio hacia sí misma como descontento ante su propia impotencia”.

El dinero es un elemento omnipresente en la novela. Pero no tanto por las menciones explícitas de los costos de las cosas y los deseos sino porque todo depende de él. En este sentido, Verano del odio es una novela de amor sobre el dinero o sobre los alcances del amor en los tiempos del poscapitalismo. Dice Kraus, enfática: “El dinero es el mayor tabú, ¡mucho más fuerte que cualquier tabú sexual! Y es muy poco tratado en la ficción contemporánea”. Como si fueran los amantes sobrevivientes de un capitalismo voraz, hablan del dinero a toda hora: “Tanto Paul como Catt hablan del dinero como de un asunto muy importante. No porque sean codiciosos sino porque ¡no son ricos! La lujuria más grande es no tener que pensar en el dinero. Catt está involucrada en ese capitalismo primitivo o latifundista como un tipo de proyecto social y ella planea donar la mayor parte del dinero. Paul, como cualquiera que ha salido de la cárcel en Estados Unidos, está en la insostenible situación de estar virtualmente desempleado por sus crímenes pero legalmente obligado a continuar haciendo pagos a la corte para mantener su libertad condicional. Investigando para el libro me impactó como el único modo que tiene el sistema de justicia para castigar a quienes ya son pobres por sus crímenes menores es pidiéndoles dinero que ellos no pueden pagar y así terminan de nuevo en la cárcel”.

En el camino trazado por la novela, la vida de Catt llega a un lugar que no ha buscado y, por eso mismo, el recorrido la ha modificado: “Al comienzo de la novela ella corre riesgos absurdos para salir del aburrimiento. La aventura en Alburqueque, incluso, si no la lleva a un ‘felices por siempre’ en el escenario doméstico, al menos la ha llevado a otro lugar y le ha dado un conocimiento que no hubiera tenido de otra manera. La verdadera muerte es permanecer en la burbuja, sin conocer un mundo más grande”.

A pesar de que Paul ha pasado por todos los círculos del infierno personal, el sufrimiento no lo redime. Es como si nada pudiera cambiar su vida: “Definitivamente su situación es bastante oscura. Y si el sufrimiento no lo redime es porque el sufrimiento le ha hecho daños estructurales. Recuerdo haber leído a Marguerite Duras, esa historia sobre cómo ella terminó la relación con su marido, Robert Anthelme, después de rescatarlo de un campo de detención nazi. El ya no era la misma persona. Creo que siempre hay un punto de no retorno después del cual la persona no se puede recuperar”.

Al inicio de la novela, Catt quiere escapar de su “deseo de muerte” y viaja a Albuquerque con un propósito laboral. Hacia el final, a pesar de ayudar a Paul, su vida ingresa en una estancia impensada y díscola. En ese arco insólito, Chris Kraus arma un camino heteróclito con la vida de estos habitantes. Como si quisiera revisar el cliché de las “vidas comunes”, Verano del odio propone un contramito: una forma lúcida de bucear en el american way of life, una especie de ética negativa del mito individualista norteamericano.



Fabian Soberon